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Publicado el 9 Enero, 2019 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

A 58 años de un desmemoriado asesino

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Carlos Alberto Montaner se reprime para olvidar pasajes desagradables de su vida pasada, sobre todo su época de violencia, cuando disfrutaba con la colocación de bombas fabricadas con explosivos plásticos en tiendas y cines de La Habana disimuladas en cajetillas de cigarros.

Esa negación la ha evidenciado muchas veces, como en su último comentario en la prensa de Miami, en diciembre último, bajo el título de “Sesenta años después de la borrachera de 1959”, donde vuelve a desgañitarse en contra de la Revolución Cubana.

Allí se describe como un ingenuo adolescente al triunfar los barbudos de la Sierra Maestra: “Yo tenía 15 años y era un chico flaco, esperanzado y políticamente analfabeto”. Esa es la imagen rosa que brinda a sus lectores el hijo de Ernesto Montaner, un periodista afamado por los nexos con el dictador Fulgencio Batista, quien años después le financiaría su periodicucho contrarrevolucionario en Miami y, además, hombre muy ligado a la embajada de los Estados Unidos en La Habana.

Este “analfabeto político”, meses después, en 1960, con 17 años de edad, se vinculó directamente a la organización terrorista Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), de Manuel Artime y Orlando Bosch, dirigida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y compartió la jefatura nacional de acción y sabotaje del grupo “Rescate Estudiantil”, del llamado Frente Revolucionario Democrático (FRD), para ejecutar atentados con bombas en lugares públicos y sembrar el terror en la población habanera.

El 30 de diciembre de 1960 fue arrestado, y luego condenando a presidio, en la Causa No. 6 de 1961, en la cual quedó suficientemente acreditada la subordinación a la CIA de esta célula terrorista que Montaner presumía dirigir.

La investigación comprobó la participación del grupo en sendos incendios ocurridos en la entonces emisora radial CMQ, en la capital, y en el cine Cándido, de Marianao, con siete jóvenes heridos; la colocación de una bomba que estalló en la Universidad de La Habana e hirió de gravedad a un estudiante; y el atentado de la tienda Flogar, donde varias personas, entre ellos niños, sufrieron lesiones por la explosión de uno de los artefactos.

Años después, para darle a los hechos un manto de “inocencia”, Carlos Alberto Montaner aseveró que estuvo preso por tratar “de impedir que la dictadura comunista consiguiera consolidarse”, para lo cual participó en organizaciones de resistencia.

Aun cuando fue inculpado por terrorismo, delito que no prescribe, la indulgencia revolucionaria lo destinó a un reclusorio de menores con escasas medidas de seguridad, lo que le permitió escapar con facilidad unos meses más tarde, refugiarse en una embajada y abandonar el territorio cubano, con destino a Miami.

Allí, Montaner se integra a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos y, a principios de 1963, ingresa junto con un grupo operativo de la CIA en la academia de Fort Benning –especializada en cursos de propaganda, acciones encubiertas, comunicaciones, espionaje y operaciones clandestinas–, donde compartió instrucción con otros connotados terroristas, como Luis Posada Carriles, Jorge Mas Canosa y Orlando Bosch, entre otros futuros líderes de la mafia anticubana.

Luego vendría su hoja de servicios a la CIA como “intelectual moderado”, donde se pueden encontrar sus constantes alusiones a la necesidad del magnicidio contra el compañero Fidel, sus demandas directas de invasión de nuestra nación por las tropas estadounidenses, su defensa ardorosa de la conveniencia de arreciar las medidas económicas contra el pueblo cubano y sus insultantes concepciones neocolonialistas y racistas.

Cincuenta y ocho años después de las desmemoriadas acciones de este asesino, vale recordar que este es el tipo de personaje que nuestro presidente tildó recientemente de mal nacidos por error en Cuba, quienes pueden ser peores que el enemigo que la ataca.

Facsímil de la primera página del periódico Revolución, donde daba cuenta de la detención de los terroristas y sus nombres.

Facsímil de la primera página del periódico Revolución, donde daba cuenta de la detención de los terroristas y sus nombres.

 


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina