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Publicado el 25 Enero, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Camino a una probable guerra

 

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

La ideología sionista ha distorsionado el principio fundacional del Estado de Israel que lejos de ser un vecino colaborativo, se ha erigido en una fuerza beligerante cuyo propósito es extender su territorialidad a costa de las naciones árabes fronterizas. Tampoco escapa a su sueño de gran potencia avasallar a quienes no se plieguen a sus intereses geoestratégicos, tal es el caso de la República Islámica de Irán.

Al margen de la capacidad militar, el régimen israelí cuenta con la influencia de una historia oficial, echada a rodar, desde mediados del siglo XX, por los medios de comunicación occidental y el muy influyente lobby judío en Estados Unidos, que ha presentado a Israel como el único sistema democrático en Oriente Medio.

Esa falacia le permite al sionismo encubrir sus acciones criminales –la más encumbrada contra el pueblo palestino– en lo que el analista Lidón Soriano califica de mañosa maniobra para “establecer una política destinada a destruir las estructuras identitarias árabes, en lo económico, político y social”. El propio ideólogo Theodor Herzl, en su libro Estado judío (1896) admitió la validez de cualquier método con tal de servir de contención a culturas “consideradas sospechosas, a pueblos considerados de segunda clase, muralla contra civilizaciones signadas como una amenaza contra la civilización judeo-cristiana-occidental”.

Ataques israelíes

Por esa senda de guerra sigue transitando el Israel de estos tiempos. Sin embargo, Tel Aviv no opera en solitario ya que cuenta con el espaldarazo absoluto de Washington. Entonces, en un acercamiento a los hechos recientes del Levante, este 21 de enero y al cierre de esta edición, la cancillería siria afirmó que los ataques del régimen sionista de Israel son posibles gracias al ilimitado apoyo gringo y las presiones ejercidas en el seno de la ONU. La más reciente hostil actitud tiene el marcado carácter de atizar el fuego a la crisis interna siria así como propiciar respaldo indirecto a los grupos terroristas dentro del país.

Existen evidencias de que Israel les ha dado cobijo a muchos miembros del Frente terrorista Al-Nusra a quienes ha curado sus heridas y apertrechado con armas y municiones. Paradójicamente esta facción está en la lista negra de los yanquis. Estados Unidos en sus declaraciones públicas siempre insiste en ser paladín de la paz y contra el terrorismo de manera que uno puede preguntarse si Israel está desoyendo las órdenes de la Casa Blanca o si es que hay entre ellos algún acuerdo tácito. La lógica inclina la opinión hacia la última opción. A EE.UU. no le conviene la armonía para la región porque esta atentaría contra sus planes de reconfiguración donde Israel es la pieza clave.

Por lo tanto, el redoble de los tambores de guerra deberá seguir sonando en una apuesta por la desarticulación de Siria, Líbano e Irán, que junto a la inviabilidad de un Estado Palestino robustezcan definitivamente a Israel. Algunos expertos sugieren que en el futuro pudiera haber un nuevo conflicto abierto entre los israelíes y los árabes, y hasta con los persas. Perspectiva muy peligrosa teniendo en cuenta la capacidad nuclear del régimen sionista.

De cara a sus objetivos belicistas, Tel Aviv ha conformado toda una red de apoyos institucionales entre los que figura el Ministerio de Asuntos Estratégicos, cuyo objetivo es el planeamiento de iniciativas concernientes a una eventual guerra contra Irán. El titular del mismo, Yuval Steinitz, ha dicho en reiteradas ocasiones que “ha llegado el momento de enfrentar a los iraníes con una amenaza militar del mundo entero y de Occidente para obtener resultados”. ¿Será por eso que sin medir consecuencias Israel se atrevió, este 21 de enero, a incursionar, con decenas de misiles contra posiciones y almacenes de las fuerzas iraníes y de la milicia libanesa Hezbollah en el suroeste de Damasco?


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda