2
Publicado el 26 Enero, 2019 por Liset García Rodríguez en Opinión
 
 

Participar, decidir, más que un derecho

Por LISET GARCÍA

Cuando lo que prima en el mundo es la lucha de incontables ciudadanos para que sean reconocidos sus derechos como electores, en primer lugar el de votar, Cuba le dio otra vez a su gente el derecho de decidir sobre su Carta Magna, cuyo nuevo proyecto sometió a debate popular. Participaron unos ocho millones de ciudadanos, los mismos que ahora están convocados a las urnas para que, en referendo, ratifiquen el texto que tras largas discusiones a partir de las opiniones libremente expresadas, aprobaron los diputados en su pasada sesión de diciembre en la Asamblea Nacional del Poder Popular.

En ese diálogo nacional sin precedentes, la Ley de Leyes se enriqueció y sintonizó con las realidades de hoy y se procuró que fuera perdurable en el tiempo. Fue una construcción colectiva. He ahí su mayor valor. Sin la gran contribución del pueblo, su participación responsable para estudiar su letra y hacerle aportes, no habría sido posible un texto tan acabado y abarcador, que se convierte en brújula para la nación y al que todos deben observancia.

Por haber construido la Carta Magna entre todos, el país es ahora más dueño de sus derechos, de sus deberes y de sus garantías. De cara al futuro, uno de los desafíos será cómo aplicarla.

La Constitución de 1940, que todavía hoy muchos recuerdan, fue un intento notable de respaldar jurídicamente los derechos y libertades del pueblo; pero, después de aprobarse, fue letra muerta. La Revolución se planteó que eso no ocurriese con la de 1976, fruto asimismo de un proceso popular. De ahí que hoy no solo es importante conocer bien el nuevo texto para que el voto en el referendo sea un acto consciente, como lo fue el ejercicio de debate, sino que su contenido deberá ser respetado y cumplido.

El propio articulado constitucional refiere que nuevas leyes deberán ser elaboradas y discutidas para asegurar su implementación. Significa que el ordenamiento jurídico del país se ajustará con el fin de llevar a la práctica la Carta Magna. Para que se cumpla debe ser respetada en el desempeño cotidiano de las instituciones y de la ciudadanía. De lo contrario, también sería letra muerta.

El referendo del 24 de febrero, por tanto, será un hito, un referente que marque un antes y un después en el funcionamiento nacional. La inteligencia colectiva que ha dado tantos frutos a Cuba, en su avance, en la reafirmación de su vocación humanista, en su perfeccionamiento como sociedad, sabrá tomar el pulso a la realidad para vencer obstáculos y aprovechar las oportunidades que su legado histórico le propicia.

Será el pueblo quien defienda lo que en materia de derechos de las personas se ha reforzado en la nueva Constitución, para alcanzar la plena justicia social, con una visión inclusiva, que encamine la marcha al futuro de ese socialismo próspero y sostenible al que se aspira. Para ello se establecieron fundamentos políticos, económicos y sociales de manera coherente y en concordancia con una nueva estructura del Estado y el Gobierno, que deberá marchar con el concurso decisivo de la población.

Significa que luego del referendo, todo quedará listo para que el país que vivió un proceso singular de toma de decisiones, se prepare para un nuevo ordenamiento jurídico –consulta popular mediante siempre que sea preciso–, respetado y aplicado con rigor.

A diferencia de otras muchas naciones, en Cuba se disfruta no solo del derecho al sufragio, de estar en registros electorales de oficio, públicos, que recogen a todos los que tienen derecho al voto, lo ejerzan o no. También se garantizan oportunidades de participación real, que refuerzan el derecho de elegir y ser elegidos, entre otros muchos que el nuevo texto de la Carta Magna respalda, amplía y consolida.

Así, la voluntad soberana de decidir otorgada al pueblo por su Revolución, sabiendo que es un derecho privado a muchas personas en este mundo, se convierte en un deber. Sin consumar esa voluntad no se podría llegar al destino que el país ha trazado en bien de todos.

Precisamente a casi 150 años de tener la primera Constitución, firmada en Guáimaro en plena guerra de independencia, y cuando el panorama internacional es cada vez más complejo y el vecino imperial no cesa su asedio contra Cuba, después de otro 24 de febrero de compromiso y respuesta popular, de cara al futuro el pueblo seguirá diciendo la última palabra.


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez