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Publicado el 25 Febrero, 2019 por Liset García Rodríguez en Opinión
 
 

Referendo constitucional

Un antes y un después

Por LISET GARCÍA

Cuba volvió otra vez a las urnas, cuando lo común en este mundo complejo de hoy es que a muchos ciudadanos se les prive de ese derecho. Pero lo que aconteció este 24 de febrero es la culminación de un proceso de meses de debate público, en el que participaron unos ocho millones de ciudadanos, los mismos que fueron convocados para ratificar con su voto el texto de la Constitución, que es fruto de una construcción colectiva, a partir de las opiniones libremente expresadas por ese propio pueblo.

Su participación responsable para estudiar su letra y hacerle aportes, y la alta concurrencia a las urnas, son resultado de un ejercicio democrático consciente, enfocado en construir un futuro mejor entre todos, y para todos.

Cada opinión expresada pensando en enriquecer la Ley de Leyes y sintonizarla con las realidades de hoy, condujo a un texto final en el que muchos se ven reflejados, tenidos en cuenta. Si bastara ese hecho para explicar lo sucedido este 24 de febrero, sería suficiente, tal vez. En cambio la realidad muestra que lo más importante trasciende lo individual. Tan amplio apoyo en las urnas es expresión de haber consumado con sentido común las aspiraciones de una nación que defiende principios de una Revolución auténtica, raigal, cimentada en la savia del pueblo.

La ampliación de los derechos con una visión humanista e inclusiva, contener novedosas miradas a asuntos como la familia, la niñez, los jóvenes, los adultos mayores, los discapacitados, la estructura del Estado y del Gobierno, por solo citar algunas, y haber logrado una Carta Magna que en sí misma sea sostenible y perdurable en el tiempo, hace ahora al tejido social más dueño de sus derechos, de sus deberes y de sus garantías. También supone que las responsabilidades son mayores y más altos los retos.

El referendo que este 24 de febrero puso en las manos del pueblo la posibilidad de decidir sobre su Constitución, contiene el desafío de hacerla cumplir. No pensando en el futuro, sino en el presente, en el que se abren nuevos espacios al protagonismo popular en aras de que se aplique.

El propio articulado constitucional refiere que nuevas leyes deberán ser elaboradas y discutidas para asegurar su implementación. Significa que el ordenamiento jurídico del país se ajustará con el fin de llevar a la práctica la nueva Carta Magna. Y para que se cumpla debe ser respetada en el desempeño cotidiano de las instituciones y de la ciudadanía.

Será el pueblo quien defienda lo que en materia de derechos de las personas se ha reforzado en la Constitución, para alcanzar la plena justicia social, que encamine la marcha hacia ese socialismo próspero en lo económico y sostenible en lo social al que se aspira. Significa que este 24 de febrero marcará un antes y un después en el proceso de lograr un país mejor, a casi 150 años de tener la primera Constitución firmada en Guáimaro en plena guerra de independencia.

 Cuando el mundo anda patas arriba y el vecino imperial no cesa sus intentos de aislar a Cuba, después de otro 24 de febrero de compromiso y respuesta popular, seguirá estando en los hombros y las manos de sus ciudadanos el destino del país.


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez