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Publicado el 13 Febrero, 2019 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Venezuela camino de la intervención

 

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

¿Habrá intervención en Venezuela? Esa es la pregunta que conmueve y llena de incertidumbre a muchos. Si la hay, ¿cuándo comenzará? Si uno se guía por las declaraciones amenazantes de los dirigentes de Estados Unidos y las acciones cómplices de varios gobiernos serviles, así como la búsqueda del pretexto final para justificarla, todo parece indicar que es algo ya decidido y puede ser inminente. Lo que nadie puede predecir es cuándo y cómo terminará para los agresores.

Es elemental que la decisión de los gobernantes norteamericanos de tomar directamente con las manos la elaboración y conducción de un plan para provocar el colapso interno de la Revolución Bolivariana a toda costa y a cualquier costo y aislar a sus grandes aliados en América Latina obedeció a las divisiones y debilidades del campo opositor venezolano. No por gusto rechazan enérgicamente las ofertas de México, Uruguay, Bolivia y las 14 naciones del Caribe para actuar en la búsqueda de una solución pacífica mediante el dialogo y resolver la crisis política creada.

Donald Trump, de manera reiterada, ha dicho que contempla la opción militar, dado que “Venezuela es un desastre que tiene que ser limpiado”, y no deja de proferir amenazas, al igual que el vicepresidente, Mike Pence, quien expresó que “no es momento para el diálogo, es momento para la acción”.

Los clamores de guerra son constantes; tanto Pence como el consejero de Seguridad, John Bolton, y el secretario del Departamento de Estado, Mike Pompeo, sostienen una campaña a través de las redes digitales para llamar a acciones violentas contra el Estado venezolano, además de usar este medio para instruir a los voceros de oposición que avalan de manera traidora la intervención. En su jactancia imperial, Bolton advirtió a Maduro que puede acabar en la prisión de Guantánamo si no abandona pronto el poder. Igualmente, el director de inteligencia nacional, Dan Coats, acudió a una audiencia en el Senado y calificó a Venezuela de peligro para los intereses de Estados Unidos, mientras el general Marck Stammer, comandante del Ejército Sur dentro del Comando Sur, realiza “visitas rutinarias” a Colombia.

En un extenso artículo, reproducido por varios medios, entre ellos Cubadebate, los periodistas e investigadores Max Blumenthal y Dan Cohen ofrecen las evidencias de cómo los laboratorios de la CIA trabajaron durante una década en la formación de un grupo de activistas de derecha, entre ellos al autoproclamado presidente Juan Guaidó, para desestabilizar a Venezuela e intentar algún día tomar el poder. No en balde, envalentonado después de las llamadas telefónicas de Trump y del vicepresidente Mike Pence, este instrumento de la política de agresión anunció de manera pública su “solución” a la crisis provocada con sus violaciones constitucionales: ¡autorizar una intervención humanitaria!

Y eso puede suceder, porque indudablemente Estados Unidos creó ya la “cabeza de playa” tras ser secundado por sus subordinados europeos y serviles latinoamericanos en el reconocimiento de Guaidó, quien, como confesó un miembro del Gobierno de Trump a un medio de prensa estadounidense, “era la pieza que necesitábamos para que nuestra estrategia fuera coherente y completa”.

Eso coloca al equipo de Trump en una postura inflexible si no derrocan a Nicolás Maduro, como afirmaron en otro amplio comentario, publicado en The Washington Post, el senador demócrata Chris Murphy y Ben Rhodes, exasesor de política exterior de Obama. “Las declaraciones con golpes de pecho que pierden fuerza con el tiempo debilitan el poder y la credibilidad de Estados Unidos”, escribieron. “Si las fuerzas armadas de Venezuela siguen respaldando a Maduro, entonces la decisión de la semana pasada es ineficaz, a la vez que ofrece a Maduro la oportunidad de unir a sus partidarios nacionales e internacionales contra una intervención de Estados Unidos. Las palabras temerarias sobre opciones militares agravan este problema”.

Por su parte, Eric Farnsworth, exfuncionario del Departamento de Estado y ahora vicepresidente del Consejo de las Américas, afirmó que la situación en Venezuela es única, aunque la participación e invasión estadounidense para deponer a Manuel Noriega en 1989 es la mejor comparación con la situación actual. En ese caso, Estados Unidos reconoció a Guillermo Endara como presidente la víspera de la invasión, aunque no tuviera el control de los militares ni una parte importante del país. Los dos países tienen un activo que generaba miles de millones en ingresos: el Canal de Panamá, y en la nación sudamericana enormes reservas probadas de petróleo.

El presidente Maduro ha explicado en varias oportunidades que “la causa bélica es el petróleo, el oro, el gas, el agua, los diamantes, el aluminio, el hierro, las riquezas de nuestra Patria”. Venezuela no solo cuenta con la mayor reserva de crudo del planeta en la llamada Faja Petrolífera del Orinoco, sino que posee otras riquezas minerales, incluidas las llamadas tierras raras, que suponen una palanca para salir de la actual crisis económica.

Durante una entrevista concedida a la televisora Fox, John Bolton confesó los verdaderos intereses del hostigamiento. “Hará una gran diferencia económica para los Estados Unidos si pudiéramos hacer que las compañías petroleras estadounidenses realmente inviertan y produzcan las capacidades petroleras en Venezuela”.

El show está en marcha

Es incuestionable que la Casa Blanca está haciendo lo imposible por intentar generar una fractura en las fuerzas armadas bolivarianas, como factor decisivo para lograr sus propósitos de cambio. Sus tácticas dilatorias para avanzar en sus propósitos intervencionistas están enfocadas en ese esfuerzo. “La estrategia en curso apunta en primer término a la promoción de una rebelión militar, golpe o levantamiento interno”, expresó el analista político Leopoldo Puchi, miembro del Grupo de Boston y exministro en la anterior República venezolana.

Según dijo un alto funcionario de la Casa Blanca a la agencia británica Reuters, “Estados Unidos mantiene comunicaciones directas con miembros del Ejército venezolano a quienes ha instado a abandonar al líder Nicolás Maduro y, además, prepara nuevas sanciones para aumentar la presión sobre el gobernante socialista”.

Entre otras opciones en marcha figuran las incursiones armadas de grupos irregulares provenientes desde países fronterizos, como ya se ha visto con los planes conspirativos de mercenarios y sicarios provenientes de Colombia, así como apostar a una rebelión civil mediante las protestas callejeras de las guarimbas, con el agravamiento de la situación económica, provocado por los ataques externos e internos, para “vender” al mundo la idea de que en Venezuela hay una crisis humanitaria.

Durante un entrevista para Hispan TV, el canciller Jorge Arreaza señalaba que el bloqueo y las sanciones económicas yanquis le han costado a la nación unos 35 000 millones de dólares. “En Venezuela hay una economía perturbada, bloqueada por Estados Unidos. El sistema financiero se niega a actuar con Venezuela y hemos tenido que buscar rutas alternas con aliados y amigos que tenemos en el mundo. A Venezuela se le impide utilizar el dólar como moneda de cambio para la compra”, subrayó el dirigente bolivariano.

Por eso, al parecer el show provocativo para originar la chispa del conflicto es la idea de crear en la fronteriza ciudad colombiana de Cúcuta una base con una supuesta ayuda humanitaria, que presione externa e internamente al Gobierno bolivariano, un pretexto más para invadir militarmente a esa nación sudamericana.

Resulta una coña, para afirmarlo en buen cubano, que EE.UU. y la Unión Europea proclamen la voluntad de enviar “ayuda humanitaria” a Venezuela después de ahogar la economía nacional y tratar de rendir al pueblo por hambre y enfermedades. ¿A quién quieren engañar?


Lázaro Barredo Medina

 
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