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Publicado el 19 Marzo, 2019 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

“Ataques acústicos”: Calumnia infame

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

La investigación policial realizada durante poco más de dos años y los resultados de los análisis de un equipo multidisciplinario de científicos cubanos ofrecieron suficientes evidencias para demostrar que no hubo “ataques acústicos” ni de otra naturaleza contra diplomáticos de Estados Unidos y Canadá. De acuerdo con las conclusiones de esas pesquisas, compartidas con los gobiernos de ambas naciones, e intercambiadas a nivel policial, con amplio acceso y facilidades en Cuba durante nueve visitas operacionales de oficiales del FBI y siete de la Real Policía Montada de Canadá, no se han identificado posibles autores, ni personas con motivación o medios para ejecutar este tipo de acciones, subrayó en conferencia de prensa el teniente coronel Roberto Hernández, de la Dirección General de Investigación y Operaciones del Minint.

En Cuba se entrevistó a testigos, vecinos de los lugares o personas cercanas a los diplomáticos, sin que estos reportaran ningún problema en su salud. “No es posible que se genere un daño provee una fuente sonora sobre personas específicas sin afectar a otras cercanas, las cuales estarían igualmente indispuestas”, explicó el teniente coronel José Alazo, miembro de la Dirección de Criminalística del Minint.

Ambos oficiales mostraron a la prensa evidencias de que los síntomas auditivos y cerebrales detectados en algunos individuos, según sugieren las autoridades estadounidenses y cuyos pacientes no han podido examinar ni entrevistar los expertos cubanos, se deben a daños provocados por el uso premeditado de determinados equipos. Incluso, los resultadostécnico-periciales de las grabaciones presentadas por Estados Unidos demostraron que es imposible que provoquen afectaciones a la salud de las personas. Lo que muestran esas audiciones es que los ruidos son similares a los de los grillos.

Nuestro país nunca ha puesto en duda que pueda existir personal enfermo, aclaró una vez más el doctor Mitchell Valdés, director del Centro de Neurociencias de Cuba, pero lo cierto es que a partir de las investigaciones realizadas y de la evidencia existente, nada indica que la enfermedad que puedan padecer o los síntomas que hayan sufrido o reportado sean resultado de la estancia en Cuba. Aseguró que una revisión de los estudios estadounidenses de las enfermedades de los afectados mostró que algunas habían comenzado antes del inicio del supuesto fenómeno y otras consistían en una amplia gama de síntomas que casi nunca resultan de una dolencia única o constituyen una nueva patología.

Al ofrecer detalles de los estudios realizados, el científico destacó que los mareos, dolores de cabeza o perturbaciones del sueño, algunos de los síntomas más recurrentes en los pacientes citados, son muy frecuentes en la población en general y pueden ser atribuibles a trastornos comunes u otros preexistentes. “La comunidad científica internacional ha refutado también las hipótesis de Estados Unidos bajo las condiciones descritas”, señaló.

Preguntas de sentido común

Carlos Fernández de Cossío, director de la Dirección de Estados Unidos en la Cancillería cubana, al explicar la necesidad de brindar esta información integral, subrayó que el asunto sigue siendo objeto de una alta manipulación política por Estados Unidos. “En los intercambios oficiales sobre el tema se nos ha asegurado oficialmente que no hay pruebas para esgrimir que se hayan producido ‘ataques’, pero resulta notorio que el Departamento de Estado sigue utilizando el término ‘ataques’ en sus declaraciones de prensa con total irresponsabilidad”.

Tales acusaciones han servido de pretexto para tomar medidas contra las relaciones bilaterales en múltiples planos, con la reducción del personal diplomático, la expulsión injustificada de diplomáticos cubanos de los Estados Unidos, la emisión de alerta de viaje también absurda y la suspensión de servicios consulares en La Habana. Tal calumnia infame ha ido creando una matriz de opinión mediática que, además de carecer de evidencia alguna, es utilizada por políticos de extrema derecha de EE.UU. y la mafia cubano-americana para, desde sus posiciones de autoridad, presentar especulaciones a un público crédulo, como si tales “ataques” fueron un hecho, y así forzar la idea de que Cuba es una amenaza, lo que favorece a quienes oportunistamente buscan catalogar a nuestra nación de patrocinadora del terrorismo.

Hay varias interrogantes de sentido común en este asunto: ¿Cuál puede ser el interés de Cuba por perjudicar el ambiente de una relación con Estados Unidos que beneficia a su propia seguridad nacional? ¿Por qué el Gobierno de Trump opta por ignorar los sólidos cuestionamientos públicos y reiterados de la comunidad científica sobre las teorías difundidas de los “ataques acústicos” y los daños cerebrales inexplicables? ¿Cuál es la razón de que no haya la suficiente cooperación de Estados Unidos para profundizar en una discusión seria, intercambiar pruebas y, sobre todo, permitir el acceso directo a los pacientes, quienes antes de enfermarse llevaban en Cuba una vida distendida, algunos viajaban, otros hacían deportes, incluso practicaban buceo?

Agresión a la familia cubana

El empecinamiento de la administración de Trump en presionar al pueblo de Cuba ha traído ahora consigo un sensible daño a la familia cubana, al entorpecer la visita a los parientes en Estados Unidos, así como la de los llamados emprendedores, al reducir la validez de la visa B2 de cinco años a tres meses, con una sola entrada.

Esta medida incrementa los obstáculos para el reencuentro familiar, que se suma al cierre de los servicios del Consulado de Estados Unidos en La Habana, a la interrupción injustificada del otorgamiento de visados a los cubanos, obligándolos a viajar a terceros países, con el consiguiente gasto de pasaje en avión y hospedaje, sin garantía alguna de otorgamiento, aun cuando tienen que pagar 160 dólares para la solicitud, y al incumplimiento de la cuota de visados establecida por los Acuerdos Migratorios.

El argumento para justificar tal decisión es otra descomunal mentira, pues la administración estadounidense aduce que no hay reciprocidad. El procedimiento para obtener una visa para venir a Cuba es expedito. Ellos saben que las aerolíneas y agencias de viajes están autorizadas a entregar el documento a quienquiera que lo solicite y lo incorpore junto al pago por la compra de un boleto de avión o de un paquete turístico. Detrás de estas decisiones de algunos miembros del equipo gobernante, están los estridentes congresistas Marco Rubio y Mario Díaz-Balart y otros políticos de la élite mafiosa de Miami, que algún día tendrán que responder ante sus conciudadanos por el daño que hacen a la familia cubana.


Lázaro Barredo Medina

 
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