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Publicado el 19 Marzo, 2019 por Prensa Latina en Opinión
 
 

Venezuela: La “profecía” del almirante Tidd

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Después de los infructuosos intentos por quebrar la lealtad de las fuerzas armadas bolivarianas y minar la resistencia popular, la fase de la guerra no convencional en Venezuela comienza una etapa dolorosa de terrorismo.

Ahora vendrá la intensificación de sabotajes, acciones armadas contrarrevolucionarias contra entidades militares y civiles, uso de mercenarios y de sicarios para realizar asesinatos selectivos e infundir pavor en la población, en la búsqueda de resquebrajar el apoyo al Gobierno de Nicolás Maduro, crear desaliento con las brutales presiones económicas e incentivar confusión para socavar la unidad de las fuerzas patrióticas. El objetivo es propiciar una conflictividad social que desemboque en estallido social y justifique, finalmente, con los muertos y el caos interno, la intervención.

El equipo de Donald Trump está quemando todas las puertas de solución pacífica ante la persistencia de llevar adelante sus designios por el callejón sin salida que han provocado con su reiterada (casi dos veces por semana) frase del “guapo del barrio”: “Todas las opciones están sobre la mesa”, con las presiones y medidas unilaterales que están llevando a cabo en todo el planeta en busca de tender un cerco genocida contra el pueblo venezolano.

La descarada porfía es tal que, como han destacado las agencias de prensa, el presidente Trump en su proyección presupuestaria para 2019-2020 pidió al Congreso que recorte la ayuda a Latinoamérica, pero que permita al Departamento de Estado reservar 500 millones de dólares para “responder a la crisis” en Venezuela y “apoyar una transición democrática”.

Además, Estados Unidos prácticamente ha obligado a sus más cercanos aliados en Europa y Latinoamérica a asumir el papelazo de la subordinación indigna a esta política “de acabar con Maduro”, que viola todas las normas éticas y legales del Derecho Internacional y a sabiendas de que, llegado el momento, tendrán que hacer lo ordenado por Washington, aunque se asuma el peligro de convertir en un polvorín a buena parte del continente.

En Venezuela se está cumpliendo el libreto diseñado por el Comando Sur de las fuerzas armadas estadounidenses con el llamado plan Masterstroke (“Golpe Maestro” o “Plan para derrocar a la dictadura venezolana”), del almirante Kurt W. Tidd, donde explícitamente se planteaba el propósito de hacer insostenible al Gobierno bolivariano, forzándole a claudicar, negociar o huir, mediante “el fomento de la insatisfacción popular”. En esa estrategia se plasmó la necesidad de “apelar a los aliados domésticos, así como a otras personas insertas desde el exterior en la escena nacional, a fin de que generen protestas, motines e inseguridad, saqueos, robos, asaltos y secuestros de transportes de naves y de otros medios de transporte, con la intención de sumergir al país en una crisis a través de las fronteras y otras posibles vías, dificultando de tal modo la Seguridad Nacional de los países fronterizos. Causando víctimas y haciendo al Gobierno responsable de ellas. Magnificando ante el mundo la crisis humanitaria a la cual el país ha sido sometido”.

Por eso es demasiada alevosía hacer la vista gorda de la implicación estadounidense con los sabotajes cibernéticos y electromagnéticos contra el cerebro eléctrico principal y las líneas de transmisión, así como los ataques a más de 150 subestaciones con el propósito deliberado de privar a la población de un servicio básico fundamental y comprobar en los hechos cómo políticos de la administración de Trump celebraron junto a líderes de la antipatriótica oposición y se vanagloriaron de esas carencias y privaciones, a la vez que alentaron los actos de saqueo para atemorizar e infundir pánico en comunidades.

Volvemos a la doble moral del “terrorismo bueno”, que siempre ha auspiciado Washington.

Ricardo Menéndez, ministro de Planificación venezolano, estimó que las pérdidas económicas asociadas al ataque al sistema electroenergético nacional serían comparables con las del paro petrolero promovido por la oligarquía en 2002, el cual significó un daño de 20 000 millones de dólares.

Es pérfido también hacer silencio ante el usurpador y autoproclamado “presidente” creado por Estados Unidos, cuando señaló públicamente que llegado el momento autorizaría el empleo de misiones militares extranjeras en el país. Esta meretriz del Imperio no vaciló en declarar con absoluto cinismo, y así lo escribió en su cuenta de Twitter, que los muertos que cause “son una inversión de futuro”.

Este personaje actúa con el desparpajo de la sombrilla chantajista del Gobierno de Trump. Bastó que la fiscalía venezolana anunciara la apertura de una investigación sobre la participación de Juan Guaidó en la dirección del sabotaje que llevó al apagón de cinco días y la reacción inmediata del Departamento de Estado fue la amenaza de que si es arrestado y encarcelado habrá consecuencias y la mencionada “sentencia”: “Todas las opciones están sobre la mesa”.

Igual de ofensiva es la matriz de opinión que descaradamente utilizan para presentar a Cuba “como el imperio en Venezuela”, en el vano intento de presionar para socavar la amistad entre las dos naciones, propalando la calumnia de que la Isla caribeña tiene efectivos militares en la nación sudamericana, cuando es conocido que sí, hay poco más de 20 000 cubanos, pero la mayoría mujeres, y dedicados a la prestación de servicios de salud a la población, y en otros sectores, como educación, cultura, deporte y agroalimentario.

Allá los que ignoren las enseñanzas de la historia. Si doloroso fue ver a la gente pasando penurias por esta agresión, hubo sin embargo una lección de dignidad y de resistencia activa, promoviendo la actuación solidaria entre familias y comunidades. Eso solo lo hace un pueblo que está dispuesto a enfrentarlo todo por el bien preciado de la libertad y la independencia.


Prensa Latina

 
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