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Publicado el 5 Marzo, 2019 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

VENEZUELA: Peligrosa porfía

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Es incuestionable el derecho de la República Bolivariana de Venezuela a defenderse ante quienes intentan destruirla y aniquilar a su pueblo chavista mediante una agresión sistemática, una guerra cruel y desvergonzada, cuyas constantes medidas de presión expresan la desesperación de los formuladores de la política estadounidense, que van quedándose sin argumentos para justificar su errática porfía de derribar al Gobierno de Nicolás Maduro.

Los personeros de Washington no previeron que, con toda su política intervencionista, solo conseguirían radicalizar el concepto patriótico, nacionalista y revolucionario de las fuerzas armadas, que, leales a la Constitución, han desarrollado una  sólida articulación con la sociedad civil, dando lugar al desarrollo de una doctrina de resistencia popular para hacer frente a cualquier agresión.

Eso explica el fracaso  de la oposición en su espiral de traición, cuando, tras intentar poner a los militares en la mira y estimular deserciones significativas, no logró ni con los llamados “falsos positivos” mermar la lealtad de las instituciones castrenses. Se ha filtrado que en la reunión del Grupo de Lima en Bogotá el vicepresidente Mike Pence reprochó esa frustración al usurpador Guaidó, quien había prometido al Gobierno estadounidense que si la mayoría de los líderes mundiales lo reconocían como supuesto presidente de Venezuela al menos la mitad de los oficiales de la FANB desertaría, hecho que no ocurrió.

Pese a que ha sido borrada la legalidad y secuestrada la verdad en una descomunal guerra mediática que sustenta falsas noticias,   falsas escaramuzas, así como acciones y atentados de falsa bandera, la resistencia del pueblo bolivariano ha logrado imponerse y motivar el rechazo internacional a la intervención militar (que significaría un baño de sangre y un conflicto de amplias proporciones que rebasaría sus fronteras), y  cambiar la matriz de opinión por la búsqueda del diálogo.

Eso pudo apreciarse en las Naciones Unidas y los pronunciamientos de la comunidad internacional. Lo evidencia el fuerte enfrentamiento que provocó en el Consejo de Seguridad de la ONU las contrapuestas resoluciones de Estados Unidos y Rusia, donde quedó explicito que el objetivo de la administración Trump no es buscar soluciones a los problemas de la nación sudamericana, sino que es y ha sido el cambio de régimen, como dijo el embajador ruso, e incluye amenazas de llevarlo a cabo mediante una intervención militar.

Se han pronunciado en contra hasta los más allegados servidores de Estados Unidos, sobre todo el Grupo de Lima, que mantiene un marcado carácter antilatinomericanista, e insistió en un comunicado en los ataques contra el Gobierno constitucional y la necesidad de “salir” del Jefe de Estado venezolano, pero “sin uso de la fuerza”. Así lo hizo incluso el desvergonzado secretario general de la OEA, Luis Almagro, que primero apoyó el belicismo intervencionista de Trump, pero ahora en una conferencia en México apeló al proverbio que reza “donde dije digo, digo Diego”.

No obstante, como expresión de que los métodos que utiliza Washington vulneran desfachatadamente las normas del derecho internacional, un funcionario de la Administración de Trump que pidió el  anonimato a los medios de prensa al ser consultado sobre la decisión de los países del Grupo de Lima de rechazar la vía militar en Venezuela aseguró que respetan esa postura pero recordó que su país es solo observador de ese mecanismo.

Y expresó con absoluto desparpajo: “En cuestiones del uso militar en los Estados Unidos eso es netamente y solamente una decisión del presidente de los Estados Unidos”; mientras agregó que “sería irresponsable que el gobierno de Estados Unidos descartara el uso de las fuerzas militares, y por eso es que el presidente Trump ha dejado muy claro y el vicepresidente Pence lo mencionó  en el Grupo de Lima, delante de todo el mundo, que absolutamente todas las opciones seguirán en la mesa”.

En contraposición, la respuesta del Ejecutivo Bolivariano ha sido diáfana y transparente, al  proponer cinco puntos para una mesa de diálogo con la oposición. El vicepresidente de Comunicaciones, Jorge Rodríguez, hizo el anuncio: 1) Respeto a la soberanía, 2) respeto al derecho a la paz, 3) levantamiento de las sanciones contra Venezuela, 4) un mecanismo que permita dirimir las diferencias políticas entre Gobierno y oposición, y 5) la no injerencia de otras naciones en los asuntos internos del país.

Más sanciones y más presiones

Sin embargo, no hay semana en que la Casa Blanca no proclame  sanciones y presiones sobre la nación sudamericana. Las medidas  unilaterales impuestas desde 2015, tras la firma de una orden ejecutiva por el entonces presidente, Barack Obama, impiden que  pueda hacer uso de financiamientos y sus recursos para la adquisición de medicinas, alimentos y otros productos con que satisfacer las necesidades de la población. El cerco financiero y económico ha generado pérdidas que sobrepasan los  30 000 millones de dólares. Ya ni se sabe la cantidad de funcionarios bolivarianos que han sido objeto de sanciones como forma de chantaje.

Las ultimas fueron contra jefes militares, a lo cual el ministro de Defensa, General Vladimir Padrino, replicó: “He ordenado pasar al Departamento del Tesoro de los EE.UU. la nómina completa de los oficiales generales y almirantes de la FANB para facilitar la tarea de ‘sancionar’ por cuotas a los revolucionarios defensores de la Constitución y de la soberanía nacional”.

Las presiones no son solo contra las personalidades venezolanas., sino también hay mecanismos “persuasivos” hacia gobiernos y personalidades para tratar de conseguir que el llamado al diálogo entre Gobierno y oposición sea desechado.

Exasperados, los voceros estadounidenses reiteran sin recato sus amenazas y planes intervencionistas.  Estados Unidos busca crear “una coalición lo más amplia posible para reemplazar” del poder al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha declarado en un programa de la televisora CNN el asesor de Seguridad Nacional, John Bolton. “Es lo que vamos a tratar de hacer”, afirmó, aunque ha señalado que Estados Unidos también podrá realizar sus planes sin el apoyo internacional. “En esta administración no tenemos miedo de usar la frase ‘Doctrina Monroe”, ha aseverado. “Este es un país de nuestro hemisferio” —acotó, refiriéndose a Venezuela—, “y ha sido el objetivo de todos los presidentes de EE.UU. desde Ronald Reagan tener un hemisferio completamente democrático”.

En otras palabras, Bolton declaró abiertamente el derecho de intervención y está planteando desde ya el mismo esquema que aplicaron en su agresión contra Siria.

Entretanto, el enviado especial de Washington para Venezuela, Elliott Abrams, aseveró de manera injerencista a otro medio de prensa: “Vamos a mantener e incrementar la presión económica, financiera, diplomática y política sobre el régimen”. Abrams aseguró que “todas las opciones están sobre la mesa, porque siempre lo están”, como ha dicho el mandatario Donald Trump para amenazar militarmente al Estado bolivariano.

Nuevas acciones provocadoras

Mientras, el autoproclamado presidente Juan Guaidó regresó a Caracas, con un nuevo libreto de acciones provocadoras, tras un recorrido por varias naciones de la región, acompañado de Kimberly Breier, subsecretaria de Estado de EE.UU. para Asuntos del Hemisferio Occidental. El  vicepresidente Mike Pence advirtió  en Twitter casi al unísono con su llegada que “cualquier amenaza, violencia o intimidación contra él no va ser tolerada y se va a encontrar con una respuesta rápida” En el aeropuerto de Maiquetía le ofrecieron cobertura la parafernalia mediática y los diplomáticos al servicio del Imperio.

Se ha dicho que  el parlamentario tendrá que enfrentar la justicia por violentar  las medidas cautelares que le impusieron.  Durante un programa televisivo, un magistrado venezolano no descartó que la salida y el reingreso de Guaidó sean una estrategia de Estados Unidos para atacar a Venezuela. “Evidentemente Guaidó es el conejillo de indias perfecto de Estados Unidos, no podemos soslayar que es muy posible que Estados Unidos tome como excusa la aprehensión de Guaidó para justificar eventualmente un ataque militar en contra Venezuela”, alertó.

  Los hechos ocurridos en la frontera colombiana y la acción fallida de entrada de la supuesta ayuda humanitaria, cuyo libreto teatral reunió a tres presidentes del área y a varios representantes de la mafia cubanoamericana, que se las han pasado tuiteando amenazas de todo tipo, hacen predecir una escalada de  acciones terroristas contra la patria de Simón Bolívar.

Por lo pronto, quedó demostrada la complicidad de las autoridades colombianas, al permitir desde su territorio las guarimbas de la oposición escuálida, encapuchados que desde aquel lado arrojan  cócteles molotov y otros artefactos para provocar a los defensores de la frontera venezolana e intentar crear un conflicto.

Telesur y diversas fuentes han dado cuenta de otras acciones encubiertas del paramilitarismo colombiano para infiltrar a grupos de mercenarios y sicarios que planifican y preparan nuevas operaciones de incursión en territorio venezolano, buscando el pretexto bélico necesario para justificar la invasión militar.

Estas denuncias corroboran las advertencias formuladas por el  embajador en la ONU Samuel Moncada, durante su discurso en el Consejo de Seguridad; las declaraciones de la Vicepresidenta Ejecutiva de la República, Delcy Rodríguez; y el canciller ruso, Serguéi Lavrov, el cual señaló que de acuerdo con informaciones de inteligencia que maneja su Gobierno, Estados Unidos estaría proveyendo de armas a grupos irregulares apostados en países vecinos a Venezuela para iniciar la agresión.

Tal es la peligrosa porfía que puede atentar contra la paz de la región.


Lázaro Barredo Medina

 
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