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Publicado el 5 Abril, 2019 por Marieta Cabrera en Opinión
 
 

Colaboración médica cubana: obra profundamente humanista

Por MARIETA CABRERA

África, tan lejana y tan cercana a la vez, vuelve a sentir la solidaridad de Cuba con la reciente llegada a Mozambique de la brigada 28 del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve. Este grupo de 16 médicos, 22 licenciados y dos trabajadores de servicio, junto a los colaboradores cubanos de la salud que ya laboraban en ese país, atiende a los afectados tras el paso del ciclón Idai por esa nación, a mediados de marzo.

Precisamente, fue aquel continente el destino de la primera misión internacionalista de médicos cubanos tras el triunfo de la Revolución. Eso ocurrió en mayo de 1963, cuando un grupo de 55 colaboradores llegó a Argelia para brindar servicios de salud a la población, desamparada porque la mayoría de los médicos en el país magrebí eran franceses y lo habían abandonado luego de la independencia.

Pretender empañar las hermosas páginas de solidaridad escritas por el personal cubano de la salud, solo pone al descubierto la manipulación y la mentira a la que acuden una y otra vez los enemigos de la Revolución en su intento por desacreditar una obra que, aunque imperfecta, se ha ganado el respeto y la admiración de muchos en el mundo.

Desde entonces, la cooperación médica de la Isla se ha extendido por naciones de todo el orbe, sustentada en principios profundamente éticos y humanistas. Esa esencia es la que explica que estos profesionales trabajen en los sitios más apartados de esos países, donde radica la población más vulnerable que en la inmensa mayoría de los casos recibe por primera vez atención médica.

Ese compromiso, que se afianza como parte de la  formación de médicos en Cuba, es lo que permitió que en 2005 una fuerza integrada inicialmente por mil 586 profesionales conformara el mencionado Contingente Henry Reeve, creado el  25 de agosto de 2005, por iniciativa de Fidel Castro, para socorrer a las víctimas del huracán Katrina que afectó a los territorios de Lousiana, Mississippi y Alabama, en Estados Unidos.

Aun cuando el gobierno estadounidense nunca respondió al gesto de Cuba, casi 700 representantes de la agrupación médica dispuesta a enfrentar un desastre natural o de otra índole en cualquier sitio, partieron en octubre de 2005 para Guatemala, debido a las inundaciones ocurridas en esa nación.

Días más tarde, otra brigada marchaba rumbo a Pakistán para brindar asistencia médica a la población afectada por un fuerte sismo. Nacía así un nuevo enfoque de la medicina de desastres, según reconocen expertos en el tema, aunque desde 1960 ya Cuba brindaba esta ayuda con el envío de brigadas emergentes a las zonas de catástrofes naturales.

Bolivia, Indonesia, México, Perú, Nepal, China… son decenas los países donde han trabajado y trabajan los miembros del contingente Henry Reeve, casi de manera anónima porque de su contribución no se habla en los grandes medios de comunicación. Así ocurrió también en 2010, cuando Haití fue azotado por un terremoto devastador, al que siguió meses después una epidemia de cólera y un huracán. En esa ocasión, integrantes del contingente se sumaron de inmediato a los profesionales cubanos que ya laboraban en el país caribeño, donde la colaboración en este campo data de 1998.

Y fueron esos principios éticos y humanistas los que motivaron a los médicos y enfermeros cubanos que atendieron a personas infectadas con el virus del Ébola en Liberia, Sierra Leona y Guinea Conakry. Gracias a los conocimientos y habilidades demostrados por estos colaboradores en el manejo de los enfermos, no pocos pacientes sobrevivieron al letal virus.

Los profesionales de la salud que se empeñan en salvar la vida de un ser humano en cualquier circunstancia, incluso a riesgo de la suya propia, no actúan motivados por hacer campaña propagandística alguna o difundir una doctrina política; tampoco lo hacen con la finalidad de cobrar por tales servicios.

Pretender empañar las hermosas páginas de solidaridad escritas por el personal cubano de la salud, solo pone al descubierto la manipulación y la mentira a la que acuden una y otra vez los enemigos de la Revolución en su intento por desacreditar una obra que, aunque imperfecta, se ha ganado el respeto y la admiración de muchos en el mundo.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera