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Publicado el 21 Abril, 2019 por Heriberto Rosabal en Opinión
 
 

Cuba y el Congreso de la CTC

Por HERIBERTO ROSABAL

El XXI Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba descontó este sábado, 20 de abril, su primera jornada. La reunión se realiza en medio de una situación económico financiera nacional tensa y compleja, que ahora mismo repercute, por ejemplo, en el mercado interno, donde alimentos como pollo, aceite, huevos y embutidos, y algunos otros artículos de primera necesidad, tienen presencia intermitente, casi ausencia por momentos.

También transcurre entre anuncios del gobierno de Estados Unidos –el eterno acosador– de aplicación de opciones hasta hoy diferidas de la extraterritorial Ley Helms-Burton, aprobada en 1996, bajo el gobierno de William Clinton, con el fin de arreciar el bloqueo económico, comercial y financiero contra la Isla, para eliminar definitivamente su Revolución y sistema socialista.

Esa nueva arremetida de EE.UU. no es solo contra Cuba, sino igualmente contra Venezuela y Nicaragua, países que junto a Bolivia y otras naciones del Caribe insular integran la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) –mecanismo de integración solidaria fundado por los comandantes Hugo Chávez y Fidel Castro–, y constituyen hoy la vanguardia de las fuerzas más progresistas en América Latina y el Caribe; la opción más esperanzadora para las grandes mayorías frente al capitalismo neoliberal excluyente. Venezuela, además de país políticamente muy cercano, es un mercado, y un socio económico y comercial fundamental para Cuba.

El cónclave sindical se inserta, asimismo, en procesos internos trascendentes para el socialismo cubano, como la actualización del modelo de desarrollo económico y social, mediante la implementación de los Lineamientos aprobados por el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba; el inédito Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social, con horizonte en el año 2030, y la reciente proclamación de una nueva Constitución, que favorecerá la profundización y ampliación del marco jurídico necesario para los cambios en perspectiva.

Como era previsible, la economía en general y la eficiencia económica en particular son temas cardinales de este Congreso. Así lo confirmó la presencia en su apertura de Marino Murillo Jorge, jefe de la Comisión para la Implementación y Desarrollo de los Lineamientos; del ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández, y de la ministra de Trabajo y Seguridad Social, Margarita González Fernández, quienes dictaron ante los más de mil delegados a la reunión conferencias sobre las políticas de la actualización con incidencia en el escenario laboral; el comportamiento actual, desafíos y prioridades de la economía; y política de empleo y salario, respectivamente.

Dentro de esos enunciados –economía y eficiencia económica– hay a la vez asuntos muy diversos, urgentes e importantes que atender, como la sustitución de importaciones, el incremento de la exportación y la proyección, ejecución a tiempo y rendimiento según lo calculado de las inversiones, con subrayado especial para la inversión directa de capital extranjero, habida cuenta de la necesidad de Cuba de financiamiento, mercados, tecnologías más modernas y eficientes, y gestión y administración más eficaces, para poder elevar sus ritmos de crecimiento económico, y avanzar hacia el socialismo próspero y sostenible proclamado como meta.

A fin de importar menos y exportar más, y atraer inversión extranjera, el país precisa antes eliminar obstáculos como el de la dualidad monetaria y cambiaria, a todas luces el más difícil y de consecuencias más negativas hoy para las aspiraciones nacionales de -como dice la calle- “salir del bache”. La circulación de dos monedas (peso o CUP y peso convertible o CUC) y la existencia de dos tasas de cambio (la oficial o de empresas y la de Cadeca o de la población), con notable diferencia entre una y otra, distorsionan gravemente la determinación de costos, el control contable, la formación de precios, y desestimulan la exportación, la sustitución de importaciones y –cuestión muy grave, que impacta en la labor sindical– desvalorizan el trabajo, con todos los males que ello implica.

Aunque salvar ese escollo, tarea de por sí muy compleja, sea indispensable para poder pasar a mayores, es decir, para meterse de lleno y con más posibilidades en la pelea por el desarrollo económico, tampoco significa que la unificación monetaria y cambiaria va a resultar la panacea, la solución milagrosa, como sensatamente se ha advertido. Ese ordenamiento devendrá, más que todo, condición indispensable para llevar a cabo con más eficacia que hasta ahora los Lineamientos, sus políticas, metas e indicadores.

Entre las muchas piezas del rompecabezas insoluble que a ratos parece ser la economía cubana –pese a la abundancia de diseños de soluciones– están el mejoramiento de la gestión de su principal actor, la empresa estatal; el control y uso más eficaz de los recursos humanos, materiales y financieros; el perfeccionamiento de la planificación; el desarrollo de fuentes renovables de energía, y las medidas para aumentar el ahorro y evitar la sangría del robo de combustible; el logro de mayor disciplina tributaria; la formación de encadenamientos productivos internos y con el exterior; la aplicación oportuna de la investigación científica e innovación tecnológica en el mejoramiento de la producción y los servicios; la armonización y equilibrio entre desarrollo material, económico, y cuidado del medioambiente; la aplicación exitosa del pago por resultados, en cumplimiento del principio de distribución socialista; la real complementariedad entre las distintas formas de propiedad y modos de gestionar esta…

Además, como se apuntaba al inicio de estas líneas, entre los factores externos adversos que enfrentan los cubanos para acercarse al horizonte delineado por los documentos rectores del país –Lineamientos, Plan Nacional de Desarrollo hasta 2030, Conceptualización del modelo económico y social– figura el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos, ahora nuevamente reforzado.

Ese bloqueo -que algunos junto a los bloqueadores intentan vestir de embargo y evitar sea visto como lo que realmente es, una política cruel, genocida- representa objetivamente el mayor freno al desarrollo y al logro de la vida mejor que merecemos Cuba y los cubanos, como cualquier otro país y pueblo de este mundo. Respecto al punto, piénsese solo que, según cálculos conservadores, de distintas maneras y por distintos conceptos el bloqueo nos cuesta diariamente a quienes vivimos en “el caimán” 12 millones de dólares, 4 380 millones al año.

También para minimizarlo y enmascarar su alta nocividad se contrasta aquel de afuera con el “bloqueo interno”, alusión a errores, burocracias, insuficiencias e ineficiencias internas que, como en otras partes, aquí igualmente existen, pero bajo esa etiqueta se magnifican o exageran, y se hace lo más posible para que sean asumidos como parte principal de la genética del socialismo, régimen económico y social dogmáticamente considerado por sus detractores como ineficaz por definición y, por tanto, condenado de antemano al fracaso.

Es decir, no es sencillo el escenario ni son menores las dificultades, los desafíos, para los más de cuatro millones y medio de trabajadores cubanos, o su parte más consciente, patriota, nacionalista, revolucionaria, e interesada en lograr cambios para mejor, lo cual equivale a que tampoco lo es para los sindicatos, cuya central nacional celebra hasta este miércoles las sesiones finales de su XXI Congreso, junto con los 80 años de su surgimiento, ocurrido en 1939.

Una organización, o movimiento –con el nombre resumido bajo la sigla CTC-estrechamente vinculado desde sus orígenes a las luchas por la libertad, la independencia y la soberanía nacionales, incluidos los derechos laborales y el bienestar de los trabajadores –creadores de la riqueza– y sus familias. Un actor protagónico batallador y fuerza sin la cual no parece “ir por más”, y conseguirlo.


Heriberto Rosabal

 
Heriberto Rosabal