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Publicado el 20 Junio, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

EE.UU.-IRÁN

Diplomacia para rebajar tensiones

María Victoria Valdés Rodda

Las bravuconadas tienen
el objetivo de amedrentar, lo que a veces se logra con cierto grado de éxito, pero
en general resultan boomerangs, porque
la víctima termina por concitar la solidaridad de la mayoría. Esta tendencia
también se aprecia en política internacional: mientras los Estados Unidos
arrecian su campaña contra la República Islámica de Irán, esta recibe el
importantísimo espaldarazo de Rusia y China, que consideran la presión yanqui como
detonador de una escalada bélica en el Levante, nefasta para el mundo entero.

En el marco de la 19ª
Reunión del Consejo de Jefes de Estado de la Organización de Cooperación de
Shanghái (OCS), en Kirguistán, el 12 de junio, Beijing y Moscú tomaron partido
del lado de Teherán. Vladimir Putin criticó la postura estadounidense con
respecto al acuerdo nuclear, del que estimó es un mecanismo idóneo, que debe
ser conservado. Además, tanto él como su homólogo chino, Xi Jinping, afianzarán
los nexos comerciales y económicos con Irán. Incluso el presidente Hasan Rohaní
expresó el deseo de participar en la iniciativa de la Franja y la Ruta de la
Seda, primer paso para promover un desarrollo constante de asociación
estratégica con el gigante asiático.

En relación con el Plan de Acción Integral Conjunto firmado en 2015 entre
Teherán y el Grupo 5+1 (China, Francia, Rusia, Reino Unido y los EUA), sostuvo
que reducirá su participación si no ve señales positivas de otras naciones
firmantes. Frente a lo cual Putin razonó que “la salida unilateral de los Estados
Unidos del pacto nuclear con Irán puede erradicar completamente el régimen de
no proliferación nuclear y las armas de destrucción masiva”.

Amén de esta advertencia, el presidente ruso subrayó asimismo que no
respalda ninguna de las medidas estadounidenses impuestas contra la
Revolución Islámica de Irán, ya que hasta el momento –y al cierre de esta
edición– Teherán cumplía con todos sus compromisos firmados.

En evidencia el
multilateralismo

Este 13 de junio las tensiones entre la República
Islámica y los Estados Unidos se volvieron a disparar, después de que
Washington acusara a los persas de atacar dos petroleros en el estrecho de
Ormuz, uno de los pasos marítimos trascendentales a nivel global.

Para ello ha presentado un vídeo donde se verifica, según fuentes yanquis,
la supuesta colocación de minas debajo de esos buques. Sin embargo, el ministro
iraní de Asuntos Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, a su vez acusó a Washington de “sabotear la diplomacia”, al responsabilizar del
incidente a Irán
sin
tener “ninguna evidencia” de ello.

Llama la atención que este nuevo episodio tiene lugar días después de
que diversos actores internacionales reforzaran sus vínculos bilaterales con Irán,
como es el caso de Japón. El primer ministro Shinzo Abe había advertido que el “conflicto
podría estallar accidentalmente”. Aquí cabe preguntarse entonces si las
explosiones en el estrecho de Omán no fueron made in USA.

De cualquier manera, y a pesar de las presiones, muchos países estiman
que Teherán “juega un papel constructivo en la edificación de una paz y
estabilidad sólidas en Oriente Medio” (recuérdese su compromiso de lucha contra
el terrorismo en Siria), como lo ve el primer ministro nipón. Entretanto,
Rohani advirtió que Irán no iniciará “ninguna guerra en la región, ni contra EE. UU. ni
contra nadie, pero si se lanza una guerra contra nosotros, actuaremos”.

La actual situación de deterioro entre las dos naciones se debe a “la
guerra económica” iniciada por Washington después de que Donald Trump decidiera,
a mediados de 2018, retirarse unilateralmente del pacto nuclear. Firmado en
Viena, en julio de 2015, el convenio debía limitar el programa atómico de Irán a
cambio del levantamiento de las medidas coercitivas. Si bien es cierto que el
resto de los firmantes se mantiene fiel al espíritu y la letra del acuerdo,
tampoco han influido en los dividendos necesarios para contrarrestar las
presiones de Washington, aunque es preciso acotar que los resultados del
bloqueo yanqui no se corresponden con las expectativas de la Casa Blanca.

Esta supuso un agotamiento de las reservas financieras persas, así como
un aislamiento mundial, porque Trump subestimó el actual multilateralismo. Así
es que muchas transacciones se están ejecutando en rublos y yuanes y, a pesar
de que los precios del petróleo se han desestabilizado, no todo está perdido en
ese mercado ni para las autoridades ni para el pueblo iraníes.

Y es en este ámbito donde se aquilata en su justa medida la importancia
de la visita de Abe a Teherán: en medio de las presiones también las empresas
niponas frenaron sus importaciones, pero a la luz de la estancia del primer
ministro japonés, este manifestó interés “en continuar la compra de petróleo y
la cooperación económica y financiera con Irán”.

Peligrosa movida

Aunque no sería sensato abrir nuevos escenarios de confrontación ya se
sabe que la prudencia brilla por su ausencia en las decisiones de Trump, de ahí
que sobrecogen las noticias sobre los Estados Unidos, que están enviando
bombarderos B-52 y un acorazado con sistema antimisiles al Oriente Medio. La
zona del desplazamiento no es cualquier enclave insignificante; se trata de una
crucial área entre Omán e Irán, que conecta el paso marítimo de los países del
golfo Pérsico con el mar de Arabia por donde navegan los barcos petroleros más
grandes del orbe.

Estadísticas autorizadas de la OPEP aseguran que alrededor de 19
millones de barriles al día de las exportaciones mundiales del hidrocarburo pasan
por este pequeño canal; además, Irán exportaba una media de 2,5 millones de barriles diarios antes de
las sanciones. Y es con esta carta con la que se pretende doblegar a la
nación persa, al esgrimir la extraterritorialidad: compradores de crudo a Teherán
también pueden ser castigados.

Visto estos últimos acontecimientos, EE.UU. anunció que enviará un
convoy adicional de mil efectivos al Levante, en respuesta a lo que considera
un “comportamiento hostil” por parte de Irán. Esta cifra se adiciona a los 1
500 soldados que ya habían sido prometidos en mayo de este año por Trump, quien
utiliza cualquier episodio para su campaña por la reelección presidencial.

Entonces, del discurso antiObama por lo nefasto -–en su opinión– del
mal acuerdo nuclear con los persas, por lo que era necesario lograr uno más
ventajoso, ahora asienta su cruzada en volver a hacer a América grande, y para
ello podría estar pensando en medir fuerzas con todo su potencial militar. Y es
en este punto donde los Estados Unidos cometerían un error terrible, porque el Gobierno
y pueblo iraníes están sumamente organizados y poseen sofisticado armamento.  Como si no bastara,
disponen de un amplio respaldo a nivel internacional, encabezado por Rusia
y China.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda