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Publicado el 29 Junio, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

El imperio insiste en propuesta colonialista para Palestina

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

María Victoria Valdés Rodda

El universo de lucha del pueblo palestino es bien heterogéneo y no siempre ha transitado un lecho de rosas en cuanto a aunar criterios y tácticas frente al enemigo común sionista pero a la altura de los acontecimientos donde Estados Unidos quiere cerrar las puertas a su verdadera independencia, hay unanimidad: rechazo total a lo que eufemísticamente Donald Trump ha bautizado como “Acuerdo del Siglo”. ¿Para quién?

Este 28 de junio las diferentes agrupaciones palestinas han conformado un bloque compacto de repudio a la ignominia colonialista, corporizada por obra y gracia de la actual administración yanqui, siendo la principal aliada de Israel así como promotora de iniciativas incendiarias.

Durante varias décadas los sucesivos presidentes norteamericanos se habían implicado en el diferendo israelo palestino siempre proclive a una paz con igualdad de derechos para ambas naciones, y aunque tras bambalinas se inclinaban por Tel Aviv, al menos en lo formal abogaban por la restitución de normas elementales de convivencia con la perspectiva de crear un Estado palestino. Ahora esa posibilidad está cada vez más lejos -si es que alguna vez pudo ser- por las abiertas simpatías del magnate presidente hacia el sionismo en alabanza constante hacia el reelegido primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, su gran compinche.

¿Qué está en juego?

El supuesto plan de paz para Medio Oriente o Acuerdo del Siglo made in Usa implica una seria amenaza contra todos los refugiados palestinos, tanto dentro de Israel, las zonas aledañas, y los del mundo entero. Y es en este punto donde sobresale el Rasputín yanqui, quien no es otro que el yerno de Trump, Jared Kushner, cuyo deslumbramiento por el dinero es tal que pretende cambiar libertad por plata: considera válido desembolsar 50 mil millones de dólares a cambio de que los refugiados palestinos sean absorbidos en sus países de acogida, es decir los seis millones en todo el Orbe.

Tamaño sadismo echa por tierra las históricas reivindicaciones del pueblo palestino que desde 1948 viene denunciando a nivel internacional que junto con la creación del Estado de Israel llegó la metralla y el despojo por el que miles de poblados debieron partir al exilio del que no han podido retornar.

Ante esta nueva disyuntiva política muchos analistas, entre los que sobresale Sal Emergui, corresponsal de Mundo CNN en Jerusalén, estiman que tal vez la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) abandone los Acuerdos de Oslo suscritos con Israel, en 1993, con la ayuda de Washington. Este convenio, rubricado entre Yaser Arafat, e Isaac Rabin, establecía una solución final para la creación de un Estado palestino. Pero mucha agua ha corrido desde entonces y la paz sigue ausente y la soberanía palestina también. En primer lugar porque el régimen sionista incumplió y continuó la construcción de asentamientos ilegales en tierras árabes al tiempo que levantó el conocido muro del apartheid, fragmentando en cantones la geografía de una eventual Palestina soberana. A eso se le añaden los constantes crímenes que comete contra los civiles, incluidos los niños.

Errores aparte de las filas palestinas, el peso de la responsabilidad de la ocupación sionista recae precisamente en la entidad que la mantiene, o sea, Israel y el espaldarazo mayúsculo de los grandes círculos de poder en Estados Unidos. Hoy en día para rematar directamente desde la cúspide política. No obstante este obstáculo, soy de la opinión de que el presidente palestino, Mahmud Abbas, seguirá apegado a Oslo por cuanto hacerlo es la clara constatación de que Palestina honra sus compromisos y que estos se ajustan a la legitimidad de su lucha.

Asunto complejo que involucra personajes siniestros

Dicho de este modo, el asunto puede ser interpretado a la ligera, y nada más alejado de la verdad. El tema palestino es una carta fuerte de la política exterior de Trump aunque hasta el momento tenga un relativo bajo perfil noticioso, al margen del revuelo mediático y diplomático que se creó con el anuncio del traslado de la embajada estadounidense de Tel Avi a Jerusalén.
Pero es previsible que el tema vaya ganando en importancia porque Trump, en su carrera presidencial necesita también del poderoso lobby judío, el cual se reparte influencias entre demócratas y republicanos, y es en este último Partido donde entra a jugar la sombra de Kushner.

Según el exsecretario de Estado Rex Tillerson, el yerno de Trump ejerce sobre el mandatario gran ascendencia. En entrevista con la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, reveló que Kushner “tiene carta abierta” ya que no coordina sus periplos ni con el Departamento de Estado ni con la embajada local de los países de destino como los Emiratos Árabes o Israel. Hay quien dice que una de las razones del cese de Tillerson estaba asociada a su decisión de aplazar la mudanza de la embajada yanqui por espacio de tres años, desde la fecha del anuncio en 2018. Circunstancia vista como improcedente de parte del pariente de Trump, activista decidido en esta materia.

Por ejemplo, en la Cumbre de Bahrein, celebrada esta semana con el auspicio norteamericano, se ha intentado pasar gato por libre en relación al llamado Acuerdo del Siglo, anticipando otro etiquetado como Paz para la Prosperidad, sin embargo, ante el intento de los yanquis por imponer este pacto, Palestina no asistió a la cita y continúa insistiendo en una solución de dos Estados con la actuación de la ONU, la Unión Europea (UE) y por supuesto Rusia, cuyo sobresaliente papel en Siria le confiere veracidad a la hora de tratar los temas más complicados del Levante como son el terrorismo o las tensiones entre Irán y los Estados Unidos.

Como era de esperar el promotor del encuentro fue Jared Kushner. No contento con este papel se empleó a fondo en la cita haciendo uso de la palabra en varias ocasiones. Trascendidos de la propia prensa israelí relatan que al hablar adelantó que está dispuesto (Estados Unidos) y sus aliados del Golfo a inyectar 28 mil millones de dólares en Gaza y en Cisjordania, en los próximos años, para crear puestos de trabajo y reducir supuestamente los índices de pobreza, originados dicho sea de paso por la dependencia de la economía palestina a la ayuda internacional y a las obligaciones de la entidad colonialista. Kushner dijo además que para crear un entorno regional favorable, también se transferiría capital en montos semejantes para ayudar al desarrollo de Egipto, Jordania y Líbano. Esto puede interpretarse como un modo de comprar lealtades.

Aun con todo, para el pueblo palestino este acuerdo ha sido calificado como la “bofetada del siglo” porque hay ausencia de una solución política, y porque entre muchos tópicos, el engendro imperial valida una “Nueva Palestina” (resultado de un supuesto acuerdo tripartito entre Israel, la OLP y HAMAS), en Cisjordania y la Franja de Gaza, del que excluirá las colonias israelíes existentes. Asimismo, los asentamientos israelíes permanecerán en poder de Israel y no se desmantelarán. El valle del Jordán permanecerá bajo el poder del sionismo.

Ahora bien, si la OLP y HAMAS rechazan el acuerdo, el imperio cancelaría todo su apoyo financiero a los palestinos. Y eso no es todo: HAMAS deberá renunciar a las armas que serán entregadas a Egipto. Ah, y por si fuera poco la “Nueva Palestina” carecerá de ejército, en su lugar tendrá una fuerza policial, y para colmo deberá pagar a Israel por suministrarle seguridad del territorio.

Y como guinda del pastel colonialista, Israel no compartirá la soberanía de Jerusalén porque toda la población árabe será expulsada de esta ciudad y transferida al Estado “soberano” palestino. Vistas así las cosas, es evidente que la balanza se inclina totalmente hacia Israel. Con el añadido de que se ofende a todas luces el espíritu de lucha de Palestina al pretender comprar sus ansias de libertad para anclarla definitivamente a un esquema colonial, el cual se sueña desde el Imperio yanqui irreversible.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda