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Publicado el 28 Junio, 2019 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Nueva locura de Trump

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Indudablemente el tema cubano tiene esquizofrénicos a Donald Trump y su equipo. La locura es tan despampanante que no saben qué más hacer para agredirnos y en sus bandazos toman decisiones que provocan perplejidad.

Con cinismo inaudito, el secretario Mike Pompeo anunció la lista negra del Departamento de Estado sobre la trata de personas, donde nos incluyen otra vez y en esta oportunidad por el programa de envío de médicos a otros países. Nuestra nación es “culpable” de esa manifestación “dolosa” por el modesto aporte que hace a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, donde ha tenido a más de 400 000 trabajadores de la salud en misiones humanitarias en 164 naciones, desplazándose siempre a los lugares más apartados y humildes.

El anhelo de desestabilizar al Gobierno Revolucionario ha desatado en Washington el desenfreno por la aplicación de medidas punitivas y amenazantes declaraciones, hasta la de aplicar “un bloqueo total”, lo que para la mayoría de los entendidos significaría una declaración de guerra. “Pretenden asfixiar a la economía y dañar el nivel de vida de los cubanos para arrancarnos concesiones políticas, pero fracasarán otra vez”, escribió en Twitter el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla.

En estos meses se mantuvo la política del miedo, con las advertencias de viajes para hacer desistir a los estadounidenses de visitar a Cuba. Más recientemente tomaron la decisión de prohibir el llamado “contacto pueblo a pueblo”, así como cancelaron más de 800 000 reservaciones de cruceros, negaron todo permiso para que vayan a la Isla otras embarcaciones y aeronaves privadas, pese a que una encuesta entre pasajeros estadounidenses conceptualizó a la Mayor de las Antillas como uno de los destinos más seguros del mundo.

Junto a ello están limitar las remesas a familiares, autorizar demandas a empresas extranjeras que operan en propiedades nacionalizadas y continuar la implacable persecución para multar a compañías y bancos que hayan sostenido intercambios o realizado transacciones con el vecino del sur.

El secretario del Tesoro de EE.UU., Steven Mnuchin, al anunciar las medidas de castigo, que afectan no solo a los cubanos, sino también a los norteamericanos, dijo que se hacía porque “Cuba continúa desempeñando un papel desestabilizador en el hemisferio occidental, proporcionando un punto de apoyo comunista en la región y apoyando a los adversarios estadounidenses en lugares como Venezuela y Nicaragua al fomentar la inestabilidad, socavar el estado de derecho y suprimir los procesos democráticos”. Es la famosa filosofía del criminal gritando tras su víctima: ¡ataja!

Lo más llamativo es que salvo los escuderos de esa fallida política en la Casa Blanca, calificada por organizaciones en EUA de “desafortunada e innecesaria, dirigida a cumplir los deseos de una minoría”, los mafiosos de Miami, por supuesto, y el cipayo de la OEA, Luis Almagro, la gran reacción en los Estados Unidos y en la comunidad internacional ha sido la de rechazo y condena.

Los cubanos no deben ser usados como peones políticos

Las nuevas restricciones provocan daños a empresas norteamericanas que hacen negocios legalmente en Cuba, lo que está fuera de sintonía con las propias declaraciones de la administración de protegerlas, y aún más contradictorio es el perjuicio a los llamados emprendedores, a quien el mismo Trump dijo se debían apoyar, y cuyos negocios son los más directamente lesionados con la eliminación de visa de entradas múltiples, la restricción de remesas y todas las prohibiciones de viajes.

En EE.UU., las críticas han partido de diversos exponentes políticos, sobre todo del Congreso. El Grupo de Trabajo sobre Cuba en el Capitolio, por ejemplo, emitió un comunicado en el que expresó su desacuerdo con las nuevas decisiones de Trump. Conforme a la agencia Prensa Latina, las representantes demócratas Kathy Castor y Barbara Lee, y los republicanos Tom Emmer y Rick Crawford, copresidentes de la agrupación bipartidista, manifestaron que un mejor vínculo bilateral “ofrece oportunidades infinitas para ambas naciones y el hemisferio circundante”.

También un grupo de 12 senadores, entre ellos tres aspirantes a la Casa Blanca por el Partido Demócrata, enviaron una carta a los secretarios del Tesoro, Steven Mnuchin, y de Comercio, Wilbur Ross, para rechazar las restricciones, mientras que el senador Patrick Leahy al hablar en el Senado condenó esas decisiones, a las que consideró “tontas y vergonzosas”, porque “afectará(n) a muchos estadounidenses y a mucha gente buena en Cuba”.

Igualmente rechazaron esas posturas trumpistas no pocas instituciones y organizaciones, como el Consejo de Negocios Estados Unidos-Cuba, presidido por Carlos Gutiérrez, ex secretario de Comercio; la Cuba Educacional Travel, dedicada a armar viajes del “contacto pueblo a pueblo”; la coalición Engage Cuba, que ha hecho un amplio trabajo por el acercamiento bilateral, entre otras.

“Va a dañar al ciudadano medio cubano, pero también a muchos intereses estadounidenses”, coinciden en sus pronunciamientos, y particularmente el presidente de la coalición Engage Cuba, James Williams, quien calificó de moral y estratégicamente equivocado el cerco impuesto a nuestra nación, y manifestó: “Los cubanos no deben ser usados como peones políticos”.

Pero, asimismo, insistamos, es fuerte la resistencia internacional a esta extraterritorialidad norteamericana. Un botón de muestra son las declaraciones del presidente de Meliá Hotels International, Gabriel Escarrer Juliá, quien aseguró que el grupo hotelero mantiene su apuesta en Cuba y confía en que la controversia con Washington tenga una resolución que respete el derecho internacional. “Nos encontramos con un país único, inimitable, con unos activos extraordinarios por su naturaleza y sus playas, su cultura, su patrimonio y algo tan importante para el turismo como es la seguridad y estabilidad”, subrayó.

De igual modo, puede ejemplificarse con el foro de negocios realizado en La Habana por Iniciativa Cuba, un organismo no gubernamental e independiente británico que apoya programas para mejorar la relación entre el Reino Unido y Cuba. Una delegación de empresarios británicos, encabezados por lord David Triesman, sostuvo amplios contactos con las autoridades locales y manifestó su interés por la cartera de inversiones en la Isla.

La locura en esta carrera agresiva de Washington encontrará nuestra resistencia, porque, como aseguró el presidente Miguel Díaz-Canel, “nadie va a arrebatarnos, ni por la seducción ni por la fuerza, la patria que los padres nos ganaron de pie. Los cubanos no nos rendimos”.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina