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Publicado el 11 Julio, 2019 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

El anticubano Claver-Carone

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Mauricio Claver-Carone, cubanoamericano que de cubano no tiene nada (nació en Miami y nunca ha estado en nuestra Patria) tiene a su cargo en el Consejo de seguridad nacional de Donald Trump la coordinación de la política latinoamericana entre la Casa Blanca, el Departamento de Estado, el del Tesoro y otros organismos del gobierno estadounidense.

Claver-Carone es una de las nuevas estrellas de la mafia de Miami, que dirigió el lobby anticubano más activo de los últimos años en Washington (el US-Cuba Democracy Pac) para demandar ante las autoridades las más agresivas políticas contra el pueblo cubano y tensar al máximo las relaciones con la Isla.

Ahora, en la cúspide del poder, este subordinado del “super halcón” John Bolton y cercano del vicepresidente Mike Pence y del secretario de Estado Mike Pompeo, no se inmuta para declarar a medios de prensa que “la ley Helms-Burton debe aplicarse, porque defiende a los americanos” y considera que Trump está en lo correcto cuando hizo la promesa electoral en Miami recientemente “vamos a resolver lo de Cuba…””Vamos a encargarnos de Cuba”.

Tanta euforia es lo mismo que tuvieron 25 años atrás el senador Jesse Helms cuando al presentar su engendro jurídico en el Senado dijo “es hora de apretar los tornillos”, mientras Dan Burton cuando hizo lo mismo ante la Cámara de Representantes aseguró que sería “el último clavo en el ataúd de Fidel Castro”

Con el objetivo de conseguir el voto del sector más reaccionario del estado de Florida y así intentar consolidar una posible reelección en 2020, Donald Trump se la lanzado a endurecer el criminal bloqueo impuesto contra Cuba.

Yo diría que es tanta esa obsesión por destruir a la Revolución. cubana, que virtualmente hay en estos instantes una contingencia desesperada, porque las restricciones para contentar a la mafia de Miami no son solo contra los cubanos,: también limitan la libertad de los ciudadanos norteamericanos para viajar y establecer negocios con nuestra nación.

La lujuria anticubana tiene un signo de igualdad con la pérdida de sentido común, y su mayor reflejo es la manera en que se radicaliza el mensaje hacia la comunidad internacional, con total abandono del tono diplomático. Trump ha llegado a decir que para conseguir sus votos electorales está dispuesta a imponer hasta un bloqueo total.

La Casa Blanca apuesta a la asfixia económica de Cuba y con la instrumentación total de la Ley Helms-Burton persigue implantar una nueva forma de terrorismo político, meter miedo con las demandas judiciales y ahuyentar toda inversión extranjera en el país.

Hay nuevas restricciones a las remesas que puede enviar la emigración cubana desde EEUU y red del pueblo estadounidense, sin contar las severas limitaciones consulares y el entorpecimiento de la reunificación familiar. Junto a ello, han impuesto fuertes sanciones a las navieras que transportaban petróleo de Venezuela a Cuba, para provocar el ahogo energético de la Isla.

Una escandalosa mezcla de vileza y cinismo es la decisión de meter a Cuba en la lista de la trata de personas con la intención de desprestigiar los acuerdos médicos internacionales y la solidaridad que durante estos años ha realizado nuestra Isla, incluso con reconocimiento de muchas instituciones estadounidenses como fue su inmediato apoyo para contrarrestar los efectos del ébola.

Cada vez que los formuladores norteamericanos de la política hacia nuestro país se quedan sin argumentos para justificar su errática porfía, acuden a un gastado recurso: Cuba es una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y en esta ocasión está la consideración que se viene “cocinando” desde hace rato en la trastienda de la Casa Blanca de volver a incluir a nuestra nación en su lista de Estados patrocinadores del terrorismo.

«Estamos revisando (la posibilidad de incluir a Cuba en la lista) no solamente por sus acciones en Venezuela, (sino también) por su apoyo a grupos terroristas como el ELN, y por los ataques a nuestros diplomáticos y a los diplomáticos canadienses» en la isla, afirmó Claver-Carone en días pasados con el pretexto de que grupos de Miami así lo pidieron a la Casa Blanca.

Cuba formó parte de esa espuria «lista negra» durante más de tres décadas y sería inconcebible que Estados Unidos para favorecer los mezquinos intereses de un grupo que ni tan siquiera representa a la comunidad de origen cubano hiciera dejación de la positiva cooperación verificada en estos tiempos con los contactos en el orden migratorioy en cuanto a los terrenos de la aplicación de la ley y el orden para enfrentar el narcotráfico, las manifestaciones de terrorismo, así como la disposición de avanzar en varios. temas bilaterales que tienen que ver con la seguridad nacional de. ambos países.

Es inconcebible que durante 60 años una clase política en Estados Unidos acaricie la idea de que con tanta torpeza se destruye. un país, empecinado en la inalcanzable ilusión de que ahora sí y ahora sí, para que no pase otra cosa que fomentar una mayor unidad nacional y la admiración de una buena parte del mundo que repudia la perdida de cordura de esta administración estadounidense al tratar de mantener a flote una política de tantas torpezas

Quieren de nuevo hacer el intento de la “olla de presión” para ver si logran la posibilidad de hacernos caer en la celada de.la falta de unidad. Subestiman que nuestra integración de intereses nacionales es lo que ha impedido que. Estados Unidos pueda volver a imponernos sus criterios. Está probado que la prosperidad de la vida política cubana no está dirigida ni determinada por Estados Unidos. Hay una conciencia nacional de que no haremos concesiones para vender nuestra honra e independencia.

La capacidad de resistencia ha significado avatares, austeridad en alto grado, pero la recompensa de nuestro propio esfuerzo y de la inteligencia por abrirnos al resto del mundo es la mayor perspectiva del sueño raigalmente cubano.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina