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Publicado el 8 Julio, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Irán: Sombra de colapso

María Victoria Valdés Rodda

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

La República Islámica de Irán ha subido la parada y emplaza a las potencias Occidentales en una especie de ultimátum: Si Gran Bretaña, Francia y Alemania asumieran una postura independiente de Estados Unidos y aliviaran las tensiones económicas, entonces todo volvería a estar en los límites de lo establecido dentro del Plan Integral de Acción Conjunta (Paic). Este acuerdo hasta el momento había permitido el levantamiento parcial de sanciones a Teherán a cambio del compromiso de no desarrollar armas nucleares. En este punto los niveles de enriquecimiento de uranio volverían a estar por debajo del 3,6 por ciento y no superior a como será de ahora en adelante.

Según TeleSur la posibilidad del enriquecimiento del mineral radioactivo a 20 por ciento está ligado al tercer paso de Irán en torno a la reducción de los compromisos adquiridos ya que el Paic le otorga a los iraníes prerrogativas de reducir sus responsabilidades si las otras partes incumplen.

Voces expertas como Kelsey Davenport y Daryl G. Kimball advierten que si bien es preocupante cualquier violación del Paic, “en sí mismo, un aumento en las reservas de uranio poco enriquecido (UH6) de Teherán, por encima del límite de 300 kilogramos de uranio enriquecido del 3,67 por ciento, no representa un riesgo de proliferación a corto plazo. Irán necesitaría producir aproximadamente 1.050 kilogramos de uranio enriquecido a ese nivel, enriquecerlo aún más hasta el grado para las armas (más de 90 por ciento de uranio-235) y luego armarlo”.

La comunidad mundial, y muy especialmente seis potencias internacionales (Alemania, China, los Estados Unidos, la Federación de Rusia, Francia, el Reino Unido más el Alto Representante de la Unión Europea) consiguieron un largo anhelo, materializado el 14 de julio de 2015, con el visto bueno del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

Este convenio contó además con la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, el que lo consideró excelente porque propiciaría el fomento de la confianza en el carácter exclusivamente pacífico del programa nuclear iraní, al tiempo que iba a facilitar el desarrollo normal de cooperación y contactos económicos y comerciales con el gobierno persa.

Las cosas parecían ir por la carrilera hasta que asumió el poder Donald Trump al frente de la Casa Blanca. En ese ejercicio de amo del Planeta insiste en que es posible lograr un mejor acuerdo que el obtenido por su predecesor Barack Obama, y para ello -en una clara demagogia presidencialista- aplica la política del garrote.

En noviembre del pasado año colocó de nuevo a Teherán en una lista negra, algo que se veía venir desde que EE.UU. se saliera del pacto en mayo de 2018. Lo terrible del asunto no solo radica en este punto sino en que igual que sucede con el bloqueo contra Cuba, el imperio yanqui aplica la extraterritorialidad al amenazar y sancionar a aquellas naciones que en desafío a su mandato y ley se atrevan a comerciar con Irán.

Los EE. UU dieron un plazo de 90 a 180 días a las empresas extranjeras presentes en los sectores afectados por las sanciones para que cesen todo tipo de actividad con Irán. París, Berlín y Londres han intentado avanzar y no plegarse a los designios imperiales, y por eso el 31 de enero de este año, anunciaron la creación de un mecanismo de trueque para que las empresas de la UE puedan seguir comerciando con Irán. A pesar de esa buena voluntad poco han podido hacer y en especial las transacciones petroleras siguen estancadas.

Dicha circunstancia es asumida por los persas como una situación de guerra. Con el paso del tiempo la escalada ha subido de tono hasta llegar a julio de 2019 cuando los EE.UU aprietan cada día más las clavijas al extremo de ir llevando la cuestión a un orden tal que quizá pudiera no tener retorno, con consecuencias nefastas para la región, y desde allí extenderse a todo el Orbe.

Ya Irán ha dicho que si el asunto se saliera del cauce, uno de los primeros en verse afectado sería Israel, y no por su cercanía, más bien por la beligerancia con que el Estado sionista secunda a Washington en su política exterior, que está claramente diseñada para acabar con las ansias de soberanía del pueblo palestino, el sirio, y el de Irán.

Es esencial señalar que la actitud hostil yanqui no se refiere solo a lo económico y a lo comercial también se inscribe con énfasis en lo político y lo ideológico porque, en abril de 2019, Washington incluyó a los Guardianes de la Revolución (máxima organización político-militar de Irán) en su lista negra de organizaciones terroristas extranjeras.

De ahí que hayamos apuntado a las fuertes diferencias entre Teherán y Tel Aviv, pues precisamente los guardianes persas no se andan con tibieza a la hora de denunciar y enfrentar a cualquier manifestación de colonialismo, y tómese como ejemplo el papel decisivo jugado en Líbano cuando expulsaron la ocupación israelí de una parte de ese territorio árabe. Por su parte, Irán acusa a EE.UU de dobles raseros por considerarlo “padrino mayor” del terrorismo de Medio Oriente y Asia Central.

Por supuesto la peligrosidad trasciende los límites de la zona porque de ocurrir una confrontación militar de más amplia envergadura entre Irán e Israel, el imperio yanqui no dudaría en enviar tropas, cruceros y hasta bombardear a los persas, y se sabe que no es lo mismo darles carta blanca a los sionistas para atacar a los indefensos palestinos en Gaza que incursionar contra una nación que pudiera fabricar el arma nuclear.

El Gobierno persa siempre ha insistido en el carácter pacífico de su energía nuclear así como de sus intenciones de vivir en paz para poderse desarrollar, pero en igual nivel de importancia ha aseverado que no admitirá sojuzgamientos ni imposiciones de nadie.

Uno de esos episodios alarmantes se vivieron hace apenas unas semanas cuando, en junio 2019, los Guardianes de la Revolución derribaron un dron estadunidense que había violado el espacio aéreo iraní. A pocos segundos se estuvo de un dramático episodio, porque Trump anuló -tal como escribió en un tuits- a último minuto, un ataque contra Irán.

El escenario es sumamente complejo y explosivo porque enmarca a muchos actores, sin embargo, hay que esperar a que la estrategia de Irán de contrarrestar la campaña de presión de los Estados Unidos de frutos. Y por muy pocas que sean las evidencias de cordura y sentido común, la administración de Trump, si se lo propusiera, pudiera salvar el acuerdo, reduciendo o eliminando las sanciones. Harto conocida es la ceguera imperial maximizada en tiempo de campaña electoral de ahí que la sombra de un colapso seguirá sobre el cielo de Irán y del mundo entero.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda