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Publicado el 30 Agosto, 2019 por Mariana Camejo en Opinión
 
 

Brasil: ¡Fuego, fuego, fuego!

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Marryam Camejo

Por MARYAM CAMEJO

Desde el inicio de los incendios, redes sociales y medios de prensa se hicieron eco de la necesidad de actuar lo más rápido posible para mitigar el fuego en el llamado pulmón del planeta. Unos 44 000 miembros de las Fuerzas Armadas de Brasil están desplegados por el Ministerio de Defensa, tras la forzada autorización del presidente, Jair Bolsonaro, en plena polémica por la débil actuación de su Gobierno. El contingente incluye miembros de la Marina, el Ejército de Tierra y la Fuerza Aérea. Sin embargo, Bolsonaro ha rechazado ayudas, ha culpado a otros de las llamas en la Amazonía, y en consonancia le ha bajado el índice de popularidad notablemente.

El humo está llegando al cielo argentino. El presidente francés, Emmanuel Macron, convocó para el 24 y el 25 de agosto pasados a una reunión del G7 con el propósito de discutir las políticas ambientales de Brasil. Calificó la situación de la selva amazónica de “crisis internacional”. La respuesta de Bolsonaro fue tildar el discurso de sensacionalista y colonialista.

Hablar por hablar

A eso se dedica el presidente brasileño incluso cuando se trata de algo tan grave. Ya sabemos que su admirado Donald Trump desestima la pertinencia de acciones contra el cambio climático, porque, según él, eso no existe. De tales opiniones no dista mucho su imitador de Sudamérica cuando disminuye la gravedad de lo que sucede hoy en la selva amazónica e incluso se ha atrevido a rehusar contribuciones cuando numerosos ambientalistas están advirtiendo que en septiembre la situación puede empeorar.

Darse el lujo además de culpar a ONG y a grupos ambientalistas de los incendios va más allá de la insensatez. Tal como reseñó Prensa Latina, sin tener ni una sola prueba, imputó en dos ocasiones a estas organizaciones e, interrogado por periodistas sobre quién instigaba las deflagraciones forestales en áreas amazónicas, respondió que había pruebas muy sólidas de que las ONG estaban detrás del incendio. Luego admitió que tal vez puedan ser los hacendados –su base electoral, subrayó el expresidente Lula da Silva- los responsables de las igniciones: “Todos sospechan, pero la mayor proviene de las ONG”, que “perdieron dinero” y “están desempleadas”, por lo que estarían interesadas en hacer campaña contra el Gobierno. Encima, el mandatario también acusó a los gobernadores de estos territorios de estar confabulados con incendios ilegales.

Sin ánimos de sonar apocalíptica, ¿de verdad alguien cree que es momento para permitirse jugar con el equilibrio del planeta, desestimar acciones, ayudas, la emergencia misma?

Alemania bloqueó unos 40 millones de dólares para el Fondo Amazonía (en aras de captar donaciones destinadas a inversiones no reembolsables en proyectos de prevención, monitoreo y combate a la deforestación). Poco después de la comunicación de Berlín, Noruega, principal donante, con 900 millones de dólares desde 2008, también indicó que suspendió el envío de unos 33 millones para programas del Fondo Amazonía. Bolsonaro, en correspondencia con cada centímetro de su personalidad pública, respondió: “¿Noruega no es aquel que mata ballenas ahí arriba, en el Polo Norte? ¿Que explota petróleo también ahí? No es ningún ejemplo para nosotros. Que se queden con ese dinero y ayuden a (la canciller) Ángela Merkel a reforestar Alemania”.

También intentó ayudar Finlandia, cuya ministra de Finanzas, Mika Lintila, recomendó que tanto su país como la Unión Europea deberían “revisar urgentemente la posibilidad de prohibir las importaciones de carne de res brasileña”.

A nivel internacional la reacción ha sido de escándalo, de condena al exmilitar presidente. Quizá por esa presión, tras haber rechazado el auxilio del G7, ha corrido la noticia de que aceptará cualquier colaboración para combatir los siniestros, siempre que tenga todo el control sobre el dinero.

Según datos publicados por la agencia BBC Mundo, por los fuegos se ven perjudicadas más de 40 000 especies de plantas, y 1 300 tipos de aves y 426 de mamíferos que conviven en la selva tropical más grande del mundo, con 6.7 millones de kilómetros cuadrados.

Teorías y predicciones

En medio de la humareda levantada en el escenario político global, el mandatario francés propuso la posibilidad de conferir “estatus internacional” a la Amazonía; “es una cuestión real que se impondría si un Estado soberano tomase medidas concretas que claramente se opusieran al interés del planeta”. Varias voces de izquierda han protestado a raíz de ello con el argumento de que podría tratarse de un plan de conquista.

¿Qué significaría lo propuesto por Macron? Todo parece indicar que una mayor presencia extranjera o alguna supervisión foránea sobre las acciones de los gobiernos de la región (en la selva)… Sectores progresistas advierten de que podría ser una excusa para militarizar la región, y atender a los intereses de Estados Unidos de estar más cerca de Venezuela y Bolivia para tomar acciones contra sus gobiernos.

Por cierto, Cuba condenó la exclusión de la primera de esas naciones de una programada cita sobre la presente crisis ecológica. Por otra parte, analistas coinciden en contraponer la pasiva actitud de Bolsonaro con la activa de Evo Morales en las conflagraciones desatadas en la zona amazónica del vecino país.

Por ahora, la idea de internacionalizar la Amazonía fue recibida con cierta frialdad por organizaciones no gubernamentales que defienden la protección de la selva.

“Nosotros no estamos debatiendo esa cuestión, [sino] que el Estado brasileño no puede de manera alguna continuar con el desmonte de su política ambiental”, dijo a BBC Mundo Danicley Aguidar, de la campaña de Amazonía en la organización Greenpeace.

Rafael Bautista S., en un texto publicado en América Latina en movimiento, escribió: “Tomar como rehén al Amazonas sería el principio de una contención estratégica ante la expansión de la Nueva Ruta de la Seda en Sudamérica; esto significaría el aplazamiento del proyecto bioceánico que integre a Sudamérica con el Pacífico, porque esta integración significaría, a mediano plazo, el desplazamiento del dólar y, en consecuencia, de la hegemonía imperial. No solo de guerras se reaviva el dólar sino también de los desastres; es decir, generar una devastación apocalíptica constituye un ‘aprovechamiento de oportunidades’ ideal para una hegemonía moribunda. Como en el autoatentado a las Torres Gemelas, el desastre se convierte en negocio, no solo porque justifica declarar una guerra sino por el cobro de los gastos de guerra, es decir, asaltar la riqueza del vencido”.

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Mariana Camejo

 
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