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Publicado el 21 Agosto, 2019 por Maryam Camejo en Opinión
 
 

Buen PASO signa el panorama argentino

Marryam Camejo

Por MARYAM CAMEJO

Las recientes elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) dejaron el clima agitado, porque si el dueto triunfador Alberto-Cristina Fernández gana en octubre ya Mauricio Macri habrá hecho todo lo humanamente posible para entregar el país a la élite empresarial, un proceso que costará revertir en toda su dimensión.

Algunos analistas aseveran que en los primeros meses posteriores a los comicios presidenciales, de vencer el Frente de Todos, no existirá mucho para repartir y Alberto Fernández tendrá que ir de a poco en el intento de estabilizar esa tierra sudamericana. Sin embargo, allende el momento inmediato de victoria en las PASO, se precisa de varias reflexiones que arrojen luz sobre cómo entender el triunfo más allá del factor de descontento social provocado por el macrismo. ¿Cuál fue la estrategia del Frente? ¿Pudiera cambiar la correlación de fuerzas políticas en la región? ¿Existe algún mensaje entre líneas para la izquierda latinoamericana? Empecemos por la última pregunta: sí.

Alberto Fernández representa hoy una amalgama de sectores de izquierda, centroizquierda y movimientos populares que habían fallado en aglutinarse antes. El Frente, en la búsqueda de alianzas, logró unir bajo una misma sombrilla de futuro Gobierno al kirchnerismo, donde se ubica la izquierda clásica argentina, y al peronismo, que, con ciertos rasgos tradicionalistas, junta grupos de izquierda, centro, y movimientos con moderado corte liberal.

La estrategia fue certera. En un contexto tan marcado por el giro a la derecha en Latinoamérica, el único resquicio para salvar el país, o intentarlo, era la unión de los sectores antimacristas, cansados de la torpeza política y económica del Ejecutivo. De sobrepujarlo en las generales, Argentina podría convertirse en otro polo de resistencia a la “malcriadez” que segrega la Casa Blanca en la región. Alberto Fernández lo dijo alto y claro: Argentina no es “Trump”.

Pero, no se engañe nadie: el camino está empedrado para los progresistas. Heredan una deuda gigante con el Fondo Monetario Internacional, que deberá negociarse, el pueblo esperará mejoras rápidas que alivien la situación, y, por si fuera poco, un electorado antiperonista y antikirchnerista que vive en el país, algo innegable, no cesará en sus reclamos, propios de la clase a la que pertenece. Construir cierto consenso es necesario; de lo contrario, a mediano o largo plazos, una nueva versión de Mauricio Macri lograría regresar al poder.

De todas formas, al Frente le toca también sortear los obstáculos de la jornada posPASO, por el golpetazo a la economía. Tal como reseñó Prensa Latina, el dólar llegó a su pico más alto en apenas unas horas, de 47 a casi 65, devaluando aún más el peso, desplomó las acciones de Argentina en la bolsa de Nueva York, elevó todos los precios internos e incluso impactó a naciones cercanas.

Las PASO dejaron un sabor amargo en la derecha. Gobernar tal vez le fue alegría de poco tiempo. El peligro acecha. Muy pronto es para vaticinar una “década perdida”, pero vuelve ahora la sensación de perder terreno. Quizá por eso el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, se apresuró a decir que la “banda” de Cristina Kirchner es la misma de Dilma Rouseff, de Maduro, Chávez y Fidel Castro. Tiene miedo, dicen muchos.


Maryam Camejo

 
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