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Publicado el 2 Agosto, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

PUERTO RICO

El despertar de uno de los nuestros

María Victoria Valdés Rodda

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

El pueblo boricua demostró su valía a través de impresionantes protestas en contra del gobernador Ricardo Roselló, quien al final se vio obligado a renunciar. Victoria sin precedentes en la vida nacional actual, que no es solo suya. A pesar de que la comunidad mundial, en un imperdonable olvido de la historia, se ha mal acostumbrado a ver a Puerto Rico indisolublemente ligado a los Estados Unidos, lo cierto es que se trata de uno de los nuestros, todavía sujeto a un esquema colonial.

Pero la posición geográfica no es lo que determina su identidad, esta se asienta en lo eminentemente cultural, permitiéndole sobrevivir con sentido de pertenencia autóctona frente a los fallidos intentos de absorción foráneos. Los oportunistas geoestratégicos de la época moderna la ocuparon militarmente y auparon las fuerzas autonomistas en detrimento de los sueños de independencia, dando lugar a la Ley Foraker de 1900, propiciatoria de una Constitución para el manejo de asuntos internos aunque sujeta a los poderes plenos del Congreso norteamericano. Años después, en 1952, pasó a ser clasificado oficialmente como Estado Libre Asociado, pero no es ninguna de las tres cosas, pues depende de los fondos federales de la nación norteña.

Así y todo, goza de un estatus de aparente autogestión. Denuncias efectuadas en La Habana por la vicepresidenta del Partido Independentista de Puerto Rico (PIP), María de Lourdes Santiago, apuntan a que “la asamblea legislativa puertorriqueña o el gobernador no pueden, literalmente, ni ponerle el nombre a una calle, si no da permiso para eso la Junta de Control Fiscal”, otro mecanismo de subordinación a Washington.

Y es entonces cuando sobreviene lo extraordinario: el representante del Partido Nuevo Progresista (PNP, de centroderecha), amigote de los opositores violentos de Venezuela y simpatizante de la estadidad (anexionismo), debió salir de Fortaleza por mandato popular, no mediante el ejercicio del voto sino con consignas como #RickyRenuncia y con cientos de miles de banderas boricuas, ondeadas con sumo orgullo. Según confirmó a BOHEMIA ArgosIs-COMITÉ Por la Descolonización de Puerto Rico, este 23 de julio, un millón de ciudadanos, de tres de la población total, con diversa gama de sectores y tendencias políticas, reclamaron en el Viejo San Juan su salida porque ya no lo encontraban capacitado, ni en lo moral ni en lo ético.

Los chats filtrados evidenciaron su perversidad homofóbica, racista y clasista, y también la de su claque. Muchas de las piezas claves del ejecutivo están además siendo investigadas por corrupción, saqueo de fondos públicos, venta de influencias y obtención de beneficios en el Gobierno, lo cual añade mayores cuotas al descontento, in crescendo por las medidas de ajustes neoliberales aplicadas para minimizar la bancarrota. Al calor de los acontecimientos, la dirigente del PIP, María de Lourdes, puntualizó: “Lo que está llevando la gente a la calle no es ese único incidente. Lo que está llevando la gente a la calle es la acumulación de sufrimientos”.

¿Qué puede venir?

Nuevas contiendas emancipatorias están por venir en Puerto Rico aun cuando no sea objetado su sistema. Es importante reiterar que en junio de 2017 los puertorriqueños, en un 97 por ciento (votaron solo medio millón de los 2,6 millones de electores habilitados), dieron el sí por mantener el “actual estatus territorial”. Este plebiscito no tuvo ningún carácter vinculante para el Gobierno estadounidense. Al igual que los anteriores, (los de 1967, 1993, 1998 y 2012), carece de compromiso alguno por parte del Congreso estadounidense.

Todavía no está claro que Pedro Pierluisi, secretario de Estado, sea quien asuma las riendas, hasta 2020. Él es miembro del mismo partido cuestionado y por lo tanto mantendrá la misma línea política incluida la anexionista, aunque es previsible, por un mecanismo de auto conservación, que tome algunas medidas “singulares”. Ya declaró a la opinión pública que se opone al recorte del bono que se otorga en Puerto Rico con motivo a las Fiestas navideñas.

Sin duda estos guiños populistas lo que buscan es apaciguar las revueltas, lo que pudiera ser un ejercicio medianamente infructuoso por cuanto el Frente Ciudadano por la Auditoría de la Deuda, Vamos y Dignidad, entre otras organizaciones sociales, le exigieron a la legislatura rechazar cualquier candidato o candidata a la gobernación que sea “sello de goma” de la Junta de Control Fiscal.

El peso de la Junta, no obstante, es enorme y tiene muchos tentáculos porque uno de los propósitos de ese organismo es velar por el pago de la deuda a los bonistas, afectados por la crisis de 2016, de modo que el caso Roselló bien puede haber sido una maniobra de un ala del PNP que busca mayores prebendas. Quizás en los meses venideros se desvelen nuevos episodios de esta trama.

Se especula que el actual presidente del Senado, Tomás Rivera Schats, miembro del PNP y afiliado al Partido Republicano de EE.UU., sea a la larga quien resulte investido como gobernador.

Pero ya ocurrió un desperezamiento de la conciencia que ojalá se reactive a contracorriente de las complejidades políticas internas, con sello propio aunque sumamente vinculadas a los péndulos de la carrera presidencial estadounidense. Dicha circunstancia pudiera ser aprovechada por las fuerzas de izquierda, o por los neonacionalismo (para algunos expertos la conjunción de independentistas con miembros y líderes de la oposición), que hoy en día son ciertamente minoría. Sin embargo, las grandes masas siempre son receptivas a la asunción de nuevos caminos cuando comprueba en la práctica que quienes los representan traicionan sus exigencias.

A corto plazo la puja esencial se perfila entre el Partido Popular Democrático (PPD) y el Partido Nuevo Progresista (PNP, al frente del poder). En el PPD puede ir ganando ascendencia Carmen Yulín, actual alcaldesa de la ciudad de San Juan de Puerto, quien es copresidente del comité de campaña de Bernie Sanders. Por su parte, el PNP pudiera recomponerse, a partir de intervenciones cautelosas sin dejar de asumir por principios la línea republicana, que inexorablemente deberá distanciarse de Donald Trump, debido a su nefasta imagen durante el huracán María. De cualquier manera los nuevos elementos del PNP de seguro se van a montar en los comentarios del magnate presidente de Estados Unidos de que Roselló era un “mal gobernador”, y entonces intentar convencer al electorado puertorriqueño que un PNP de “nuevo tipo” si será transparente y sí sabrá administrar lo que Washington da.

Esta filiación política ha sido cuestionada además por sus medidas intreguistas en el plano simbólico: en mayo de este año varios legisladores del PNP impulsaron el Proyecto 2084, que estipula la obligatoriedad de las instancias gubernamentales al uso indistinto del inglés y del español. Esto es una afrenta a la identidad nacional. En 1903 se estableció el inglés como idioma oficial de enseñanza (hasta 1948), y desde 1917 los boricuas tienen la ciudadanía estadounidense: su idiosincrasia se expresa en español, estipulada en 2015 como lengua oficial de la Isla.

Y es en estas pequeñas batallas donde puede ir remontando el PIP o el conjunto de la izquierda porque el sentido de pertenencia del borinqueño sigue siendo muy grande, lo cual quedó demostrado con creces en el casi espontáneo movimiento popular, donde se destacaron sus artistas quienes sienten y cantan en español y no en inglés. Precisamente esa raíz idiomática redimensiona el sentirse y ser puertorriqueño.

Como dice la calle: la suerte está echada. Por las redes sociales de la llamada Isla del Encanto se alude al entorno Iberoamericano y no al gringo. Por ejemplo por estos días circula un lema ilustrativo: ¡“Ayer éramos Macondo, hoy somos Fuenteovejuna”!.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda