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Publicado el 28 Agosto, 2019 por Prensa Latina en Opinión
 
 

Los G7 poderosos vuelven a fallarle al mundo

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Waldo Mendiluza/ Facebook
(Foto: Facebook)

Por Waldo Mendiluza *

París, (Prensa Latina) La cumbre 45 del grupo que reúne a las seis potencias occidentales y Japón (G-7) es ya historia, después de tres jornadas de trabajo en la suroccidental ciudad francesa de Biarritz sin que de ella emanara una pizca de esperanza de un mundo mejor.

Los anfitriones anunciaron un foro contra las desigualdades, pronaturaleza e impulsor de ‘un capitalismo más justo’, pero la realidad es que ese escenario nunca fue una posibilidad, simplemente porque los poderosos representan todo lo contrario.

Protagonismos individuales y maniobras políticas dominaron el panorama en una bunkerizada urbe, vigilada en cada rincón por uniformados y rodeada de personas descontentas que hicieron saber a los líderes de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido que no eran bienvenidos.

Incluso las buenas noticias, como eventuales progresos en la solución de conflictos que preocupan a la comunidad internacional, entre ellos la crisis en torno a Irán y la guerra comercial desatada por Washington contra China, dejaron un mal sabor, porque sugieren un triunfo del chantaje y de la amenaza.

MANO A MANO MACRON-TRUMP

Sin pretender ignorar a otros pesos pesados asistentes a Biarritz, como el premier británico, Boris Johnson, con su intento de renegociar el Brexit o la canciller alemana, Angela Merkel, y sus desvelos económicos, siempre se trató de eso, de un pulso entre el presidente Emmanuel Macron y su par Donald Trump.

París tenía muy claro que una cumbre exitosa o al menos tranquila dependía de la habilidad del jefe del Palacio del Elíseo de controlar al de la Casa Blanca, manteniéndolo contento.

Como olvidar el fiasco canadiense del año pasado, cuando Trump abandonó de forma prematura Quebec, insultó a Justin Trudeau y se negó a firmar la declaración final.

Además, el magnate inmobiliario había calentado el terreno desde semanas antes apelando a su incendiario Twitter, para escribir sobre ‘la estupidez de Macron’ por la iniciativa de fijar un impuesto a los gigantes de Internet -casi todos norteamericanos-, criticar su ingenuidad al enviar a Irán ‘señales equivocadas’ y amenazar con aranceles terribles al vino francés ‘porque después de todo el estadounidense es mejor’.

Cuando la reunión instalada el sábado 24 de agosto cerró sus puertas dos días después, los dos presidentes dejaron Biarritz con la seguridad de que consiguieron lo que buscaban.

Trump fue protagonista como él quería y dio señales de sentirse amo del mundo, capaz de doblegar a quienes lo desafían, mientras Macron presentó credenciales de estadista con su rol de mediador y evitó una cumbre escandalosa, lo cual con el jefe de la Casa Blanca presente era una posibilidad bien real.

LA CUMBRE

El gobierno francés había adelantado que el foro no tendría una declaración final, pero Macron -según admitió él mismo a la prensa- redactó de su puño y letra un breve documento y lo distribuyó a los mandatarios para su respaldo.

‘Habrá un seguimiento. Implementaremos un monitoreo independiente de los compromisos que hemos hecho en esta declaración’, esgrimió al presentar el texto de una página, que no recoge mención alguna a las desigualdades y al cambio climático, prioridades fijadas por el Elíseo de cara a la cumbre.

Tal vez el documento pase a la historia como un monumento al objetivo de no buscarse problemas, teniendo en cuenta que Trump ni siquiera se molestó en pasar por la sesión dedicada al clima, la biodiversidad y los océanos.

La noticia del evento, sin dudas, la posibilidad de un encuentro de Trump con el presidente de Irán, Hassan Rohani, para alcanzar un acuerdo sobre una crisis con mucho peligro de confrontación.

Hemos creado las condiciones para que esto suceda, dijo a periodistas con orgullo el mandatario anfitrión, quien el domingo 25 de agosto había conversado con el canciller persa Mohammad Javad Zarif, calificado en los medios franceses de ‘invitado sorpresa’, aunque en realidad nunca fue lo segundo.

Para darle crédito a Trump, Macron destacó el ‘buen resultado’ de la hostilidad de Washington con su retirada del acuerdo de 2015 sobre el programa nuclear iraní y el retorno a sanciones económicas asfixiantes, al ‘poner presión’ a Teherán y conseguir su voluntad de diálogo acerca de un pacto ‘con deficiencias’.

Respecto a la guerra comercial desatada desde la Oficina Oval contra China, el jefe de la Casa Blanca se jactó de ser el ganador, y con la postura desafiante de siempre aseguró que Beijing pidió retornar a la mesa de negociación.

‘Creo que China no tiene opción, el presidente Xi (Jinping) es un líder brillante y no puede permitir que el país siga perdiendo empleos y su sistema de comercio se venga abajo’, señaló.

Según dijo, de mantenerse el actual escenario, Estados Unidos recolectaría 100 mil millones de dólares en impuestos de Aduana, mientras China sumaría más pérdidas de puestos de trabajo, además de los tres millones de los últimos meses, que alegó.

Macron, luego de celebrar que las dos principales potencias económicas del planeta parecieran emprender el camino del diálogo, bajando así la incertidumbre en los inversores y la inestabilidad de los mercados, hizo un guiño cómplice a su par acotando que el G-7 coincidía en la urgencia de transformar las reglas del comercio internacional, para resolver ‘preocupaciones justas’ como las de Washington.

En ese sentido, mencionó la necesidad de reformar la Organización Mundial del Comercio, en función del respeto al trabajo y la propiedad intelectual, la solución de controversias y el combate a la competencia desleal, justo los ‘problemas’ que occidente le imputa al gigante asiático.

EL RECHAZO

La cumbre del G-7 contó con un amplio rechazo desde antes de su arrancada, con posturas como las del movimiento de la Francia Insumisa (FI) y el Partido Comunista de Francia.

En declaraciones a Prensa Latina, el dirigente de FI Christian Rodríguez consideró la reunión un club de ricos que decide al margen de los pueblos.

Se trata de un grupo que actúa de manera completamente paralela a la legalidad que se han dado los países en el marco de la ONU, y por tanto sus acciones carecen del consenso de la comunidad mundial, advirtió.

De acuerdo con el integrante del equipo internacional del bloque, uno de los más importantes del escenario político francés, resulta grosero que ante tanta pobreza y miseria en el planeta, estas potencias sigan representando los intereses de las élites y los millonarios.

También repudiamos que sus cumbres se produzcan acuartelándose en ciudades para evitar todo contacto con la población, señaló en alusión al despliegue de más de 13 mil uniformados en Biarritz.

Por su parte, el PCF condenó la cumbre de ‘los hacedores de las guerras, de las medidas de austeridad, los culpables de la pobreza y los que no tienen voluntad para combatir el cambio climático’.

Estamos frente a los que han tomado el camino equivocado para enfrentar los problemas de la humanidad, porque no es con la defensa del capitalismo financiero, los acuerdos de libre comercio y el cierre de las fronteras a los migrantes que puede hallarse la solución a los mismos, subrayó.

Desde el 19 de agosto, miles de pacifistas, defensores de la naturaleza y críticos del capitalismo coordinados por las plataformas G7 EZ! (No al G7) y Alternatives G7 protestaron en el país vasco francés y en Irún, en la vecina España.

Sobresalieron la llamada contra-cumbre, que tuvo lugar del 21 al 23 de agosto con conferencias y talleres, y una gran marcha el 24 de agosto -coincidiendo con la inauguración del encuentro del G-7- protagonizada por unas 15 mil personas con banderas y pancartas.

Los activistas exigieron a los líderes de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido que no pretendan regir los destinos del mundo y alertaron que los responsables de los grandes males de la humanidad no tienen voluntad para enfrentarlos.

En ese sentido, denunciaron las guerras, la destrucción de la naturaleza, las desigualdades crecientes y las crisis económicas y migratorias.

Además de las acciones coordinadas por G7 EZ! y Alternatives G7, otras organizaciones realizaron protestas en rechazo a las potencias y al impacto de sus políticas en el clima, la economía, la paz y el comercio.

Llamó la atención una peculiar marcha de retratos realizada el domingo para acusar al presidente Macron de no respaldar con hechos su discurso proecologista y contra el cambio climático.

En Bayona, una localidad del país vasco francés ubicada a ocho kilómetros de Biarritz, marcharon con fotos del mandatario que habrían sido robadas de instalaciones públicas, en un claro desafío al gobierno por sus políticas alejadas de lo que la humanidad necesita para enfrentar la degradación ambiental.

Tras un recorrido en el cual los retratos estaban cubiertos con papel cartón, los activistas los descubrieron y colocaron de cabeza, acompañados de una larga tela en la cual se leía ‘G7: Macron campeón del clima (esta palabra tachada) blabla (en rojo)’.

*Corresponsal de Prensa Latina en Francia

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