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Publicado el 17 Agosto, 2019 por Marieta Cabrera en Opinión
 
 

Sensatez

Por MARIETA CABRERA

Con lamentable frecuencia se publican en los medios de comunicación, y con mayor inmediatez en las redes sociales, reportes de accidentes ocurridos en la vía que ponen los pelos de punta. Volteados y aplastados como una lata de refresco tras un golpe seco, aparecen ómnibus, autos, motos y camiones, que confirman, tras ahondar en los hechos, cuánta irresponsabilidad anda sobre ruedas por las calles y carreteras de la Isla.

En Cuba, en los últimos 17 años, las estadísticas registran un promedio diario de dos fallecidos (alrededor de 700 cada año) y más de 31 lesionados por accidentes, cuyas primeras causas son no prestar la debida atención al control del vehículo, el irrespeto al derecho de vía y la violación de los límites de velocidad. Se suman la conducción bajo los efectos del alcohol y los desperfectos técnicos de los medios de transporte.

La existencia en el país de un parque automotor envejecido y heterogéneo es un factor potencial de riesgo de accidentes por la diferencia en la velocidad de movimiento. También inciden los problemas de la infraestructura vial y la señalización, los cuales, si bien son priorizados con recursos para mejorar los viales principales, no serán resueltos en el corto plazo.

Aun en este escenario, en 2018 se redujo el número de accidentes, fallecidos y lesionados, tendencia que se mantuvo en el primer semestre de 2019. Esa ligera disminución da fe de una labor más efectiva de los organismos y autoridades correspondientes en el enfrentamiento a la indisciplina y la escasa percepción de riesgo que abundan entre los usuarios de la vía.

No es casual que en 2018, según un informe de la Comisión Nacional de Seguridad Vial, los medios de transporte que más incidieron en la accidentalidad fueron las motos y los ciclomotores (motos eléctricas) –con un peso importante también en los indicadores del actual año–, pues muchos de estos últimos son conducidos por personas sin licencia para ello.

La Habana es, por supuesto, la provincia donde mayor circulación vial hay, lo cual se aprecia más luego de la reanimación del transporte público. Por las calles principales circulan metrobuses (los conocidos “P”), ómnibus de Transmetro, taxis Ruteros y microbuses Gacela, además de almendrones, y no es raro que algunos choferes realicen maniobras incorrectas con el fin de regatear el pasaje.

Ante tales comportamientos, y otros más punibles como la guapería que muestran algunos detrás del timón, quienes suelen pagar los platos rotos son los peatones, pues como promedio entre tres y cuatro son atropellados diariamente.

En estos casos pesan también las infracciones que cometen los transeúntes al cruzar la calle distraídos, conversando por un celular o con audífonos puestos, en las que incurren no pocos jóvenes. Llama la atención, sin embargo, que, según el citado informe, entre los peatones fallecidos predominan las personas mayores de 70 años, por lo que corresponde ante todo a la familia velar por la seguridad de sus ancianos y conocer si su estado de validez les permite cruzar solos una avenida con gran circulación de vehículos, sin riesgo para sus vidas.

Cada verano se convoca a extremar los cuidados, pues son más las personas que transitan por las calles, muchas veces con niños, viajan en ómnibus interprovinciales, o se trasladan a playas y centros recreativos en el transporte público. Insisto en esto porque en 2017 los accidentes masivos ocurrieron casi uno tras otro; y en el primer semestre de 2019, aunque disminuyeron en 13 y hubo 200 lesionados menos –en comparación con igual lapso de 2018– aumentaron en dos los fallecidos.

Con el propósito de reforzar la seguridad vial hace dos años se creó un grupo de trabajo integrado por varios organismos y autoridades, y se perfilaron medidas a corto, mediano y largo plazos, entre las que se incluyen fomentar la cultura vial de la población y revisar el Código Penal, a fin de modificar los marcos sancionadores por accidentes de tránsito.
Quien tiene la responsabilidad de garantizar a otras personas una travesía segura no puede coquetear con el peligro y arriesgar lo más valioso para todo ser humano: la vida.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera