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Publicado el 18 Septiembre, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Hong Kong. Dividir y ¿vencer?

María Victoria Valdés Rodda

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Existen evidencias sobradas de que la estadounidense Fundación Nacional para la Democracia (NED) sostiene al Movimiento de Derechos Humanos de Hong Kong, la Asociación de Periodistas de Hong Kong, el Partido Cívico, el Partido Laborista y el Partido Demócrata, factores claves en las manifestaciones violentas, publicitadas, sin embargo, como pacíficas y contrarias al supuesto autoritarismo “chino” . ¿Acaso los hongkoneses no forman parte de ese Estado?

Hong Kong volvió al seno de la República Popular China (RPCH) en julio de 1997, cuando le fue devuelta por el Gobierno de Gran Bretaña, que se la apropió como botín de la Primera Guerra del Opio, en 1842. A partir de lo acordado en la Declaración Conjunta Sino-Británica, quedó claramente establecido que esa isla pasaría a ser una región administrativa especial, y que la China continental recuperaba los poderes de soberanía y de administración.  

Por lo tanto, las legislaciones que se aplican allí actualmente no constituyen violación alguna a ningún derecho humano, por mucho que falsos periodistas, alentados por la NED y la CIA, digan lo opuesto. El pretexto de la revuelta resultó la ley de extradición para cubrir lagunas legales que el Gobierno local pensaba aplicar en contra de la impunidad de ciertos criminales. Y a pesar de que el controvertido proyecto se anuló, no se detuvo la violencia callejera. Hubo quien fue más lejos en un franco acto de entreguismo con reclamos al Congreso de los EE.UU. para que apruebe una ley defensora de la autonomía de esta ciudad china. En palabras de Geng Shuang, vocero de la cancillería de la RPCH, las protestas, que han ganado impulso desde junio de este año, constituyen una seria violación del “imperio de la ley” y ponen en peligro el orden social.

Hay una enorme expectativa sobre si Beijing mandará tropas para contener lo que a todas luces es ya una revuelta separatista. Recalquemos entonces que, de ocurrir esa posibilidad –descartada hasta ahora–, China no invadiría Hong Kong, porque es parte de ella. O sea, se trata de un problema interno. Según la Ley Fundamental de la Isla, la constitución de la ciudad, el Gobierno está legalmente autorizado a pedir ayuda al Ejército Popular de Liberación de China. Así que el grito a la “independencia” es un evidente ataque a la verdadera libertad nacional, instigado desde el exterior por el poder yanqui.

En ese sentido, este 5 de septiembre, la cancillería cubana emitió una declaración donde se reconoce que el retorno de Hong Kong a la soberanía china “constituyó un acto de justicia histórica y una expresión del espíritu pacífico de la República Popular China”.

También consideró que desde entonces, y con su estatus actual, Hong Kong ha formado parte inseparable de la República Popular China y ha logrado un sólido nivel de desarrollo con estabilidad y prosperidad económica, sobre la base de la implementación exitosa de los principios “una sola China” y “un país, dos sistemas”. Por tal motivo condena la injerencia foránea.

En 1991, Allen Weinstein, fundador de la NED, reconoció ante el Washington Post que “mucho de lo que hacemos hoy en día lo hacía la CIA de forma encubierta hace 25 años”. No sorprenden las banderas yanquis y hasta británicas desplegadas en las calles de Hong Kong por algunos “jóvenes patriotas”: alejados de preocupaciones legítimas y sí muy motivados por la ayuda financiera.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda