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Publicado el 4 Septiembre, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

India-Pakistán, un conflicto siempre latente

María Victoria Valdés Rodda

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Mientras las preocupaciones mundiales inclinan la atención hacia tópicos álgidos como la guerra comercial entre China y los Estados Unidos, la crisis humana del buque Open Arms o los nuevos ensayos balísticos de Corea del Norte, poco se dice sobre Cachemira. Existen fundados argumentos para prever altas probabilidades de un eventual estallido entre India y Pakistán, en disputa desde 1947 alrededor de una divisiva “línea de control”.

Su último enfrentamiento abierto fue en 1999, pero en realidad la zona “explota” cada cierto tiempo, por responsabilidad compartida por Islamabad y Nueva Delhi. Sin embargo, las más recientes tiranteces han corrido tras el anuncio del presidente indio, Narendra Modi,  este 5 de agosto, de la revocación de los artículos 370 y 35 A, que daban cierta autonomía a la zona conocida como Jamu y Cachemira.

Dichas normativas, insertadas en la Constitución india, otorga ciertas libertades: dictar sus propias leyes y hasta el uso de una bandera independiente. El Gobierno estadual establece normativas sobre la ciudadanía, como el derecho a la propiedad privada, mientras impone restricciones a los indios no cachemires, para adquirir propiedades o asentarse en el área. A India le corresponden los asuntos exteriores, la defensa y las comunicaciones. A tenor con el hecho, y en consideración del Partido Nacionalista Hindú, en el poder, “archivar el artículo 370 ha sido la corrección de un error histórico, el cual propició falta de desarrollo económico, de democracia y la perpetuación de la corrupción en el territorio”.

Nueva Delhi asegura, asimismo, batir el contrabando y el paso de armas para los diferentes grupos separatistas de origen pakistaní y afganos que operan en la Cachemira hindú (mayoritariamente musulmana). Allí se mueven además tanto el Talibán como Al-Qaeda. También se dice que se infiltran células del Estado Islámico; incluso un artículo de la BBC sostiene que, a partir de la debacle de Siria, “Cachemira puede convertirse en un nuevo destino del integrismo islámico”. Pakistán, por su parte, ha emitido mensajes de protesta ante la acusación india de estar tras bambalinas y ha declarado que “usará todas las opciones posibles para contrarrestar las medidas ilegales”. No obstante esta postura radical, el primer ministro pakistaní, Imran Khan, urgió a la ONU a mediar entre las dos potencias frente a lo que califica de una nueva crisis.

Pero ¿es para tanto? Las alarmas están en rojo, por cuanto no solo se juega “al son de odios históricos, territoriales o religiosos”, que constituyen sin duda elementos conflictuales. Lo preocupante en sí es la capacidad bélica de los dos países implicados. En el texto “Cachemira, a la sombra de Kali”, del experto Guadi Calvo, se sostiene que lo que ha convertido a la Línea de Control (LC), como el punto más sensible de la frontera cachemir entre India y Pakistán –el área más militarizada del mundo y una de las de máxima tensión– es que ambas naciones poseen armamento nuclear. Peligroso escenario entonces si el contrapeso se rompe.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda