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Publicado el 30 Septiembre, 2019 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Trump, el embustero en jefe

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

A veces no se sabe si uno está escuchando al mandatario de la superpotencia o al actor que improvisa sobre un escenario y de manera calculadora manipula los hechos con afirmaciones falsas para intentar convencer a sus interlocutores de que él es el mejor de los mejores. Donald Trump lo hace con tanta frecuencia, que muchos lo califican como el embustero en jefe.

Es tan patológico el cúmulo de falsedades que una investigación del diario The Washington Post hizo un metódico recuento durante 828 días para probar que el inquilino de la Casa Blanca faltó a la verdad en público en 10 111 ocasiones, es decir, unas 12 veces al día, 85 veces a la semana y 370 al mes, en ámbitos como discursos oficiales, mítines y tuits.

En las Naciones Unidas nunca un presidente estadounidense ha sido objeto de tantas burlas. Hay quienes comentan que cuando el personaje entre otra vez en el simbólico edificio deberá ponerse un “pinochómetro” para saber cuando expresa verdad y cuando mentira.

Allí, ante los jefes de Estado y de Gobierno, ha aseverado que “respeto el derecho de cada nación en esta sala a seguir sus propias costumbres, creencias y tradiciones. Los Estados Unidos no le dirán cómo vivir, trabajar o rendir culto. Solo te pedimos que honres nuestra soberanía a cambio”. Sin embargo, no deja de mostrar en su propio discurso la constante injerencia en los asuntos internos de varios países.

O dar fe del odio visceral que destila contra naciones que no entran dentro del modelo de “democracia” de Washington ni aceptan las presiones de su Gobierno, tales como Irán, Cuba, Nicaragua y Venezuela. Lo justifica con falsedades que ya no provocan asombro, por el cinismo con que las pronuncia, como que Cuba “saquea la riqueza de Venezuela” para mantenerse a flote, “el dictador Maduro es una marioneta cubana protegida por guardaespaldas cubanos”, o pide “a los venezolanos atrapados en esta pesadilla” que no olviden que EE.UU. “está unido apoyándoles”, como si no fueran sus órdenes ejecutivas las que pretenden matar de hambre y enfermedades a nuestros pueblos y llenar de sufrimiento a nuestras familias.

Otro ejemplo que dejó pasmados a muchos delegados en la ONU sucedió en la Reunión Global para Proteger la Libertad Religiosa, cuando Trump (que ha negado “la sal y el agua” a los musulmanes y son antológicas sus políticas para restringir la entrada de refugiados) manifestó pomposamente que “Estados Unidos siempre será una voz para las víctimas de la persecución religiosa, en todas partes. No importa donde vayan, tienen un lugar en los Estados Unidos”.

Por lo pronto, son tantas sus faltas que cerca de 160 congresistas han formalizado una investigación para juicio político. El gobernante, que solo piensa en términos electoreros, está confiado en que ese proceso reforzaría el respaldo de sus votantes, que le creen y aplauden todas sus mentiras y ya ofreció un vistazo de su defensa con un tuit: “¡Acoso presidencial!”’.

Y ¿saben una cosa? Trump reclama que le otorguen un Premio Nobel (con el apoyo entusiasta de Jair Bolsonaro). No le hace falta, ya él tiene un gran Premio Nobel… por su destacada aportación a la mentirología.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina