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Publicado el 18 Septiembre, 2019 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Venezuela, la mesa está servida

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Meses atrás, el Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos, radicado en Washington, desarrolló un encuentro con cerca de 40 antiguos y actuales funcionarios del Departamento de Estado, el Consejo Nacional de Inteligencia y el Consejo de Seguridad Nacional, junto con el almirante Kurt Tidd, quien hacía poco había concluido su gestión como jefe del Comando Sur, y, además, participaron representantes de alto nivel de las embajadas de Colombia y Brasil, así como enviados del autoproclamado Guaidó. El tema de la reunión era evaluar una potencial acción militar contra la Revolución bolivariana.

Desde entonces ha habido una espiral de tensiones con los intentos de golpe de Estado, las provocaciones aéreas y navales de los Estados Unidos y los conflictos en las fronteras con Colombia y Brasil. El propio presidente Donald Trump ha hablado de ejecutar un bloqueo naval contra la hermana república sudamericana.

La lógica de los acontecimientos de estas últimas semanas va marcando una matriz muy preocupante. No solo por las maniobras militares que el Comando Sur ha desarrollado con algunos de sus más cercanos aliados del Grupo de Lima, las visitas de su jefe, el almirante Craig Faller, a varios de los países más comprometidos con esa operación, y sobre todo sus declaraciones abiertamente agresivas a los medios de prensa en distintos momentos.

Faller señaló que está a la espera de la instrucción de Trump para “hacer lo que sea preciso” en Venezuela. “La marina de Estados Unidos está lista para actuar a favor de los intereses de Washington en Venezuela”… “No hablaré sobre los detalles de lo que estamos planeando y lo que estamos haciendo, pero estamos listos para implementar decisiones de política”.

Junto a todo eso, doce países de la OEA aprobaron la activación del órgano de consulta del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), una especie de OTAN americana que abre las puertas a la intervención militar. Algunos de los delegados de esas naciones han hecho farisaicas declaraciones para tratar de menguar la peligrosidad de la decisión, pese a que en la cita parte de los que se abstuvieron presentaron enmiendas para evitar una respuesta castrense, lo cual fue rechazado por ellos.

Como calificó esa decisión el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, “es una vergüenza y una grave amenaza a la paz y la seguridad de todos, el intento de un pequeño grupo de países de activar el TIAR, uno de los peores instrumentos de dominación de EE.UU., empleado para justificar agresiones e intervenciones militares en la región”.

No menos preocupante es lo que está sucediendo en la frontera con Colombia, cuyo mandatario se ha negado a dialogar para eludir una escalada del conflicto. Venezuela tiene pruebas de cómo en ese territorio se preparan terroristas para hacer ataques contra objetivos militares, civiles, institucionales, y para tratar de asesinar al presidente Maduro. Ya ha habido enfrentamientos fuertes con grupos paramilitares colombianos, además de frustrarse planes, como se denunció recientemente, de atentados terroristas con explosivos contra la sede de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), el Palacio de Justicia y una zona residencial del oeste de Caracas. Como se aprecia, la mesa está servida.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina