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Publicado el 14 Octubre, 2019 por ACN en Opinión
 
 

Constante pelea cubana por la felicidad del pueblo

@Aída Quintero Dip

@Aída Quintero Dip

Por Aída Quintero Dip / ACN

Ante las pretensiones imperiales de destruir la Revolución y asfixiar al pueblo mediante el recrudecimiento del criminal bloqueo de los Estados Unidos contra la Isla, Cuba persiste en su ancestral pelea por la felicidad de sus hijos como lo hace desde el primero de enero de 1959.

Se sabía desde entonces que el camino sería largo y difícil, lo vaticinó el propio líder rebelde Fidel Castro ante los congregados en el Parque Céspedes, de Santiago de Cuba, para proclamar y celebrar la victoria con los barbudos y un pueblo eufórico por la nueva vida que se avizoraba como únicos testigos.

Cada día de estos 60 años de poder revolucionario han sido de duro bregar y combate frontal por preservar la obra conquistada y la felicidad del pueblo, pero nunca se ha perdido la fe ni la esperanza de labrar un mejor futuro para los cubanos, aunque las circunstancias sean muy complejas.

La Campaña de Alfabetización fue una gran batalla en el campo educacional que abrió el horizonte del saber y el conocimiento de hombres y mujeres, quienes aprendieron no solo números y letras, sino que profundizaron en los ideales patrios para defender hasta con las uñas su porvenir.

Una concepción de unidad de milicianos y pueblo para salvar a la Patria se puso de manifiesto ante la invasión por Playa Girón, cuando con la sangre generosa de buenos hijos, el coraje de Cuba y la guía certera de Fidel se evitó que las botas mercenarias se adueñaran de nuestro suelo y se tronchara la felicidad que se disfrutaba.

Más cercano en el tiempo, durante el llamado periodo especial no se hizo más que pelear con todo el ímpetu e inteligencia posibles para salir adelante, cuando colapsó el campo socialista y el mundo pensó que el ejemplo de la tierra de Martí y tantos próceres insignes de la independencia también sucumbiría a los designios del imperio.

Pero un pueblo dispuesto a no perder su felicidad se irguió, multiplicó su ingenio y laboriosidad, acuñó proezas de toda índole y la Revolución se hizo más fuerte.

Cuba, la Generación histórica de la Revolución y sus continuadores tienen experiencia en desafiar peligros, buscar alternativas, seguir creando e, incluso, desarrollarse en difíciles condiciones, porque han contado con las manos y el corazón de los que aman y construyen.

El pueblo ha sido guerrero, artífice de esa lucha por la felicidad; sin su  altruismo, sentido de unidad y espíritu de resistencia y solidaridad no se habría podido llegar hasta aquí con la cabeza erguida, los principios intactos y la convicción de vencer.

La marcha inexorable de Cuba hacia el futuro vivió este 10 de Octubre otro momento sublime, cuando fueron elegidos los titulares de los órganos superiores de la nación para fortalecer el poder del Estado, que es el poder del pueblo, y reafirmar su soberanía con apego a la nueva Carta Magna.

Caridad García Rondón, profesora de Derecho de la Universidad de Oriente, opina que un país de Patria o Muerte como Cuba seguirá adelante contra viento y marea, en el interés de garantizar un porvenir cada vez más prometedor para su pueblo, como destacó el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, al tomar posesión de su cargo en una jornada simbólica y cargada de patriotismo.

Estoy convencida, añadió, porque en las manos del relevo está segura la misión de que la bandera de la Estrella Solitaria ondeará en lo más alto, y que serán fieles con el legado de quienes hicieron la historia y aún la engrandecen con humildad y ejemplo.

La estudiante de Higiene y Epidemiología, Dayneris Danger Segura, dice sentirse feliz de integrar el pelotón de jóvenes que ha tomado el estandarte de la Generación histórica de la Revolución para seguir enalteciendo la Patria, con su energía, talento, compromiso y firmeza de ideales.

Es que trabajar y luchar por la felicidad del pueblo es el único camino de sus continuadores para que este sui géneris proceso sea irreversible, faro para el mundo, y la hermosa obra construida se salvaguarde altiva como las palmas de los campos de Cuba, firme como la Sierra Maestra y su emblemático Turquino.


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