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Publicado el 11 Octubre, 2019 por Maryam Camejo en Opinión
 
 

Ecuador y la Revolución de los “Zánganos”

Marryam CamejoPor MARYAM CAMEJO

“Zánganos correístas”. Así tildó Lenín Moreno a los indignados que tomaron las calles en protesta por una serie de nuevas medidas económicas que supuestamente ayudarán al país a salir del endeudamiento en que se encuentra. Pero el pueblo no titubeó. Se levantó contra las normativas neoliberales. Ecuador ha hecho historia en el arte de sacar al Presidente de su puesto por medio de masivas manifestaciones. Y esta, si se diera el caso, no sería la primera vez.

Varios analistas habían advertido entre los próximos posibles escenarios el que vive hoy la nación andina. La estrategia de Moreno tras asumir la presidencia incluyó un giro hacia la antítesis de lo que Rafael Correa había construido en el Gobierno anterior. Lenín acudió al Fondo Monetario Internacional (FMI), y en marzo de este año firmó una carta de intención en la cual se comprometió a un fuerte ajuste fiscal, a revisar los subsidios a los combustibles y a una reforma tributaria.

Cuando finalmente se anunció la implementación de las medidas la reacción no se hizo esperar. Y era lógico. El paquetazo incluye la total eliminación de subsidios a los carburantes, como gasolina y diésel, vigentes desde hace más de cuatro décadas. Además, comprende también una contribución especial a las empresas con ingresos de más de 10 millones de dólares al año, disposición con la que el Ejecutivo pretende recaudar 300 millones de dólares.

A tono con la trayectoria del FMI, ese organismo neoliberal respaldó al mandatario y afirmó en un comunicado que las reformas “tienen como objetivo mejorar la resiliencia y la sostenibilidad de la economía ecuatoriana y fomentar un crecimiento sólido e inclusivo”.

Lenín Moreno declaró a Ecuador en estado de excepción por 60 días para contrarrestar las protestas, pero el apoyo ciudadano a estas ha ido en aumento. Los indígenas marcharon hacia Quito para unirse a la rebeldía y el político tuvo que trasladar la sede de su administración a Guayaquil, frente a la escalada de la crisis. El comunicólogo Amauri Chamorro, en un texto publicado en La Jornada, escribió: “Creyeron que la persecución en contra del expresidente Correa podría amedrentar a la gente y frenar cualquier tipo de manifestación. El error de esa oligarquía, incluida la servicial seudoizquierda ecuatoriana, nace del hecho de que  no conocen a las personas que habitan las calles y los valles del país. La respuesta a la Revolución de los Zánganos es la de endurecer el discurso y decir que el paquetazo va porque va y que en el estado de excepción las manifestaciones serán enfrentadas. Transformaron Ecuador en un avispero y eso será el fin del peor Gobierno de la historia del país”.

Mientras, Moreno se empeña en aseverar en redes sociales que se asiste a un intento de desestabilizar el Gobierno democráticamente elegido. Y tras atribuir la culpa de las “revueltas” a Nicolás Maduro y a Rafael Correa, llama a la calma, y no la consigue. “Fuera Lenín” es una de las respuestas más comunes que le dan en Twitter los compatriotas. Estalló la Revolución de los Zánganos, tal popularmente la llaman, como para demostrar que incluso el peor calificativo puede convertirse en honorable cuando la razón acompaña al denigrado.


Maryam Camejo

 
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