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Publicado el 15 Noviembre, 2019 por Liset García Rodríguez en Opinión
 
 

Más acá de una visita

Por LISET GARCíA RODRÍGUEZ

Manuel, un vecino de La Habana, cumplió su deseo de ver al Rey Felipe VI y a la Reina Letizia este 13 de noviembre. No quiso perderse esta oportunidad y desde temprano, igual que otros curiosos, llegó a la Plaza de Armas para esperarlos. Tampoco contuvo las ganas de compartir su alegría con los periodistas que formaban parte de la comitiva que acompañó al séquito real y de los que por la prensa nacional acudimos a dar cobertura al suceso.

Su padre, venido de la región de Oviedo en Asturias, siguió los pasos de parte de su familia, asentada en la Isla desde el siglo XVI. En sus idas y venidas desde la península tomaron la capital cubana como sitio de destino para encuentros y rencuentros. Larga historia puede contar de los numerosos oficios que ejercieron, incluidos cargos militares. Asturiano como su Majestad Felipe VI, se le antoja que quizás sean hasta parientes.

Lo cierto es que Manuel, también nombre de su padre y de muchos otros de sus antepasados, como en 100 años de soledad de García Márquez, donde tantos Aurelianos había, siguió de cerca, hasta donde el cuerpo de seguridad se lo permitió, el recorrido que hicieron los Reyes desde su llegada a la Plaza de Armas hasta el término de la ceremonia de condecoración al historiador Eusebio Leal. Este es un ser especial a quien mucho admira –y no solo él– por su gran desempeño como promotor de la cultura, la hispana en particular, que es –junto con la africana– tronco esencial de lo nuestro, y está reflejada y resumida sobre todo en la arquitectura de La Habana Vieja, y presente en la cocina cubana y en modos de ser.

La visita a La Habana y Santiago de Cuba de sus majestades sorprendió a unos cuantos. Desató críticas, dudas y  aplausos. Desafiar tantas opiniones es un gesto reconocible, pues vinieron pese a las discrepantes, cumplieron una intensa agenda y promovieron firma de acuerdos con sus anfitriones.

Marca un hito que puede estimarse trascendental, al ser la primera visita oficial a la Isla de un monarca español. El rey Juan Carlos I había venido en 1999 para asistir a una Cumbre Iberoamericana, y luego estuvo en 2016 entre los asistentes a las honras fúnebres de nuestro querido Fidel.

Reyes ha habido varios desde 1492, punto de partida de los complejos vínculos entre los dos países, pero durante más de 400 años de historia colonial la que algunos llaman Madre Patria solo trajo a Cuba edictos reales, ordenanzas, soldados, interventores para el saqueo, la humillación, el despojo y la muerte. Siglos de dolor, de exterminio de la población nativa, de evangelización forzosa, de explotación despiadada de esclavos cazados en sus tierras africanas… Pero también de siembra y asimilación de costumbres, de intercambio cultural, de crecimiento de simpatías humanas y mezcla entre todos los que fueron conformando la población de este archipiélago, con una combinación de colores, sabores y pareceres, en fin, el ajiaco que somos, como bien lo definiera el sabio Fernando Ortiz.

Sesenta años después de haber alcanzado el sueño de ser una nación revolucionaria, libre e independiente, sin amos a quienes rendirles culto ni pedirles permiso, ve llegar a los Reyes por primera vez, tras algunas escaramuzas y desavenencias de hace unos pocos años, que si ya quedaron en el pasado, sería saludable que fuera para siempre.

La realidad hoy es que las relaciones entre ambas naciones transcurren de modo favorable, en un ambiente de respeto mutuo, de diálogo para seguir tendiendo puentes culturales y comerciales, y propiciar una cercanía mutuamente beneficiosa, contando con ese acervo que nos une no solo por la lengua común, sino por los lazos históricos y familiares de tantas personas como Manuel, Isidoro, Leopoldo, Ignacio, José…

El contexto internacional, pese a lo complejo que es y está, favorece el intercambio, dado que el imperio estadounidense en su intento de borrar a Cuba, tan obsesivo como fracasado, se ha visto casi solo y aislado en la ONU al recibir la condena reiterada a ese bloqueo con el cual ningún país civilizado podría estar de acuerdo. Entre ellos está España, que sucesivamente lo ha rechazado desde 1992, y a partir de 1998 como Estado miembro de la Unión Europea.

También desaprueba la aplicación del Título III de la Helms-Burton. De hecho, al entrar en vigor este año y presentarse una demanda contra el grupo español Meliá –administrador de 32 hoteles aquí–, salió vencedor al quedar sin lugar el reclamo de indemnización, por considerarse sus  pretensiones extraterritoriales. Se adoptó así la primera resolución contra esa ley estadounidense archivada por un tribunal europeo.

El camino sigue abierto para el entendimiento y la colaboración. España es el principal socio comercial de la Isla en Europa e internacionalmente ocupa el tercer lugar. Solo en el sector turístico, cerca del 90% de las habitaciones de 4 y 5 estrellas son administradas por cadenas de ese país, y en materia de inversión se mantienen 49 negocios conjuntos, 12 en la Zona Especial de Desarrollo Mariel.

Se trata de otra etapa en la que se avanza de igual a igual, con soberanía, sin condicionamientos ni presiones, por el interés de cada parte de dialogar y ampliar las materias de intercambio. Y lo que más salta a la vista, se mantienen entre los dos pueblos lazos y afectos consolidados durante siglos, esos que son muy difíciles de romper.

Por todo eso es que algún reportero de la comitiva real se quedó con las ganas de encontrar a un solo poblador cubano queriendo protestar ante la presencia de Felipe VI y Letizia, como tampoco presenció que se les impidiera el paso a personas que como Manuel fueron a verlos. La realidad que encontró es otra. Reina la paz, y si es así, bienvenida sea, aunque hayan tenido que pasar 500 años.

 


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez