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Publicado el 23 Noviembre, 2019 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Torpeza y error estratégico

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Cuando, en 1991, se presentó por primera vez la denuncia cubana sobre el bloqueo en la Asamblea General de las Naciones Unidas se suscitó un ríspido intercambio entre el embajador estadounidense, Thomas Pickering, y el entonces representante de la Isla, Ricardo Alarcón de Quesada, debido a la frenética campaña de intimidación, amenazas y presiones desatada por Washington, que hizo imprescindible retirar la moción en aquel momento.

Pickering justificó la criminal política de asfixia contra el pueblo de la mayor de las Antillas con los argumentos que han utilizado los emisarios norteamericanos desde entonces: estas son medidas coercitivas que corresponden al ámbito bilateral Cuba-EE.UU., están dirigidas a beneficiar al pueblo cubano en la lucha por la “democracia y los derechos humanos” y sirven para defender las propiedades estadounidenses nacionalizadas por el Gobierno de La Habana.

Alarcón refutó una a una cada falacia esgrimida por el experimentado nuncio yanqui, reveló a la comunidad internacional elementos del abuso mezquino de la superpotencia contra nuestro heroico pueblo y vaticinó que la denuncia contra el cerco en ese escenario universal perseguiría a los Estados Unidos como una maldición.

Desde entonces, y en 28 ocasiones consecutivas a partir de 1992, la Asamblea General de la ONU ha votado cada año sobre la cuestión y Cuba ha expuesto ante el mundo su reclamo para poner fin a esta política hostil de Washington que, pese a las presiones del equipo de Donald Trump, ha recibido el rechazo de una abrumadora mayoría de Estados, la cual ha calificado al bloqueo de política absurda, ilegal y moralmente insostenible. La torpeza ha hecho que la superpotencia esté completamente aislada en la pretensión de rendir por hambre y enfermedades al vecino del sur.

Durante la pasada sesión de la Asamblea General, los días 6 y 7 de noviembre, más de 40 oradores en el debate, a título nacional y de bloques como los No Alineados, el G-77 más China, Caricom y la Unión Europea, a contrapelo de las reticencias y presiones de EE.UU., pugnaron por el levantamiento sin dilación de la brutal línea, ante el impacto humanitario que provoca en la población víctima, en flagrante violación del derecho internacional.

Hubo, además, coincidencias en la demanda acerca de la derogación de leyes de efecto extraterritorial, como la Helms-Burton, que afecta la soberanía de otros Estados, los intereses legítimos de entidades o personas bajo su jurisdicción y la libertad de comercio y navegación.

Como expresión de que las presiones para espantar a empresarios extranjeros y que importantes bancos no operen con Cuba constituyen una realidad, la prensa ibérica destacó la confirmación de la Junta Directiva de la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba, que aglutina a 260 firmas con negocios e inversiones en la Isla.

“Hay compañías que han recibido notificaciones de entidades de Florida en las que se advierte de que si hubiera cambios políticos en Cuba, se tomarían medidas contra quienes hoy hacen negocios con la Isla”, destacó uno de sus miembros.

Prácticas sucias y perversas

Tal y como comentó el presidente Miguel Díaz-Canel, las últimas medidas coercitivas trumpianas que buscan crear un ambiente hostil en nuestra sociedad muestran cómo “siempre el imperio acude a prácticas sucias y perversas”.

El bloqueo no solo nos hace mucho daño por la falta de relaciones económicas con los Estados Unidos, la principal economía del orbe y del hemisferio, sino también porque impide y dificulta las relaciones económicas con terceros países, especialmente en el ámbito financiero, y afecta todas las áreas de la vida económica, social y cultural de nuestro pueblo.

En casi seis décadas de aplicación, esta medida unilateral ha provocado perjuicios cuantificados en más de 922 630 millones de dólares, y solo de abril de 2018 a marzo de 2019 las pérdidas fueron valoradas en más de 4 343 millones de dólares.

La administración de Donald Trump ha desatado una persecución implacable. Sus miembros, mal asesorados por los mafiosos de Miami, que oportunistamente buscan que EE.UU. “les resuelva el problema”, creen que con la política de agresión tantas veces fallida van a lograr el propósito de destruir a la Revolución. Vuelven a incurrir en el error estratégico de subestimar la capacidad patriótica de quienes han logrado resistir todos los embates y las más cruentas amenazas, hasta la de un ataque nuclear.

Es tanto el odio que desde junio de 2017 el equipo de Trump ha emitido más de 180 medidas contra el normal desarrollo de nuestro país y contra la familia cubana, definidas en la ONU por el canciller Bruno Rodríguez como “no convencionales”.

Las más recientes sanciones incluyen la suspensión, desde diciembre, de los vuelos directos a Cuba, excepto a La Habana. Antes se eliminó el arribo de los cruceros, al igual que se prohibió el arriendo de naves a Cubana de Aviación y se aplicaron restricciones a las visas. También se limitó a 1 000 dólares trimestrales las remesas que los cubanoamericanos pueden enviar a sus familiares en la Isla.

De la misma manera, figuran las penalidades y presiones contra las empresas de tanqueros que transporten combustible a nuestro territorio y a las aseguradoras.

El informe a la ONU sobre el asunto destaca que la agresión financiera ha sido descomunal. Entre abril de 2018 y marzo de 2019 se registraron afectaciones al sistema bancario cubano por parte de 140 bancos extranjeros. En este período aumentaron en 12 las instituciones bancarias foráneas que se sumaron a las negativas a servicios aludiendo al bloqueo de los EE.UU.

No hay campo exento de ese rencor que inunda a esta administración, como los entorpecimientos al deporte, y más recientemente el memorando que prohíbe usar fondos del Gobierno federal en el intercambio biltaral en las esferas de la educación y la cultura.

Diversos analistas consideran que como Trump busca los votos de Florida, estado considerado decisivo en las elecciones, y también el apoyo ante un posible juicio político, ha permitido que la estrategia hacia Cuba sea dictada por determinados elementos de la comunidad cubanoamericana, en vez de que la promuevan los genuinos intereses nacionales estadounidenses.

Como explicó el canciller Bruno Rodríguez, la campaña electoral en el norteño país podría provocar que se acentúe el curso de la confrontación y las medidas adicionales de bloqueo, pero Cuba está preparada “para enfrentar la arremetida” y “segura de vencer”.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina