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Publicado el 9 Diciembre, 2019 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Retorno al desorden

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Cuba favorece una política migratoria que sostiene el derecho de que cada ciudadano viaje libremente de manera legal, segura y ordenada, decida su estatus, a la vez que está a favor de sostener relaciones fluidas con la mayoría amplia de los compatriotas asentados en más de un centenar de países que mantienen vínculos normales con sus familias en la Isla, y tiene la voluntad de viabilizar su participación en los proyectos nacionales.

La demostración de que este proceso de normalización migratoria es irreversible lo constituye el flujo creciente de quienes salen al exterior por motivos personales –más de un millón entre 2013 y 2019, aproximadamente cinco millones de viajes–, mientras que como expresión de esa línea de acercamiento con las comunidades cubanas, en ese mismo período hubo más de tres millones de ingresos de miembros de estas al país.

Según funcionarios gubernamentales, los casos de limitaciones para entrar al territorio o salir no llegan a la milésima del uno por ciento

De estos elementos se colige que hoy no tiene sentido la emigración irregular desde la mayor de las Antillas, pero Estados Unidos está haciendo un uso político con la reunificación familiar, pues casi el 90 por ciento de la comunidad cubana en el exterior reside allí.

El fenómeno migratorio entre la Isla y el vecino del norte sigue siendo un conflicto de alta intensidad, del cual se quiere achacar a La Habana la responsabilidad, cuando en realidad es Washington el causante directo de la inseguridad que han primado en las migraciones cubanas en estos 60 años, en tanto nunca ha actuado seriamente en el cumplimiento de los compromisos pactados para hallar una solución verdadera a este asunto.

Es ahora el Gobierno estadounidense quien ha vuelto a entronizar el desorden de la migración. La administración Trump ha echado por tierra en los últimos dos años todos los avances registrados con los acuerdos para enfrentar con efectividad las amenazas a la seguridad que se derivan de la migración irregular, y alcanzar relaciones migratorias normales, aunque aún quedaban las inconveniencias de la Ley de Ajuste Cubano de 1966, única de su tipo en el mundo para privilegiar la emigración ilegal

Esto es importante, porque esta normativa ha sido hasta el momento un estímulo a la emigración irregular, al tráfico de emigrantes, y a las entradas anormales en los Estados Unidos desde terceros países de ciudadanos cubanos que viajan legalmente al exterior, a los cuales, admitidos automáticamente en el territorio de la Unión, se les confiere un trato preferencial y único (por la Ley de Ajuste Cubano reciben subsidios financieros en estampilla de alimentos durante seis meses, oferta de empleo y la residencia automática a los 12 meses y un día), lo que también sigue constituyendo una incitación a las salidas ilegales.

Cuba, como casi todas las naciones vecinas de Estados Unidos, no estuvo ni está ajena a la creciente migración económica hacia ese país. Prueba de ello es que, conforme a datos del servicio norteamericano de inmigración y naturalización, entre 1948 y 1957 unos 80 000 cubanos se asentaron como residentes permanentes en su territorio. Los trámites legales para que un cubano emigrara a Estados Unidos antes de 1959 eran prolongados y rigurosos. El que ingresaba ilegalmente era perseguido por las autoridades y le esperaba sin remedio la expulsión o la prisión.

Pero desde 1959 las administraciones norteamericanas no solo depauperaron las relaciones bilaterales, sino que convirtieron los asuntos migratorios en un componente político subversivo y en un instrumento de agresión, al prohibir el libre flujo ordenado y seguro para alentar el show de la salida ilegal y la deserción, y crearle dificultades internas a Cuba con aquella personas que desean emigrar por razones muchas veces económicas o por reunificación familiar, para con la irritación y el descontento estimular una posible “fuerza antigubernamental”, a la par que Washington alienta una campaña internacional que distorsione la imagen del Gobierno revolucionario ante el mundo.

Eso es lo que bajo presiones de la mafia cubanoamericana y la élite de poder republicana vuelve a recrudecerse con medidas contra la familia cubana. Se levantan obstáculos para los que quieren llegar a Estados Unidos, con los consiguientes riesgos de extorsión, asesinatos y violaciones en terceros países. Lo peor es el estímulo para que la gente emprenda esa peligrosa aventura.

Según las propias cifras que surgen de las autoridades estadounidenses, en los últimos tiempos es devuelto solo uno de cada 13 de los migrantes cubanos ilegales, en franca violación de los acuerdos al respecto.

Bajo pretextos cuestionados por un importante segmento de la comunidad científica internacional, Trump redujo su personal diplomático en La Habana y cerró los servicios consulares, en una evidente maniobra que busca crear presión sobre las personas que desean viajar a EE.UU. con fines de reencuentro familiar o por razones de trabajo y que ahora deben tramitar su visa en un tercer país, lo que ha aumentado el gasto y las complicaciones para realizar este tipo de trámites, medida que, además, viola los acuerdos migratorios firmados anteriormente entre los dos países

En la actualidad, los cubanos que pretenden migrar definitivamente a Estados Unidos deben dirigirse a Guyana, para realizar allí los trámites correspondientes, sin la seguridad de lograr su propósito, e incurriendo en gastos que van desde los consulares, realizarse un chequeo médico por varios cientos de dólares, comprar un pasaje desde La Habana a Georgetown que oscila entre los 1 000 y los 1 200 dólares, así como la alimentación diaria por varias semanas, además del hospedaje.

También, en marzo, el equipo de Trump anunció una política más restrictiva para otorgar visas a los cubanos, y eliminar la concedida por cinco años con entradas múltiples. Los cubanos que quieren visitar a sus familiares en EE.UU. solo pueden optar por una visa de hasta tres meses, con una sola entrada, y deben solicitarla en una embajada estadounidense en un tercer país.

A todo ello se unen nuevas sanciones y restricciones al envío de remesas y viajes de medios de transporte a Cuba.

Las familias se han convertido en “rehenes” de esa hostilidad cínica y manipuladora en su infructuoso empeño por derrotar a la Revolución Cubana. Es una política cruel, causante de numerosas muertes e incontables sufrimientos humanos.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina