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Publicado el 17 Diciembre, 2019 por Delia Reyes Garcia en Opinión
 
 

Sistemas Integrados de Gestión: todavía en pañales

Por DELIA REYES GARCÍA

Dentro del tejido empresarial cubano ha avanzado poco la aplicación de los Sistemas Integrados de Gestión (SIG), que permite certificar tanto la calidad de los procesos productivos o de servicios, la preservación del medioambiente, así como la seguridad y salud del trabajo. A estos importantes eslabones en la actualidad se suman las gestiones de la energía, el control interno y la innovación.

De las más de 2000 empresas que existen en el país, solamente el 6,9 por ciento había logrado certificarse con los SIG, y en la mayoría de los casos, correspondían a entidades de servicios. Falta de recursos materiales y financieros, escasa cultura de gestión, limitada visión de futuro, son algunas de las causas del discreto avance, asegura a esta publicación Vivian García García, directora de la Oficina Territorial de Normalización en la capital.

Además de esos motivos, existen otros de fondo relacionados con el alcance de las regulaciones para implementar los SIG. Las normas ISO -siglas en inglés que identifican a la Oficina Internacional de Normalización- referidas a la implementación del sistema de la calidad, no son de obligatorio cumplimiento por parte de las empresas cubanas. Sin embargo, es un requerimiento indispensable para poder exportar, alcanzar competitividad y encontrar nichos en el mercado internacional.

Los organismos con mayor cantidad de entidades certificadas, aunque aún esas cifras resultan insuficientes y están concentradas en empresas de servicios de ingeniería y proyecto, pertenecen a la Construcción, Industria Alimentaria y Pesca, Agricultura, Industrias, Transporte, y el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos.

Las normas del SIG se aplican por igual a las empresas productoras que a las de servicios, lo cual provoca discrepancias con una parte de los empresarios del patio, en tanto consideran que las primeras necesitan muchos más recursos para cumplir con las regulaciones.

Si bien la directora de la Oficina Territorial de Normalización reconoce esas diferencias, insiste en que la política para los SIG ya está aprobada y es pública, y la dificultad más grande se encuentra en la implementación coherente de los sistemas, pues no se trata de una suma mecánica.

En el caso particular de la rama Alimentaria, salvo algunas excepciones, la industria se encuentra en condiciones muy desfavorables para poder certificar la calidad porque sus entidades están obligadas a cumplir con la inocuidad de los alimentos. Esto último constituye una asignatura pendiente tanto para el sector estatal como para las nuevas formas de gestión. La especialista anuncia que una nueva normativa sobre tan importante asunto entrará en vigor próximamente.

En el caso de la Salud Pública, reconoce, tampoco se ha avanzado lo suficiente en la certificación de los centros hospitalarios. Aunque existe una comisión de acreditación, solamente lo han hecho los que prestan servicios internacionales como por ejemplo, Cira García, Camilo Cienfuegos o el Centro Internacional de Restauración Neurológica.

Por su parte el Turismo, sector estratégico para el desarrollo del país, generalmente toma como referencias los modelos de excelencia y no los SIG.

Durante el IV Encuentro Internacional de Gestión y Dirección Empresarial, celebrado en el capitalino Palacio de las Convenciones, un panel integrado por estudiosos del tema profundizó en las perspectivas y retos de los SIG en el contexto actual.

Certificar la calidad de las producciones o los servicios, emplear adecuadamente los recursos financieros, energéticos; garantizar la seguridad y salud del trabajo, y el cuidado del medio ambiente, son requerimientos impostergables para impulsar de manera efectiva el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030.


Delia Reyes Garcia

 
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