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Publicado el 5 Diciembre, 2019 por Maryam Camejo en Opinión
 
 

América Latina

Suena un himno y es feminista

Dicen que se trata de un cacerolazo continental, si no global.

Maryam Camejo

“El violador eres tú” (1,2,3,4), “el violador eres tú”, (1,2,3,4 cuento en silencio). Se me eriza la piel. “El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer”, ya casi lo sé de memoria de tantas veces que lo he visto. Lo mandan por Messenger, lo comparten en Facebook, las mujeres hablan de eso por Whatsapp. Una amiga me dice “ponlo en Telegram”.

El himno del colectivo feminista chileno Las Tesis revolucionó las redes, se hizo viral y cientos de mujeres protagonizan las réplicas en otros países. España, Colombia, Paraguay, Francia, Estados Unidos, Alemania. Algunos se escuchan con variaciones más apegadas a esos otros contextos.

“Los culpables son la milicia, la prensa, los fiscales, los jueces, el presidente” dijeron en Paraguay de noche, luces sobre ellas. “Che rete chem ba’e” fue la frase final: mi cuerpo es mío, gritaban en guaraní. En Francia el colectivo #NouToutes siguió el cacerolazo feminista en París: “Le Coupable c’est toi”.

¿Y por qué Chile? ¿Y por qué las mujeres? ¿Y por qué la reivindicación?

El movimiento feminista en América Latina y Europa cada cierto tiempo ocupa los titulares de los medios. El movimiento Me Too en Estados Unidos, o el Ni Una Menos son algunos de los gritos más fuertes, gritos combustionados, que han hecho las mujeres en el continente.

Pero Chile hay que verlo en su dimensión profunda y particular: un país que ha vivido más de 30 años con la Constitución de la dictadura de Augusto Pinochet y ahora la gente ocupa el espacio público, los parques, las avenidas a golpe de carabineros. Vestidos de verde, escudo en mano, bastones policiales, bombas lacrimógenas para dispersar a la gente que protesta en las calles. Tiros a los ojos. Ciegos, ciegos, ciegos. Cada vez más ciegos. Parches en la cara que hablan por sí solos. ¿Será una orden “de arriba” disparar a la cara de los civiles? Parece que sí.

Según cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), al menos 3 mil 529 mujeres fueron asesinadas en 2018 por razones de género en 25 países de América Latina y el Caribe, aunque los datos reales podrían ser mucho más altos debido a que en algunos países solo se recopilan como feminicidios los cometidos por la pareja o expareja de las víctimas. En otros, ni siquiera ha sido conceptualizado y por supuesto, tampoco registrado como tal. El Salvador, Honduras y Guatemala ocupan los tres primeros puestos en el escalafón de femicidios en la región.

Era 25 de noviembre. La CEPAL dio a conocer estos índices y Las Tesis hizo su performance en Chile. Sí, era 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres.

La Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres y otras organizaciones feministas convocaron para esa fecha una marcha que desembocó en manifestaciones en más de 50 localidades de todo el país. Esta vez, la Red hacía un llamado a “no tolerar la impunidad en decenas de casos de violencia política sexual, perpetrados en el actual contexto político por militares y policías con la venia del gobierno de Sebastián Piñera, mayoritariamente contra niñas y mujeres, como también niños, cuerpos racializados y disidencias sexuales.” Para ese día el número de feminicidios ya era de 58 en el año.

Denunciaron además que las policías concentradas en reprimir han cancelado sus funciones habituales y se detuvo el registro de acusaciones por violencia y agresiones sexuales, se paralizaron los juicios en curso, dejaron de funcionar las medidas cautelares. “Si ya antes decíamos que no había un Estado que garantizara vidas libres de violencia para mujeres y niñas, ¿qué Estado puede existir cuando es el mismo aparato el que avala la continua vulneración de derechos humanos?”.

El performance de las chilenas viralizado con hashtags como #ElVioladorEresTú o #25N también llenó la Plaza de la Constitución en México, conocida como El Zócalo. Según la ONU, entre 10 y nueve mujeres son asesinadas cada día en México. De 2015 a la fecha, suman 3,578 feminicidios a nivel nacional. Solo de enero a octubre de 2019 se registraron 833 casos, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

A pesar de ello, el cacerolazo continental pareció gracioso a jóvenes jugadores del Club América Sub-17 de México. El video de ellos bailando, burla en pleno, con el estribillo “el violador eres tú” de backgraound musical, también se viralizó. El Club Amércia emitió un comunicado oficial donde declaró que investigará los hechos y se compromete con la capacitación en prevención de la violencia de género, pero ahí no radica la cuestión.

Citar el video, los jugadores, lo que les causa risa a tal punto que necesitan subirlo a las redes, habla de efectivamente una no concientización de la violencia que vive la mujer, si no en América Latina, al menos en México. La falta de sensibilidad y de empatía con el otro, o sea, con la mujer violentada de alguna manera, violada, maltratada, asesinada es común en los países de América Latina de diversas formas: en instituciones del Estado, en el aparato jurídico, represivo-policial o en el ámbito más privado.

No se trata de hacer generalizaciones, pecado a veces de muchos y muchas que también enarbolan la causa feminista, pero sin dudas, más que capacitación, merece, merecemos las mujeres que se cultive la cultura del respeto al cuerpo del otro, y de la protección.

América Latina y el Caribe tienen muy altas tazas de violencia hacia la mujer, que también se combinan con violencia estatal y política, como es ahora el caso de Ecuador, Brasil y Chile, por citar ejemplos. Más allá de los procesos mentales de quienes reproducen patrones machistas de comportamiento, la cultura y la educación pro derechos de la mujer -pro derechos humanos, entonces- debe ser institucionalizada, y la voz global a favor de esas transformaciones ¿puede ser objeto de sarcasmo, ironía, convertirse en chiste?.

Se trata, más bien, de uno de los grandes pendientes que resolver en las sociedades de estos países, y más que resolver, crear mecanismos de prevención, estructuras políticas, sociales, jurídicas, de protección y defensa a la mujer y, sobre todo, de una educación que rompa los esquemas discriminatorios, esos por los que suena el cacerolazo continental, ya casi global: “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”.


Maryam Camejo

 
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