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Publicado el 20 Enero, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

En Oriente Medio: otra vez las peras del olmo

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Desempolvando falsos argumentos, el emperador yanqui de turno avaló un nuevo crimen, el cual ha desatado las más disimiles opiniones sobre las probables derivaciones de esa “demoníaca” política exterior. El 3 de enero, Trump ordenó el lanzamiento de misiles Helfire de ojivas explosivas contra un enclave militar iraquí en donde murieron el general Qasem Soleimani, comandante de las fuerzas especiales Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, el segundo comandante de las Unidades de Movilización Popular de Irak, Al Mahdi al Muhandis, y nueve colaboradores. Empeñados, todos, contra el terrorismo de matriz islámica, engendro de otro mayor: El terrorismo de Estado norteamericano.

Tras el “asombroso” suceso se teme incluso una tercera guerra mundial, argumento que – en mi opinión- no se sostiene, incluso de escalarse las tensiones. Si bien Irán declaró que “buscará la venganza” (reiteradamente ha dicho que mediante puntuales acciones militares) y de que el Parlamento iraquí aprobó una resolución exigiendo la salida de las tropas yanquis, dichas respuestas nada tienen que ver con irresponsabilidad ni con tendencias autodestructivas. Sí con el patriotismo y con una valoración objetiva del papel que tienen en la geopolítica actual.

La reconfiguración mundial, signadas por la relevancia de Rusia y China, le confirman a Washington, a diario, los cambios en la correlación de fuerzas, en todos los órdenes. Circunstancias asimiladas precisamente por las naciones en sus diferentes radios de acción. Ese creciente desempeño euroasiático también pasa por las relaciones, incluso comerciales, con otros pesos medios, como son Israel, Turquía e Irán. De este último sobresale su, para nada despreciable, capacidad militar, desarrollada bajo la premisa de la autodefensa contra el sionismo y contra cualquier hostilidad que se oponga a su soberanía, que tiene también su expresión en transacciones financieras con monedas diferentes al dólar.

Teherán es otra constatación de que el poder imperial puede ser derrotado en varios importantes frentes. Ejemplo histórico concreto irradiado en vínculos culturales y religiosos, que a la larga han resultado superiores que cualquier propósito de restauración colonial. Cómo explicar si no que, a pesar de las aparentes eternas rivalidades, en este siglo XXI árabes y persas hayan decidido hacer frente común contra todos los terrorismos.

Vil asesinato… ¿uno más?

A partir de ahora, la resistencia se hará mediante la combinación de la fuerza armamentística más la cohesión simbólica alrededor del nuevo mártir, sin duda uno de los grandes antimperialistas del Levante. Y de sobra es sabido qué pasa cuando los pueblos identifican a uno de sus hijos con los mejores valores humanos. En el imaginario revolucionario, Soleimani era otro Che Guevara…Y paradójicamente las propias instancias democráticas, modeladas por Occidente, donde EE.UU. se incluye, e introducidas en Irak a partir de 2003, se han levantado unánimemente contra una presencia indeseada por cerca de 20 años.

En su atrofiado olfato para detectar la justeza de las rebeldías contra la opresión, el imperialismo volvió a lo que más le gusta hacer: asustar, presionar, mentir y usurpar.  Atrocidad dada ahora por la alevosía imprudente de incentivar guerras, que en el entorno de Iraq es peligrosamente nuclear. Y en ese ejercicio de verdugo “imbatible”, Trump ordenó disparar “amparado” en “indicios de inteligencia” de que se planeaban atentados contra los Estados Unidos, que según los propios mandos del Pentágono nunca fueron verificados…la misma mentira de toda la vida. Lo verificable en cambio sí es su violación del Derecho Internacional.

En el texto “El asesinato de Ghassem Soleimani por parte de Estados Unidos en Irak. Breves apuntes desde la perspectiva jurídica”, de Nicolás Boeglin, muy bien se señala que las autoridades iraquíes no fueron consultadas, lo cual es una afrenta a la soberanía territorial de un tercer país, incluso si se tratara de afrontar una amenaza colectiva como lo es el terrorismo. Las normas internacionales así lo estipulan. El analista enfatiza en que Washington interpretó a su conveniencia el Artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas (1945) que refrenda la “legítima defensa”. Boeglin destaca que la mentada normativa “no da margen alguno para una acción militar de un Estado contra otro Estado basada en una legítima defensa “preventiva” o “anticipada”.

Y aunque las tropas norteamericanas llegaron en 2003 para erradicar las supuestas armas químicas de Sadam Husein, permanecen en tierras de Babilonia, a pedido de su Gobierno, alrededor de cuatro mil hombres como apoyo a la lucha antiterrorista; Trump se pasó de la raya. Su virulencia ha suscitado la indignación de Bagdad, la cual solicitó, tal como divulgaron agencias noticiosas, que el Consejo de Seguridad de la ONU condene la incursión asesina dentro de su territorio, para que “la ley de la selva” no domine las relaciones internacionales.

¿Todavía alguien duda de por qué Oriente Medio está hastiado de la prepotencia estadounidense y del descaro con que roba sus recursos naturales, cuyo tesoro de petróleo, gas y agua lo hacen tan codiciado?  Aunque la vía de lucha difiere en ambos casos, los respectivos pueblos y gobiernos se guían tácitamente por el “ni un tantito así” del Che con respecto a la naturaleza del Imperialismo, “la que bestializa a los hombres, la que [los] convierte en fieras sedientas de sangre, que están dispuestas a degollar, asesinar, a destruir hasta la última imagen de un revolucionario, de un partidario de un régimen que haya caído bajo su bota o que luche por su libertad…” El mundo ha aprendido a sangre y fuego que el “nuevo” colonialismo no es tal porque sigue llegando junto con las tropas extranjeras y con las transnacionales.

Peter Koenig, activista por la Paz, subraya un aspecto crucial del asesinato de Soleimani asociado a la escalada de las acciones del complejo militar industrial: “La economía de EE.UU. sin la guerra es impensable. Por lo tanto, Oriente Medio es el campo de batalla eterno perfecto, una condición sine qua non”. Y a pesar de que a los aliados tradicionales de Washington les es funcional la beligerancia, muy especialmente a Israel, en esta oportunidad han asumido una postura de cierta distancia, salpicadas con llamados de atención hacia la mesura. Los pueblos árabes y persa, por su parte, exigen respeto, que es como “pedirle peras al olmo”; por lo tanto, solo resta combatir.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda