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Publicado el 16 Enero, 2020 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Mas agresión de Trump a la familia cubana

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

La lucha ideológica entre Cuba y Estados Unidos rebasa los marcos propios de las coyunturas y confrontaciones políticas de este último medio siglo, puesto que la contradicción entre soberanía y hegemonía es el factor determinante de las relaciones bilterales a lo largo de la historia.

Durante casi 60 años la mayoría de las administraciones que han pasado por la Casa Blanca han puesto en vigor miles de medidas agresivas, sobre todo económicas, para tratar de rendir por hambre y enfermedades al pueblo cubano, mientras que siempre utilizaron a la familia isleña como rehén para ver si logran doblegar a los patriotas y así destruir a la Revolución.

Con distintos pretextos, unas cuantas veces aduciendo que se trata de privar al Gobierno de La Habana de recursos y en otras ocasiones por una deleznable argumentación sobre la supuesta defensa de los derechos humanos de los habitantes de la mayor de las Antillas, Estados Unidos siempre ha usado el criminal bloqueo como la medida agresiva que se ha mantenido inalterable durante estos 60 años, provocando serios daños por las limitaciones al desarrollo y a la calidad de vida de la población.

Donald Trump, que se vanagloria –como lo hizo a principios de año en Florida–  de haber sido galardonado en su momento por los mercenarios de la Brigada 2506,  derrotados por el pueblo cubano en Playa Girón, cree que con sus presiones contra los cubanos de las dos orillas logrará complacer a esa extrema derecha que le agasaja y promete votos.

La política de aislamiento contra Cuba no ha logrado nunca el efecto deseado. Desde principios de 1962 altos funcionarios de la administración de John F. Kennedy se reunieron con gobernantes europeos para tatar de impedir el comercio y la transportación de cualquier producto a la Isla, exigiéndoles seguir la proclama presidencial de Washington No. 3447, del 3 de febrero de 1962.

Pero a pesar de las presiones, algunos de sus principales aliados (el Reino Unido, Francia, España, Canadá y Japón, entre otros) siguieron comerciando con Cuba, lo que llevó a Estados Unidos a presionar a la OEA para que se tomaran toda una serie de acuerdos incitando “a países que comparten los principios del sistema  interamericano” a que se unieran a la política de aislamiento económico del vecino del sur.

Ahora Trump quiere repetir esa historia, sobre todo con el arreciamiento de la Ley Helms-Burton.

Pero la ejecución de estas fallidas políticas siempre ha tenido  distintos grados de cuestionamientos por representantes de círculos gubernamentales y de negocios, así como por gran parte de la opinión pública, como se aprecia en estos momentos en las críticas abiertas al mandatario estadounidense tras la suspensión de los vuelos regulares y chárteres a la mayoría de los aeropuertos cubanos.

Ello se une a otras decisiones, como limitar los envíos de remesas u obligar a gestionar visas en terceros países, todo lo cual provoca graves afectaciones a la relación de la familia cubana.

Es tan necio e ignorante lo que están haciendo en la Casa Blanca y en las agencias del Gobierno de Washington que no quieren percatarse de que han vuelto a la semilla que sembraron Eisenhower y Kennedy y que la resistencia de los isleños hizo siempre infértil.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina