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Publicado el 22 Enero, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Una paz factible para la península de Corea

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Muchos años atrás una diplomática cubana en la República Popular Democrática de Corea (RPDC) daba testimonios sobre la capacidad de belleza y de trabajo de ese pueblo, que tantas presiones y penurias ha debido enfrentar por su determinación a andar con pies propios, sin injerencias extranjeras. La gran prensa, sin embargo, publicita únicamente sus ensayos balísticos, los que descontextualiza de sus raíces históricas y contemporáneas.

Por eso no extraña que el moderno concierto al aire libre en Pyongyang, con derroche de colorida pirotecnia, para esperar la llegada de 2020 cayera en saco roto de una prensa pagada por quienes apuestan, además, a desestabilizar la influencia de China en la región, pivote de la política exterior estadounidense en su obstinado deseo de reconfigurar el planeta a imagen y semejanza.

Y para triunfar en su propósito acude implícitamente a Maquiavelo: “El príncipe no debe cambiar las órdenes de sus antepasados, sino saber contemporizarlas con los acontecimientos”. De ahí que las artimañas con que indistintamente las administraciones yanquis se hacen acompañar en el diferendo nuclear coreano vayan desde provocadores ejercicios militares hasta tuitazos megalómanos de Donald Trump, aunque sin cambiar absolutamente nada, porque el objetivo esencial imperialista no ha variado desde la Guerra Fría.

Consciente de que desmilitarizarse sin garantías supondría un suicidio político e incluso un retroceso en la ganada independencia, Corea del Norte no se cree el cuento del Tío Sam, que lo cuquea sin comprometerse de lleno ni con su desarrollo ni con la paz. En cambio, se perciben señales amistosas del entorno más cercano: Corea del Sur. En ese sentido resalta la postura de su presidente, Moon Jae-in, quien expresó, este 7 de enero, su deseo de que su par norcoreano, Kim Jong-un, “visite pronto Seúl”.

Y si bien es cierto que aunar intereses es tarea difícil y compleja, dados los diferentes caminos ideológicos escogidos, la reunificación nacional siempre ha estado en el tintero, al margen de las contradicciones y las labores de zapa de Washington. En 2018, a partir de un intercambio al más alto nivel, emergió una declaración conjunta de desnuclearización, la que sería conveniente recuperar. Pero no existen garantías de total respeto, ya que la apuesta pacifista de la Casa Blanca en esa zona es más bien cosmética, con fines propagandísticos de política exterior. En ese ámbito raigal, Pyongyang retomó las pruebas misilísticas, actitud que según algunos no le ayudan a “limpiar” su imagen.

Pero la verdad debe ser dicha: la RPDC sigue estando en la lista de países considerados por los yanquis integrantes del “Eje del mal”. A todas luces, por empeñarse en el socialismo. Asimismo, continúa bajo la carga de sanciones internacionales, de ahí que sea un hecho alentador la posibilidad de un acercamiento bilateral cuyo escenario tiene como telón de fondo una buena noticia en el maremágnum de tragedias mundiales: la firma de la “fase uno” de un acuerdo entre China y los Estados Unidos con vistas a intentar poner fin a la guerra de aranceles. Y a mayor estabilidad general, mayor éxito de la conocida iniciativa china OBOR (One belt, One Road en inglés; Una franja, una ruta, en español), proyecto del siglo que redundará también en el progreso de la península coreana. Inteligente apuesta de Beijing, que alienta a la RPDC a abrir su economía, postura compartida también por Rusia, y Corea del Sur, esperanzada por los beneficios del ferrocarril euroasiático y por la posibilidad de nuevos mercados comerciales.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda