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Publicado el 19 Febrero, 2020 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

El monigote quiere probar fuerza

Lázaro BarredoPor LÁZARO BARREDO MEDINA

El regreso de Juan Guaidó a Caracas después de violar la disposición del Tribunal Supremo de Justicia, ha demostrado la existencia de dos Venezuelas: la constitucional, que busca salidas entre el Gobierno y una oposición pacífica, dentro de los cánones civilizados y democráticos; y la de una fracción antipatriótica y extremista que, estimulada por los Estados Unidos y sus aliados, pretende erosionar la paz y la convivencia ciudadana del país.

La reacción popular (incluso en la oposición) en rechazo a la factura entreguista de Guaidó y su grupo, prueba que estos personajes están en proceso de liquidación política y se sostienen gracias al apoyo financiero que les presta EE.UU. y, por supuesto, al robo que han hecho al patrimonio nacional.

Tras su retorno, Guaidó quiere probar fuerza. Anunció en el aristocrático municipio Chacao nuevas medidas de sanciones de la reacción internacional y las amenazas de escalar en la provocación con más guarimbas como “mecanismos de presión”, pese a que son cada vez más exiguas las respuestas a sus convocatorias.

Su envalentonamiento es fruto de las medidas de fuerza y chantaje. Es conocido que el periplo internacional de Guaidó estuvo a cargo de personeros estadounidenses con respaldo de una enjundiosa campaña mediática, y culminó sorpresivamente durante el discurso de Donald Trump sobre el Estado de la Unión ante el Congreso como “invitado especial”, y donde el ocupante de la Casa Blanca prometió entonces “aplastar” a la Revolución bolivariana de Nicolás Maduro, mientras Elliot Abrams lanzaba advertencias: “habrá consecuencias” si Guaidó no puede regresar…

Lo que la gran prensa escamotea a la opinión pública es que Venezuela, mientras tanto, ha estado inmersa en el logro de la estabilidad política mediante la Mesa de Diálogo Nacional y en esa confianza se inscribe el comentario del presidente Maduro: “Allá Trump con su bobolongo (bobo), con su títere (…) acá nosotros con Dios, nuestro señor Jesucristo y la Revolución bolivariana avanzando en la ofensiva”, a la vez que acusó a Trump de conducir a Estados Unidos a un conflicto de “alto nivel contra Venezuela”.

Muchos en Caracas catalogan al autoproclamado como monigote del imperio que demuestra cada vez más su condición de mercancía caduca ante la fortaleza de la Revolución bolivariana, la cual ha logrado desgastar sus maniobras antinacionales sin que haga falta arrestarlo, por ahora.

En su récord, el diputado de La Guaira ha violado con impunidad las leyes y la Constitución. Según juristas, podría ser acusado, por ejemplo, de usurpación del cargo de Presidente de la República y de competencias exclusivas como las relaciones exteriores; de llamados a la sedición y la violencia callejera; de asociación para delinquir con peligrosos criminales extranjeros; de intento de golpe de Estado, conspiración y otros crímenes de odio, además de traición a la Patria.

De igual manera podría ser inculpado de delitos de financiación con capitales de dudosa procedencia, apropiación de aportes monetarios cuantiosos por gobiernos extranjeros y de activos estatales en Estados Unidos y Colombia, además de malversación de fondos públicos en la administración de la Asamblea Nacional.

En fin, el servilismo tiene su precio, pero también su castigo.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina