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Publicado el 9 Febrero, 2020 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Las aventuras de Juan Guaidó

Lázaro BarredoPor LÁZARO BARREDO MEDINA

Tras la pérdida de prestigio al interior de Venezuela, donde cada vez más se le considera un fantoche y está implicado en varios escándalos de corrupción, el autonombrado presidente Juan Guaidó ha vuelto a escenificar el insólito ejercicio de entreguismo total y completo a Estados Unidos y sus aliados para servir de pretexto en la justificación de una intervención, que pide a gritos, a sabiendas de que sería un baño de sangre para sus compatriotas.

Guaidó se cree omnipotente bajo la sombrilla de Donald Trump y Mike Pompeo y burló una medida cautelar de prohibición de salida del territorio nacional que rige en su contra por parte del Tribunal Supremo de Justicia. El autoproclamado por la gracia de Washington y sus satélites se fue a pedir más agresión contra el pueblo venezolano a las capitales de Colombia, Bélgica, Reino Unido, Suiza, Francia, España y Canadá, hasta carenar en el seno de la claque de Miami, donde los mafiosos venezolanos y cubanos lo auparon para continuar la orgía antibolivariana y antimartiana.

Pero todo su periplo ideado desde Washington para tratar de rescatar la  estrategia diseñada contra la Revolución Bolivariana  no ha hecho otra cosa que rememorar aquella sentencia de que “Roma paga a los traidores, pero los desprecia”.

En Bogotá, tanto Pompeo como el mandatario colombiano, Iván Duque, usaron al escuálido para afianzar el argumento de calificar a Venezuela como “país terrorista” y proseguir en la escalada de agresiones que, con la descomunal campaña mediática, pretende presentar a la hermana nación sudamericana como un “Estado fallido”, además de prometerle más recursos para acciones desestabilizadoras contra el presidente Nicolás Maduro.

Deja perplejo la manera como esta gente actúa para complacer a sus amos. El golpista Julio Borges, por ejemplo, tras la entrevista con Pompeo y Elliot Abrams en Bogotá, prácticamente anunció que está en marcha un nuevo plan de magnicidio: “Estamos construyendo toda la fuerza para lograr vencer y eliminar para siempre el terrorismo en Venezuela que hoy se llama Nicolás Maduro”.

Luego vendría la maratónica gira europea y canadiense, adornada de mucha retórica e imágenes, pero con prudencial distancia. Los europeos están alineados con Estados Unidos, pero saben que Guaidó y sus secuaces han perdido su capital político.

No pocos analistas consideran que por esta razón, aunque el encargado se la pasó todo el tiempo esgrimiendo el estribillo de “necesitamos más sanciones por parte de la Unión Europea, como lo decidió Estados Unidos”, es poco probable que logre medidas de ruptura con el Gobierno legítimo de Caracas.

En Davos, por ejemplo, muchos lo vieron más como un petimetre manejado por los hilos de Trump. Para el columnista de The New York Times Mark Landler, “el venezolano […] pasó la mayor parte de su tiempo respondiendo preguntas sobre por qué no había logrado derrocar al señor Maduro”.

Es lógica la aprensión europea ante los desatinos oportunistas de estos “políticos” enriquecidos con los recursos recibidos. Según la agencia Reuters, Elliott Abrams dijo en el Departamento de Estado “que la administración es consciente de la falta de transparencia en el financiamiento de la oposición. Nos preocupan quiénes son todas estas personas y cómo hicieron su dinero”.

En Caracas, una comisión parlamentaria investiga. Ya veremos.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina