1
Publicado el 26 Febrero, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Siria, libertad en avance

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Cuando en Siria se libran batallas decisivas por la vida y la conciliación nacional, –donde inclusive Damasco ha contemplado la reinserción de aquellos rebeldes que no hayan cometido crímenes de lesa humanidad–, proliferan los agoreros que únicamente centran sus análisis en un supuesto futuro apocalíptico a consecuencia de la prolongada guerra. Se abstienen de enumerar los muchos logros que sostiene ese pueblo y Gobierno a pesar de la dura contienda. Apenas unos ejemplos: reactivación de la industria farmacéutica, Ferias comerciales, Fiestas Navideñas o la incorporación a las aulas de millones de niños. Las aproximaciones sabihondas solo cuestionan de dónde provendrá el dinero para la reconstrucción, pero para edificar algo nuevo, primero hay que vencer al invasor.

Y a veces pareciera que quienes se dicen imparciales no atinaran a pensar con claridad. Así, un informe elaborado por una Comisión Internacional Independiente de Investigación para Siria de la ONU, del 3 de enero de 2020, comienza con un relato verídico. En el fuego cruzado entre el ejército sirio y los terroristas, una niña de diez años escribió su testamento, temerosa de encontrar la muerte. El texto señala que esa “ha sido y sigue siendo la sombría realidad de decenas de niñas y niños en la República Árabe Siria”.

El episodio estremece, mas no nos confundamos: la guerra asesina de niños, como dice el poeta, se inició en contra de la voluntad de la nación árabe y de sus legítimas autoridades, y nació para derrocar al presidente Bashar Al Asad, a su proyecto social, y por sus recursos naturales. Venidos de todas partes, y pagados por Occidente y los Estados Unidos, los terroristas intentaron acabar con ese país. El estudio, que sin duda es un aporte al conocimiento de esa realidad, deja a un lado las verdaderas responsabilidades.

Y si bien es cierto que los niños no tienen la culpa del conflicto, es precisamente por ellos que el Gobierno y el ejército del pueblo junto a sus aliados emprenden una ofensiva difícil y compleja en los frentes de Alepo e Idlib. Difícil, porque los grupos terroristas están bien apertrechados, incluso con armas Made in Israel. Y compleja, porque la entrada en el terreno de Turquía y los Estados Unidos entorpece el éxito de las operaciones militares.

No obstante esas dificultades, el avance de Siria y Rusia es notable. Según reportes de Hisham Wannous, periodista de TeleSur, el 3 de febrero se retomó el control de la parte oriental de la carretera internacional estratégica Alepo-Damasco. Por su parte, la Agencia noticiosa SANA asegura que varias aldeas fueron liberadas como parte de la ofensiva antiterrorista Idlib, al noroeste del país. Ambas notas han sido corroboradas por el sitio ruso Sputnik que da cuenta de la recuperación gubernamental de un área de más de 600 kilómetros cuadrados en Alepo e Idlib.

Como se aprecia, los esfuerzos por la paz son enormes. Y es en ese sentido que el vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, desmintió las afirmaciones del mandatario turco, Recep Tayyip Erdogan, quien acusó a Damasco de bombardear a los civiles de Idlib dentro de la zona ocupada por Ankara. El funcionario recordó que Turquía “se comprometió a garantizar la neutralización de los terroristas”. Idlib forma parte de una de las cuatro zonas de distensión acordadas en mayo de 2017 durante las negociaciones en Astaná, tres bajo el control sirio desde 2018.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda