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Publicado el 31 Marzo, 2020 por Delia Reyes Garcia en Opinión
 
 

Coletazos a la economía insular

Por DELIA REYES GARCÍA

Además de los severos daños a la vida y la salud humanas, la COVID-19 provoca agudas afectaciones a la volátil economía mundial e impacta negativamente en el Producto Interno Bruto de las naciones. Los precios del petróleo van en picada, mientras se tambalea Wall Street. Cierran aerolíneas, hoteles, restaurantes…La Organización Internacional del Trabajo (OIT) vaticina un crecimiento exponencial del desempleo que afectará el bolsillo de millones de personas. Al igual que la pandemia, el crucero Zaandam sigue una azarosa travesía.

La secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcenas, aseguró que en la región se resienten las exportaciones, los precios de las mercancías, el turismo, los suministros y la inversión.

La economía cubana, al igual que el resto del mundo, ya recibe los coletazos de esta pandemia, agravada por el recrudecimiento del bloqueo económico, financiero y comercial que impone el gobierno de los Estados Unidos.

En medio de un proceso de actualización, y justamente cuando el país enrumbaba pasos hacia el ordenamiento monetario y cambiario, la reforma salarial y la racionalidad en los subsidios, la COVID-19 agrega un nuevo traspié a la economía insular. Pero, en las actuales condiciones nada es más importante que cumplir con el plan de Gobierno para el enfrentamiento al coronavirus, evitar el contagio y minimizar los daños sociales y económicos.

A diferencia de lo que sucede en otros países del continente europeo y en Estados Unidos, donde la propiedad privada escamoteó el derecho de las mayorías a la sanidad pública, en la Mayor de las Antillas ni un solo cubano queda desamparado. Las medidas en curso, tomadas por los distintos Organismos de la Administración Central del Estado, apuntalan un encadenamiento proactivo frente a la pandemia.

Recientemente el viceprimer ministro y titular de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández, precisó que en medio del complejo escenario que enfrenta el país, la economía no se detendrá, se redoblan esfuerzos para garantizar la producción de alimentos, medicamentos, líneas de aseo, materiales de la construcción; y continuarán las inversiones estratégicas que, una vez pasada la epidemia, tributen de manera expedita a la recuperación nacional.

Puntualizó que en las actuales circunstancias debe mantenerse el déficit presupuestario planificado; y acorde con las medidas implementadas en el sector presupuestado como el trabajo a distancia, hay que contener y reducir los gastos.

El presupuesto del Estado para este año proyectó 250 millones de pesos como reserva para gastos corrientes y transferencias de capital, con el objetivo expreso de respaldar decisiones de Gobierno que no pudieron preverse en la etapa de planificación, como es la actual situación sanitaria que enfrenta la Isla antillana.

El titular del MEP también acentuó que nadie está autorizado a incrementar los precios de los productos que se ofertan a la población, una medida que fue orientada desde septiembre del pasado año. Pero, a pesar de tal indicación, la población ha denunciado recurrentes incrementos de precios en productos agropecuarios como la carne de cerdo y otros, lo que precisa medidas más efectivas contra los inescrupulosos que aprovechan la coyuntura para medrar a costa de las necesidades del pueblo.

El impacto de la pandemia resiente en primer lugar al Turismo, y al resto de los sectores con los cuales estaba encadenado, entre otros, transporte, industria alimentaria y agricultura. La contracción de la oferta en el mercado internacional restringe las importaciones; a la par que las limitaciones para acceder a fuentes financieras y créditos comerciales externos provoca una disminución de los niveles productivos en las distintas formas de gestión y en la inversión extranjera.

A juicio de Gil Fernández el país tiene que enfocarse en las fortalezas internas como son la economía planificada centralmente, garantía de que los recursos no los mueva la lógica del mercado y vayan dirigidos a las prioridades identificadas por el país en beneficio de la población; la soberanía en la gestión de los recursos presupuestarios; una política social inclusiva; y una larga experiencia –de seis décadas- en la aplicación de medidas de ajustes ante el bloqueo impuesto por el gobierno norteamericano.


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia