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Publicado el 31 Marzo, 2020 por Maryam Camejo en Opinión
 
 

Iván Duque y la ñeñepolítica

Por MARYAM CAMEJO

Desde que los medios de Colombia llenaron cada rincón de las pantallas y los impresos con noticias, crónicas y predicciones sobre la COVID-19 se ha eclipsado el asunto del juicio a Iván Duque, quien ya acumula un índice de 70 por ciento de “des-favorabilidad”, y muchos lo califican del peor presidente en la historia de la nación sudamericana.

Duque enfrenta un futuro juicio que amenaza con destituirlo dada la poca popularidad que le queda y deslegitimar completamente al mandatario. Revelaciones hechas por el periodista Gonzalo Guillén, consistente en 25 000 pruebas –transcripciones de llamadas interceptadas legalmente– contra José Guillermo Ñeñe Hernández, hablan de un presunto entramado de corrupción para que el entonces candidato Iván Duque ganara la primera magistratura.

Álvaro Uribe, expresidente y mentor del gobernante actual, corrió a sedar el caos “aclarando” que él no sabía de las investigaciones contra el Ñeñe por vínculos con el narcotráfico, y que ni siquiera lo conocía. Debido a esto último también necesitó explicar que su mensaje de condolencias cuando el Ñeñe fue asesinado en Brasil se debió a una petición que le hicieron.

Sin embargo, para mayor lamento de Duque, ahora circulan sus fotos posando con el Ñeñe, el hombre que supuestamente compró los votos de un departamento para que el hoy cuestionado político venciera a su oponente de izquierda, Gustavo Petro. “Mandaron al narcotraficante el Ñeñe Hernández a comprar con sus dineros sucios los votos en La Guajira para Duque. La orden la dio Uribe. ¿Aún dudan que tenemos un presidente que ganó con trampas?”, dijo Petro.

Aunque todavía existe una polarización entre los senadores de si el escándalo acabará con su legitimidad, lo cierto es que a Duque no le va nada bien en su gestión. El aumento de los asesinatos de líderes sociales, el crecimiento del desempleo, las descubiertas fosas de falsos positivos, las cárceles a la esquina de un punto de no retorno por la crisis sanitaria… Un país que, sencillamente, se cae a tiros, a violencia, a golpe de corrupción.

Delirios económicos: las fantasías de Duque

He aquí otra de las zonas incómodas del presidente que han dado al traste con su imagen, cuesta abajo por un despeñadero. Por un lado, la aprobación de la reforma tributaria, basada en la idea de que al reducir los impuestos a los ricos se generarían más empleos, hasta el momento ha sido un fiasco. Y por otro, la ola de descontento social y la incapacidad de diálogo juegan en su contra.

Esto, las protestas, la (mala) gestión de la crisis por la COVID-19 y el escándalo por corrupción constituyen un cóctel molotov para el Gobierno de un hombre que, según varios analistas, preside, pero no gobierna; un hombre que carece de una hoja de ruta clara. Óscar Sevillano escribió para El Espectador que los meses de trabajo no le han servido a Iván Duque para que “conozca esa Colombia profunda que pide a grito entero ser escuchada, pero no a través de una plataforma virtual, sino presente y oído abierto, sin libretos y sin que medie un asesor presidencial o ministro, queriendo escribir los diálogos de quienes desean conversar con el primer mandatario”.

Es real: Iván Duque se precipita a pesar de que los medios solo hablen de Coronavirus y, tarde o temprano, la burbuja volverá a explotar.


Maryam Camejo

 
Maryam Camejo