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Publicado el 28 Marzo, 2020 por Maryam Camejo en Opinión
 
 

Vuelve el títere a su trono

Por MARYAM CAMEJO

Apología del olvido. ¿Será eso lo que subyace en los discursos de quienes celebran la reelección de Luis Almagro? En la antesala de una tragedia mundial a causa de la Coronavirus-19, y con Estados Unidos cerca de convertirse en el epicentro de la pandemia, la Organización de Estados Americanos (OEA) se reunió en su sede, en Washington, para definir quién dirigiría el organismo por los próximos cinco años, y Almagro ha vuelto a su trono.

Por desgracia, algunos olvidan –o manipulan– y el fallo de la memoria histórica sirve de suelo para edificar nuevas redes de mentiras. El hecho de que Almagro se levante frente a un micrófono a soltar líneas una detrás de otra sobre los derechos humanos resulta risible, o trágico, y los pueblos de América Latina no deberían jamás olvidar lo que ha significado la OEA con el fantoche. Podríamos hacer lista, punto por punto, de cómo ha sido la intervención de dicho mecanismo en procesos políticos complejos en la zona, mientras sobre otros ha guardado silencio.

La OEA es Almagro y Almagro es la OEA, pero con empleados a bordo; nadie se engañe. Y más allá, como bien se afirma, es Donald Trump, lo más rancio de la alta política norteamericana. Entre esas obsesiones delirantes de los últimos tiempos ha estado ciscar a Venezuela desde todos los ángulos posibles, e impulsar una intervención militar en ese país, olvidando –retomemos la palabra– que entre los estatutos del “Ministerio de Colonias” está precisamente la no intervención, porque “el territorio de un Estado es inviolable”.

Si alguien pretende hacer apología del olvido, ese es Luis Almagro, que muy poco o nada ha hecho verdaderamente para resolver la crisis política en Venezuela. ¿De qué otra manera podría entenderse que tal institución haya apoyado al autoproclamado Juan Guaidó? ¿Qué pasaría si todos los días algún hombre vociferase en medio de una plaza “a partir de hoy yo soy el presidente”?

Lo que sí ha hecho con éxito la OEA es fomentar y consolidar la polarización de la región; lanzar sospechas de fraude en los comicios de Bolivia, para que luego se evidenciara que no hubo tal; apoyar a un Gobierno en Honduras cuando sí se habían encontrado claras evidencias de fraude electoral, o apoyar el indulto a Alberto Fujimori. La lista es larga.

Bien lo dijo Ernesto Samper en su texto “OEA: ganó Almagro, perdió la región”: “¿Qué sentido tenía elegir un vocero regional de una región dividida, cercenada y polarizada ideológicamente? La respuesta es sencilla: asegurar el regreso hegemónico de los Estados Unidos de Norteamérica. Hegemonista y masoquista porque nunca habíamos sido tan maltratados como ahora por el imperio: muros de contención en las fronteras, migrantes expulsados, aranceles por las nubes, la lucha contra el cambio climático abandonada, la continuidad democrática en entredicho, la presencia militar extranjera asegurada, la paz de Colombia en la cuerda floja. Nunca antes, como hoy, había sido tan importante la integración y nunca antes, como hoy, habíamos estado tan desintegrados”.

Pero no todo está perdido. El rechazo de México a la reelección de Almagro, o la postura asumida por el presidente argentino, Alberto Fernández, con respecto a Unasur dan pistas sobre una creciente marea contra el avance de ese imperio en decadencia que hoy es Estados Unidos. Olvidar no se puede. La OEA ha demostrado su carácter instrumental para la política trumpista y los próximos cinco años no harán la diferencia.


Maryam Camejo

 
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