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Publicado el 2 Abril, 2020 por Delia Reyes Garcia en Opinión
 
 

Crimen de lesa humanidad

Por DELIA REYES GARCÍA

En Cuba “no escampa”. Aunque la sequía sigue haciendo estragos en campos y ciudades. Por solo enumerar algunas otras adversidades, un tornado que, justo el 27 de enero de 2019, afectó severamente varios municipios de la capital; y en los últimos meses los giros de rosca del gobierno de los Estados Unidos para recrudecer el bloqueo a la Isla.

Con el propósito expreso de asfixiar a la economía insular, de un plumazo el presidente norteamericano Donald Trump cortó el arribo de cruceros a Cuba, puso en vigor el Título III de la Ley Helms Burton, prohibió todos los vuelos hacia destinos en Cuba, con excepción de La Habana, limitó la entrada de remesas, arreció la persecución comercial y financiera contra terceros.

Como si fuera poco para esta pequeña Isla del Caribe, bloqueada por el imperio norteño desde hace seis décadas, ahora la epidemia provocada por el nuevo coronavirus que azota al planeta, obliga a trazar un Plan Nacional de Enfrentamiento a la COVID-19, con atinadas medidas para cortar la transmisión de la letal enfermedad, disminuir sus efectos en la salud de la población y el consiguiente impacto en la economía familiar y nacional.

Ante la situación sanitaria del mundo, el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), António Guterrez instó a levantar las sanciones impuestas a diferentes países, lo cual les priva del acceso a alimentos, suministros de salud y asistencia. Guterrez sostuvo que es el “momento de la solidaridad, no de la exclusión”.

También la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, abogó por suspender los castigos impuestos por Estados Unidos y la Unión Europea que impactan de forma negativa en la salud pública de las naciones afectadas por el coronavirus.

Como precisó el diario Granma, el Servicio Mundial de Iglesias se unió al reclamo de las numerosas organizaciones basadas en la fe y humanitarias que, en la potencia del Norte, demandan el inmediato levantamiento de sanciones impuestas por Estados Unidos que dificultan la respuesta a la pandemia de COVID-19 en la República Islámica de Irán, la República Bolivariana de Venezuela, Cuba y otros países.

Ojalá el presidente norteamericano gane sentido común y comprenda que en estos tiempos, con el nuevo coronavirus azotando a la gran mayoría de las naciones en el mundo, incluido los propios Estados Unidos, es un crimen de lesa humanidad mantener medidas coercitivas que intensifican los efectos de la pandemia, poniendo en riesgo la vida de millones de personas.


Delia Reyes Garcia

 
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