1
Publicado el 13 Abril, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

De denigrante a gesto asesino

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Escupir es una manera de evacuar saliva acumulada, la cual muchas veces suele estar acompañada de flema. Es este un acto desagradable y hasta cierto punto sucio, por lo que hacerlo contra una persona en particular significa desprecio. Así lo registra el entendimiento del lenguaje no hablado. Esta expresión ofensiva en situaciones de normalidad no pasa de ser personalizaciones de racismo, prepotencia y discriminación. Pero en tiempos de la COVID-19 se convierte en actitud criminal.

Vuelve otra vez el pueblo palestino a sufrir la premeditación y alevosía de un ocupante que intenta por todos los medios posibles vejarlo y aniquilarlo. No satisfecho con el apartheid diario, el sionismo israelí intenta propagar el Sars-Cov- 2 a través de una acción perversa y antihigiénica: la agencia noticiosa árabe WAFA denunció que “un grupo de colonos israelíes escupe en los automóviles en Al-Quds (Jerusalén), en un intento por propagar el nuevo coronavirus entre los palestinos”. Ante estos actos deliberados, émulos del peor terrorismo, el portavoz del Ministerio del Interior de Palestina, Qasan Nemar, ha reconocido la probidad de los comités populares locales que, lejos de abstenerse por el asco, acometen acciones de limpieza y desinfección. De cualquier manera, estas son actitudes inhumanas, critica el funcionario.

A tenor con el para nada aislado episodio, la Autoridad Nacional Palestina (ANP), estableció un comité para denunciar formalmente, y por los canales correspondientes, a los militares y a los colonos israelíes. A ello habrá que sumarle las quejas de la Sociedad de Prisioneros Palestinos, corroboradas por la fuerza política HAMAS, gobernante en la franja de Gaza, acerca de la línea roja que pende sobre la vida y la salud de sus compatriotas: Israel permitió el acceso a una de las cárceles a un médico positivo a la  COVID-19. Además, varios centros penitenciarios han cortado el suministro de materiales de limpieza, en áreas abarrotadas.

No son, sin embargo, estas las únicas reclamaciones: el grupo palestino de derechos humanos Al-Haq ha hecho urgentes llamados de atención para proteger a quienes califica de “los más vulnerables del mundo”. Alarma encendida frente a lo que vaticinan como “un desastre masivo inminente en caso de un brote generalizado de Covid-19 en Gaza, zona conocida como la prisión al aire libre más grande del planeta”, porque es apenas de 365 kilómetros cuadrados, con una de las densidades poblacionales más altas, léase dos millones de habitantes, con 1.4 millones viviendo en precarias condiciones y dependientes de la ayuda humanitaria internacional en ocho campamentos de refugiados.

Palestinalibre.org agrega que “la crisis de agua (menos del cuatro por ciento es apta para el consumo) y saneamiento causada por el prolongado bloqueo israelí contra esa tierra, socava la capacidad real para prevenir y mitigar adecuadamente los impactos de la pandemia”. Con estricto apego a la información veraz, es oportuno reconocer el empeño de las Naciones Unidas para apoyar, incluso con respaldos financieros, las medidas tomadas en los territorios palestinos por sus autoridades y pueblo. Pero como decía mi abuela, “una golondrina no hace verano”, porque Palestina necesita de una solidaridad de tal contundencia, que resulte capaz de congelar en el aire el mínimo intento de desprecio.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda