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Publicado el 24 Abril, 2020 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Decisión más peligrosa que la pandemia

Lázaro BarredoPor LÁZARO BARREDO MEDINA

Cuando el mundo se encuentra en tal vez la más complicada etapa del enfrentamiento de la Covid-19, el presidente Donald Trump aprobó, con alevosía, una directiva que proclama el derecho de EE.UU. prácticamente a la privatización en la explotación de los recursos minerales en el espacio y no reconoce el llamado Tratado de la Luna, acuerdo que gobierna las actividades de los Estados sobre las exploraciones y la extracción de esas riquezas en el satélite artificial del planeta y en otros cuerpos celestes.

El decreto, firmado en el peor momento posible, no solo le otorga el  derecho a Estados Unidos a usar los recursos espaciales, sino que ordena examinar con otros países en los próximos seis meses una propuesta de acuerdo norteamericano sobre el uso, el desarrollo y la extracción de esos recursos, toda vez que la Casa Blanca considera que el espacio, tanto legal como físicamente, es “un lugar único para la actividad humana y EE.UU. no lo considera un bien común global”.

El dictado imperial  de Trump es sumamente belicoso y como para que no quepa la menor duda de sus intenciones hegemónicas establece que “el secretario de Estado se opondrá a cualquier intento por parte de cualquier otro Estado u organización internacional de tratar el Acuerdo de la Luna como un reflejo o expresión del Derecho Internacional Consuetudinario”.

La Luna hasta hoy es “patrimonio común de la humanidad”. Existe un tratado aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes −más conocido como Tratado del Espacio−, que entró en vigor en 1967.

Este documento estableció las bases de la regulación internacional de las actividades cósmicas, creando de ese modo el marco del régimen jurídico actual del ámbito ultraterrestre y los cuerpos celestes, y se constituyó en la Carta Magna del Espacio. Actualmente son 17 los países que han firmado y ratificado este Tratado, que compromete a los países que operan en el exterior del planeta a compartir con otras naciones los recursos extraídos.

Con el objetivo de evitar que se convierta en objeto de controversias y disputas territoriales, el Tratado establece que “el espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrán ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera”.
De acuerdo con los estudios científicos, el espacio exterior representa una fuente inagotable de recursos. En los asteroides se pueden encontrar materiales que escasean en la Tierra, como el paladio, el platino o el litio, que se utilizan en la fabricación de los dispositivos móviles y cuya cotización está claramente al alza. También está la cuestión del helio 3; en la Luna hay grandes cantidades de este isótopo, que puede ayudar a crear la fusión nuclear estable, una posible solución para el problema energético de la civilización.

Como expresan con preocupación numerosos investigadores de estos temas, al considerar inaceptable esta providencia norteamericana, desde hace años EE.UU. intenta extender al mundo entero su legislación para apropiarse de esos medios, sosteniendo que todos los Estados deben cumplir las decisiones que toman los organismos judiciales de la Unión, lo cual constituye una agresión jurídica.

La superpotencia  está preparando para 2024 una misión de alunizaje para comenzar a poner en práctica su dominio,  tal como lo estableció tiempo atrás el plan de desarrollo estratégico del Mando Espacial de la Fuerza Aérea estadounidense, que busca establecer “el control sobre el espacio”, lo que incluye la capacidad de privar a otros Estados de su uso en caso de que sea necesario.

Así, ya está anunciado por la empresa estadounidense Intuitive Machines que prepara su misión lunar para octubre de 2021 y sus  ingenieros han seleccionado un área del Océano de las Tormentas que cubre más del 10 por ciento de toda la superficie del satélite artificial y tiene una gran variedad de características geológicas.

Este comportamiento ha provocado rechazos en la comunidad internacional. “Cualquier intento de privatizar” el espacio exterior es inaceptable, dijo el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, mientras que Serguéi Savéliev, director general adjunto para la Cooperación Internacional de Roscosmos, la agencia espacial de la Federación, señaló que esos intentos de expropiar el espacio ultraterrestre y los planes agresivos para apoderarse de los territorios de otros planetas difícilmente lograrán  que los países cooperen de manera fructífera y será un entorpecimiento  grande.

Indudablemente, decisiones como esta traerán consigo el incremento de la militarización espacial, que se gesta desde hace varias décadas. Se va a desatar más aún la carrera de armamentos, ante la ausencia de un marco jurídico legalmente vinculante  que garantice  el uso estrictamente pacífico del espacio, y permita la prevención del emplazamiento de armas en tierra, agua y aire que pueden alcanzar objetivos en el espacio, o bien armas desplegadas en el espacio que pueden destruir objetivos en la Tierra y en el espacio, incluidos misiles y otros objetos peligrosos.

Por lo pronto, ya el Gobierno estadounidense anunció, por voz del  subsecretario de Estado para la Seguridad Internacional y No Proliferación, Christopher Ford, que en Estados Unidos “no excluimos el uso de armas nucleares en respuesta a un ataque contra elementos claves de nuestra infraestructura espacial”.

En sus declaraciones a los medios, el alto funcionario norteamericano subrayó que “nuestros potenciales adversarios necesitan saber que no hay nada diferente en este sentido sobre ningún componente de la infraestructura espacial de EE.UU.…Cualquier intervención o ataque perjudicial contra los componentes de nuestra infraestructura espacial, en cualquier momento, aunque se lleve a cabo con armas no nucleares”, podría ser tomado como un “ataque estratégico significativo no nuclear, y conduciría a una escalada significativa y potencialmente drástica de una crisis o conflicto”.

La humanidad  hoy está enfrentando una crisis planetaria con la epidemia de la Covid-19, pero Estados Unidos persiste en provocar otro de impredecibles proporciones. Si para Washington el espacio exterior es una de sus principales prioridades, para otras naciones, como Rusia, China, Gran Bretaña, los miembros de la Unión Europea, Japón y la India, resulta un reto ampliar sus capacidades en igual sentido y modernizar sus medios espaciales.

En la era tecnológica de la inteligencia artificial la locura de las armas y las conquistas coloniales aceleraran más los peligros para la especie humana.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina