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Publicado el 23 Mayo, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

ÁFRICA: Un continente seguro de sí

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Una red de 500 kilómetros de vías navegables por el río Níger conectaban allá por el Siglo XII a la ciudad de Tombuctú con la mítica Yenné-yeno, hoy asentamientos de la actual Malí. Los arqueólogos europeos, asombrados con las evidencias, no podían concebir lo irrefutable: África ya era antes del colonialismo.

A través de esos caminos de agua florecieron el comercio y la vida cultural de una de las zonas más prolíficas en todos los sentidos, pero luego, tras la aparición de los primeros tratantes de esclavos, la leyenda de oropel se transformó en una de lucha por la independencia. La imposición extranjera fue combatida con tesón y la historia recoge episodios de elocuente dignidad.

En 1898 –época en que Cuba libraba la Guerra Necesaria con el concurso de los descendientes de un millón 200 mil esclavos africanos–, tuvo lugar, por ejemplo, en Sierra Leona la conocida rebelión contra el impuesto de las cabañas, debido a los altos aranceles al alquiler. Este despojo, mediante pagos en especies o en efectivo, les permitió a los colonialistas que los propios nativos asumieran el costo de las carreteras, las ciudades, los ferrocarriles y otros servicios de infraestructura. Bai Bureh, héroe local, se negó a reconocer el impuesto. Ante una pregunta de la prensa, el entonces gobernador británico del territorio, Frederic Cardew, declaró que la resistencia tenía lugar porque crecía “la conciencia política de los africanos al tiempo que ganan mayor confianza en su valor y autonomía”. Y esa autoafirmación se mantiene incólume.

Hermanados por la sangre

Si bien los hijos del llamado continente negro son guerreros frente a quienes intentan avasallarlo, suelen por el contrario ser hermanos de quienes le tienden mano. Por eso esta comentarista quiere conmemorar otro 25 de Mayo, Día de África, con pasajes hermosos sobre la solidaridad entre la Mayor de las Antillas y la cuna de la civilización.

Al momento de redactar este comentario, la COVID-19 superaba los 80 mil contagios y los dos mil 700 fallecidos, concentrados en Sudáfrica, Egipto, Argelia y Marruecos, tal como reportó el Centro Africano de Control de Enfermedades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido sobre las terribles secuelas resultantes de la  pobreza y el subdesarrollo, que se agravarán si no se les brinda ayuda desinteresada. Cuba, estado socialista que tiene a la salud como uno de los derechos fundamentales del ser humano, sigue “marcando pauta”.

La totalidad de las brigadas médicas desplegadas en 30 países africanos se han puesto a disposición de las autoridades locales para apoyar en el tema sanitario epidemiológico del momento. Además, varios colectivos del destacamento “Henry Reeve” han sido enviados para contribuir en la lucha controlar al Sars-CoV-2. A sitios como Sudáfrica, a donde el 27 de abril llegaron 216 especialistas. Toda una proeza mancomunada, si se tiene en cuenta las fuertes presiones del imperio yanqui. La Casa Blanca de Donald Trump y Mike Pompeo continúa tratando de minar la limpieza de nuestros vínculos, regados con la sangre de más de 300 mil internacionalistas nuestros.

Pero como bien dijera un connotado racista, el gobernador Cardew, los africanos se precian de valor y autonomía. Cualidades que alientan a los africanos y los empujan a respaldar consecutivamente, cada año, a los cubanos en el escenario multilateral en su brega contra el bloqueo de los EE.UU., que tratan infructuosamente de que unos y otros claudiquemos.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda