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Publicado el 9 Mayo, 2020 por Maryam Camejo en Opinión
 
 

Bolsonavirus: una crisis política

Por MARYAM CAMEJO

Se trata de una crisis de la ultraderecha brasileña. La renuncia de Sergio Moro a su cargo de ministro de Justicia es la muestra más diáfana de que las élites que condujeron a Jair Bolsonaro al poder podrían estar considerándolo un estorbo, y quizás el antiguo cofrade del presidente se convierta en el nuevo adalid para asegurar que el aprieto político no llegue a sacar a la derecha de los altos cargos gubernamentales.

Bloomberg considera que Moro necesitará ahora todas las habilidades que adquirió durante su tiempo como juez a cargo de la llamada investigación de corrupción Lava Jato, la cual le granjeó la atención del público. Desde que la Corte Suprema otorgó permiso a los fiscales federales para investigar sus reclamos, se ha dedicado por completo al caso. Al mismo tiempo, está siendo investigado por difamación por la Oficina del Fiscal General, por sus acusaciones contra el gobernante.

“Moro, el juez que aceptó gustoso ser ministro de Justicia del mandatario luego que sin causa encarcelara al expresidente Luiz Inacio Lula da Silva para impedir que compitiera en las elecciones, dejó el cargo luego de que el propio Bolsonaro echara al jefe de la Policía Federal. La medida era resistida por Moro desde hace un año y tiene como objetivo salvar a los hijos presidenciales”, escribió la investigadora brasileña Juraima Almeida.

Otras voces advierten sobre una atmósfera pesada en el Palacio de Planalto, donde se asegura que el próximo que dejará su puesto será el titular de Economía, el neoliberal Paulo Guedes, quien en su momento se desempeñó como docente en la Universidad de Chile bajo intervención militar de Augusto Pinochet.

Lo primero para tener en cuenta en los movimientos ajedrecísticos de Bolsonaro es que dos de sus hijos se encuentran bajo pesquisa. Carlos, por un coordinado ataque de fake news contra al Supremo Tribunal Federal; supuestamente es responsable de una granja de trols conocida como Gabinete del Odio. Y Flavio, por sus estrechos vínculos con una banda parapolicial y de sicarios, que, entre otros delitos, está relacionada con el asesinato de la concejala Marielle Franco y su chofer. Debido a ello, analistas opinan que Bolsonaro necesita a una persona de confianza como jefe de la Policía Federal, órgano auxiliar de la Justicia en Brasil.

Teorías de futuro

Sobra decir que la crisis en la nación sudamericana es la del modelo neoliberal, burgués, que despoja al Estado de los mismos recursos que necesita para gestionar, por ejemplo, una pandemia.

La máxima expresión del caos, el propio primer magistrado exhortando a salvar la economía, en medio del megacontagio, con la demanda de no confinar a los ciudadanos por una “gripecita”.

Para algunos analistas, especial atención merece la forma en que Moro salió del cargo: con una defensa del Estado de Derecho, y reconociendo explícitamente el compromiso de gobiernos anteriores, como el Dilma Rousseff y el de Lula da Silva. Algunos “optimistas” piensan que ese es el indicador de que pudiera darse un gran acuerdo entre centro e izquierda.

Sin embargo, la postura diagnóstica del politólogo Emir Sader parece ser más acertada cuando afirma que a causa de la aguda crisis, todo lo público se ha vuelto a fortalecer, porque el mercado no responde; “no son los empresarios, sino que es lo público. Creo que al final de esta pandemia habrá una disputa de reconstrucción nacional”. La fuente estima que al final del crack los neoliberales intentarán un ajuste que retome las políticas basadas en el mercado, “pero ya no hay de dónde sacar, así que el consenso neoliberal ya ha sido cambiado en Brasil”.

Esta conclusión resulta más lógica –opina esta comentarista– que el posible escenario de un cambio de estrategia con los movimientos de izquierda, sobre todo teniendo en cuenta los precedentes de que Lula fue condenado injustamente y Rousseff sacada del Gobierno para restaurar una economía de ajustes y pérdidas para los pobres, con inyecciones de capital al mercado, privatizaciones y luchas selectivas contra la corrupción.

“Lula es el que tiene la gran audiencia nacional en términos políticos. Se está construyendo un amplio frente de oposición para ver cuál es la mejor vía para tratar de sacar a Bolsonaro –explica Emir Sader–; sin embargo, la derecha prefiere militarizar desde adentro el Gobierno, en lugar de plantearse la salida de Bolsonaro. El país está a la deriva, pero no hay en el horizonte alternativa de sustitución que tenga hoy un frente político sólido que la sostenga”.

El también sociólogo afirma que los militares que ocupan los cargos en el gabinete tienen poder de veto, pero no pueden gobernar, no pueden tomar medidas ni plantear líneas. Están simplemente en una situación de neutralización de las políticas más extremas de Bolsonaro.

¿Cómo entonces gobierna el no-presidente”?

Victoria Darling, profesora de la Universidad Federal de Integración Latino-Americana de Brasil, responde esta interrogante en tres claves, ejes para entender qué le permite a Bolsonaro mantenerse “a flote” cuando las cabezas están rodando a su alrededor y es evidente el deterioro de su administración.

En primer lugar, Darling considera que mantiene una inquebrantable alianza con el actual presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, única explicación posible para que este no haya dado cauce a ninguna de las veinticuatro acusaciones de juicio político contra el mandatario. “Este vínculo personal y político contiene la clave que asegura el congelamiento del impeachment”.

Por otra parte, el segundo frente que esgrime Bolsonaro para mantenerse en el palacio de Planalto es el apoyo del “Centrão”, un grupo de partidos que, con sillas, votos y capacidad de articulación en el Parlamento, se encuentra a disposición del Ejecutivo para dar sustento y legitimidad a cambio de favores e incentivos.

Y en último y tercer lugar, cuenta con el apoyo de intereses corporativos que representa: empresas que conforman el llamado Grupo Brasil 200, y que lo apoyan abiertamente desde las elecciones hasta hoy.

Victoria Darling aclara que para un juicio político a Bolsonaro se requiere de una denuncia que se encuadre legalmente en un crimen de responsabilidad –tipificado en la Constitución–, luego es preciso que esa acusación sea aceptada por el presidente de la Cámara de Diputados. Es él quien puede y debe, si acepta, darle cauce para el análisis en una comisión convocada para tal fin. Diez días después, la comisión expide un dictamen, y si así lo hiciera, comienza el proceso de juicio, con acusaciones y espacio para la defensa.

El Bolsonavirus está conduciendo a Brasil a una debacle sin precedentes no solo en términos económicos y políticos, sino también sanitarios. Recordemos que, entre otros desaguisados, echó a los médicos cubanos, y los sigue atacado constantemente, siguiendo la pauta yanqui, e ignorando a sabiendas las muertes, los enfermos y la necesidad del pueblo.


Maryam Camejo

 
Maryam Camejo