3
Publicado el 7 Mayo, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Credo de vida: solidaridad

María Victoria Valdés Rodda Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Hay certezas que dan seguridad y hacen que todo ande a las mil maravillas, pero, ¡ah!, cuando fallan cuánto se desordena. Existe la idea generalizada de que la necesidad es la madre de la invención y del conocimiento, y por eso suponemos que ante nuevos retos ya se nos ocurrirán otras maneras de afrontarlos. Es este un razonamiento acertado; sin embargo, le falta corazón.

Lo definitorio no radica en el artilugio o el descubrimiento per se, más bien con qué fin va a ser utilizado, y es aquí donde entra a jugar una variable que casi siempre se obvia en las relaciones humanas a escala planetaria: los sentimientos. Si la motivación de un invento es la ganancia y el lucro, poco importa el destino ajeno ante el golpe mortal de un nuevo coronavirus. En cambio si la motivación de un Gobierno es la bondad y el desprendimiento, la vida es la meta y el camino.

Llegado a este punto de la historia parecía que el mundo se había quedado en el limbo ante una enfermedad desconocida, acrecentada por las desigualdades y las sinrazones de los bloqueos, la retirada de fondos y hasta de los ataques terroristas. Contrariamente al inmovilismo y a la resignación, el Movimiento de Países No Alineados (Mnoal) reaccionó y se juntó precisamente gracias a la tecnología de punta. Lo hizo con el impulso de conjurar los egoísmos, para afianzar las certezas lindas, esas que, a pesar de los sinsabores, nos recuerdan que podemos complementarnos sin competir malsanamente, solo entregarnos. Si es que hasta culturalmente Occidente lo tiene definido hace siglos desde la pieza universal de un libro como Los tres mosqueteros. De pequeño lo leemos… luego se nos olvida “el uno para todos, y todos para uno”.

Cuba Salva

Convencido de las potencialidades de una entidad como el Mnoal, el presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel, al intervenir en la Cumbre Virtual “Unidos por la COVID-19”, auspiciada por Azerbaiyán, señaló que le corresponde a esta organización tercermundista “liderar las acciones para la eliminación de la impagable deuda externa que cargan nuestros países, y para el levantamiento de las medidas coercitivas y unilaterales a las que algunos de nosotros estamos sometidos que, junto a los efectos socioeconómicos de la COVID-19, amenazan el desarrollo sostenible de los pueblos”. Asimismo, recalcó que debemos ser conscientes de que “la ayuda proveniente del Norte industrializado será escasa”, de modo que la Mayor de las Antillas está dispuesta, como siempre, “a compartir sus experiencias con los países del Movimiento, a los que nos unen lazos históricos de amistad”.

Y eso, a pesar de que “para Cuba el desafío ha sido descomunal”, puntualizó al tiempo que rememoró que “meses antes de que se desatara la pandemia de la COVID-19, ya enfrentábamos un brutal recrudecimiento de la política de bloqueo económico, comercial y financiero de EE.UU., dirigida a estrangular totalmente nuestro comercio y el acceso a los combustibles y las divisas”.

No obstante, la Isla elaboró un plan de medidas sustentadas en fuerzas fundamentales del país: “La obra de años dedicando recursos a desarrollar y fortalecer la Salud y las ciencias, ha sido puesta a prueba”. La evolución de la epidemia en Cuba “está demostrando cuánto pueden impactar las políticas de inversión social en el enfrentamiento a los mayores y más inesperados desafíos”. El estadista ponderó el sistema sanitario y el desarrollo científico alcanzado por nuestra nación; en ese sentido dijo que “la industria biofarmacéutica ha incrementado la producción de medicamentos de probada eficacia en la prevención y enfrentamiento a la COVID-19, y que se han compartido con otros países”. Destacó que, en respuesta a solicitudes recibidas, 25 nuevas brigadas de profesionales cubanos de la salud se han incorporado en el último mes a los esfuerzos de 23 naciones para combatir la pandemia, sumándose a las que ya prestaban servicios en 59 Estados, muchos de ellos miembros del Mnoal.

Esta comentarista ha traído en la voz del mandatario antillano la convicción de que no hay obstáculos que puedan vencer la voluntad de los cubanos, ni sus deseos de crecer, ni su probada hermandad hacia los demás. De ahí que una de las etiquetas preferidas del momento en las redes sociales sea #CubaSalva, y con ese espíritu Díaz-Canel enfatizó que el pueblo que representa  “no abandonará su vocación solidaria, aunque el Gobierno de los Estados Unidos por razones políticas, continúe atacando y obstaculice la cooperación internacional que nuestro país brinda, poniendo en riesgo el acceso de decenas de millones de personas a los servicios de salud”.

El mismo imperialismo

Mucha tecnología ha dado sus primeros pasos en el área armamentística y solo después ha pasado al servicio de la gente común. A eso también se refirió en su intervención el líder cubano cuando recalcó que el gasto militar global sobrepasa los 1,9 millones de millones de dólares, de los cuales más del 38 por ciento (372 mil millones) corresponden en 2020 a los Estados Unidos. Y como no podía ser de otro modo, se refirió al pensamiento del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, quien un día denunció magistralmente: “En vez de invertir tanto en el desarrollo de armas cada vez más sofisticadas los que tienen los recursos para ello debieran promover las investigaciones médicas y poner al servicio de la humanidad los frutos de la ciencia, creando instrumentos de salud y de vida y no de muerte”.

Con tan genial telón de fondo, el presidente Miguel Díaz-Canel llamó a los miembros del Mnoal, junto al secretario general de las Naciones Unidas, a poner fin a las guerras, incluidas las no convencionales, y salvaguardar el derecho a la paz. Armonía en riesgo, muy específicamente en esta zona geográfica, donde hay intentos por “reimponer el pasado neocolonial a Nuestra América, declarando públicamente la vigencia de la Doctrina Monroe, contravienen la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz”. En ese contexto, rechazó las amenazas militares de la administración de Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela. De igual manera, reafirmó la solidaridad con el pueblo y el Gobierno de Nicaragua y repudió las medidas que atentan contra su derecho al bienestar y la seguridad.

En el discurso, breve pero contundente, el dirigente de la Mayor de las Antillas denunció por su gravedad  “el ataque terrorista con fusil de asalto y más de 30 impactos de bala sufrido por nuestra embajada en Washington el pasado 30 de abril”, y reclamó al Gobierno de Trump “una investigación exhaustiva y rápida, sanciones severas y las medidas y garantías de seguridad de nuestras misiones diplomáticas en su territorio, tal como está obligado por la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961”.

El imperialismo yanqui también fue acusado por el presidente  Nicolás Maduro Moros, quien expuso pormenores de una incursión marítima ilegal en Venezuela de un grupo de mercenarios entrenados en Colombia, bajo el financiamiento de los Estados Unidos, así como la constante agresión que sufre su Gobierno por parte del vecino país. “Tenemos las pruebas, testimonios y vídeos (…) Se ha declarado que el asesor de EE.UU. muestra pruebas de expedición para asaltar al país y matarme”, señaló. Mientras, el mandatario de la República Islámica de Irán, Hasán Rouhaní, expresó que ha llegado la hora de que enfrentemos las amenazas a los países y el terrorismo que se ejerce contra ellos. Es hora de que apliquemos el multilateralismo, porque “esta pandemia demuestra que los países que tienen armas de destrucción masiva no son menos vulnerables”.

Acciones concretas

Por ese convencimiento de que la necesidad es la madre de la invención y del conocimiento, esta sui generis cita, a instancias de Ilham Aliyev, mandatario de Azerbaiyán, el Movimiento corrobora la adopción de los comunicados en apoyo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y sobre la COVID-19, en los que se promueven la unidad global, la solidaridad y la cooperación internacional, y se llama a apartar las diferencias políticas y a eliminar las medidas coercitivas unilaterales, que violan el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas y limitan la capacidad de los estados para enfrentar eficazmente la pandemia.

Derivado del consenso de los 15 países en representación de las distintas regiones, se propuso una sesión especial, de manera virtual, de la Asamblea General de la ONU en respuesta a la emergencia sanitaria actual.

Los “reunidos” expresaron el pleno apoyo a la OMS y a sus directivos, al tiempo que reconocieron el papel fundamental que están desempeñando y el asesoramiento que brindan actualmente en la primera línea de combate, en particular en la facilitación de asesoramiento, capacitación, suministro de equipos y prestación de servicios concretos, a fin de garantizar la respuesta efectiva de la comunidad internacional a los desafíos cada vez mayores que plantea la pandemia, la mayor crisis humana y emergencia sanitaria de nuestros tiempos. Se instó a los miembros de la ONU a incrementar la cooperación a nivel nacional, regional e internacional frente a este flagelo.

Al intervenir, Díaz Canel hizo una afirmación medular para el debate: “Digámoslo con honestidad: si hubiéramos globalizado la solidaridad como se globalizó el mercado, la historia sería otra. Falta solidaridad y cooperación.  Esos son valores que no pueden ser sustituidos por la búsqueda de las ganancias, motivación exclusiva de quienes, rindiendo culto al mercado, se olvidan del valor de la vida humana”. Con esa verdad rotunda, más adelante  exhortó a seguir cultivando las certezas positivas: “Es nuestra responsabilidad aunar voluntades y esfuerzos para enfrentar este inmenso reto. Impulsemos la cooperación y la solidaridad internacionales.  El empeño de todos será decisivo. Hagámoslo por el derecho a la salud, la paz y el desarrollo de nuestros pueblos”.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda