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Publicado el 16 Mayo, 2020 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

El terrorismo se origina en Washington

Lázaro BarredoPor LÁZARO BARREDO MEDINA

Como denunció el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, el silencio cómplice del Gobierno de los Estados Unidos se torna sospechoso, cuando se conoce que sus servicios de aplicación y cumplimiento de la ley tienen un monitoreo constante y preciso de los grupos violentos que actúan incluso contra Cuba en ese país y se ufanan de ello.

Está suficientemente documentado que el Buró Federal de Investigaciones (FBI) y el Servicio de Seguridad Diplomática han estado al tanto de manera permanente de las actividades violentas de los grupos terroristas de origen cubano dentro de Estados Unidos desde época tan temprana como el 1ro de abril de 1959, cuando fue asaltado el Consulado de Cuba en Nueva York.

A lo largo de estos años no pocas audiencias congresionales y comités especiales han discutido el tema del terrorismo en el área de Miami, los atentados contra los principales dirigentes de la Revolución Cubana, en particular contra el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, así como otras acciones de odio y violencia por parte de organizaciones de los sectores más extremistas de la comunidad cubanoamericana.

Podría mencionarse, por ejemplo, la audiencia del Subcomité Judicial del Senado en mayo de 1976, donde comparecieron funcionarios de la CIA, el FBI y de otras instituciones norteamericanas, y pudo conocerse que una de esas organizaciones llamada Poder Cubano solo en el año 1968 colocó 72 bombas dentro de Estados Unidos contra instituciones, incluida la Oficina de Aranceles de Miami, sedes diplomáticas, barcos, por comerciar o tener cualquier tipo de relación con Cuba.

En ese encuentro senatorial se dijo que Orlando Bosch era el terrorista más activo y que estaba anunciando explosión de bombas y sensacionales ataques de todo tipo contra aquellos que simpatizaran de alguna forma con Fidel Castro, dondequiera que estuvieran. (Esto ocurrió, por cierto, cinco meses antes del atentado contra el avión de Cubana que fue explotado en Barbados)

Los legisladores conocieron de una entrevista que se le grabó para una estación radial de Miami, la WQVA, donde Bosch dijo: “Invadiremos las embajadas cubanas y asesinaremos a los diplomáticos cubanos, secuestraremos los aviones cubanos hasta que Castro les dé la libertad a algunos de los prisioneros políticos y comience a negociar con nosotros.”

De igual modo, fuentes federales informaron entonces a los congresistas que “Bosch está bien financiado por unos pocos exiliados ricos de Estados Unidos que apoyan sus intentos extremistas”, y aseguraron que, después de que este personaje violó su libertad condicional y huyó al extranjero, “la política de Estados Unidos con relación a Bosch cambió porque el gobierno no quiere gastar dinero en su extradición, procesamiento y encarcelamiento, según una fuente  del   Departamento de Justicia”.

Impunidad del Gobierno estadounidense

Años después, Bosch saldría de la cárcel en Caracas e iría a Estados Unidos en 1990, y ahí está el informe del procurador general adjunto norteamericano en la época de Bush padre propugnando la expulsión de este connotado asesino, quien durante 30 años, según el alto funcionario, desarrolló de manera resuelta y perseverante los actos de violencia terrorista.

Esta decisión fiscal saca a relucir documentación confidencial del Buró Federal de Investigaciones y de la Agencia Central de Inteligencia, y así lo menciona en su informe, sobre la participación de Bosch entre 1961 y 1968 en más de 30 actos de sabotaje y violencia en Estados Unidos, Puerto Rico, Panamá y Cuba, y una cantidad más de elementos, mientras certificaba:  “Es un extranjero inadmisible porque hay motivos para creer que trata de entrar en los Estados Unidos incidentalmente para dedicarse a actividades que serían perjudiciales al interés público o que pondrían en peligro el bienestar y la seguridad de los Estados Unidos. Bosch es un extranjero inadmisible, porque hay motivos razonables para creer que probablemente se dedicará, después de su ingreso, a actividades que estarían prohibidas por las leyes de los Estados Unidos, relativas al espionaje, el sabotaje y el desorden pública o alguna otra actividad subversiva para la seguridad nacional.”

Sin embargo, el presidente George Bush padre decretó la liberación de este hombre, tras la gestiones de la congresista Ileana Ros; el difunto Jorge Mas Canosa, presidente de la Fundación Nacional Cubano-Americana; el senador Connie Mack; el embajador Otto Reich, y el obispo auxiliar de la arquidiócesis de Miami, monseñor Agustín Román.

Tanta es la beligerancia que le otorgan, que Bosch hizo ante el Departamento de Justicia la gran broma de anunciar su acuerdo  con las 14 condiciones de su libertad condicional, incluida su renuncia al terrorismo; sin embargo, inmediatamente en una conferencia de prensa, después de su liberación, calificó el trato con las autoridades como de ridículo y de una farsa, diciendo: “Ellos compraron la cadena, pero no tienen al mono.” Enseguida, con absoluta impunidad, por la complicidad de las autoridades, volvió a sus andadas terroristas, y, por ejemplo, celebró un famoso acto en el estadio Bobby Maduro, en octubre de 1991, llamando de nuevo a crear el estado de sabotajes, de mandar armas y explosivos contra nuestro país.

El terrorista Orlando Bosch gozó de total protección en Estados Unidos hasta su muerte, al igual que el también deleznable asesino, responsable de numerosos atentados y actos brutales que fue Luis Posada Carriles.

Otros informes denuncian el terrorismo

En EE.UU. hay una extensa documentación sobre las actividades de estos grupos mafiosos, como el informe del Comité Church, formalmente conocido como Comité Selecto del Senado de los Estados Unidos para el Estudio de las Operaciones Gubernamentales Respecto a las Actividades de Inteligencia, que fue presidido por el senador Frank Church. Los senadores encontraron  evidencias concretas de al menos ocho complots que involucraban a extremistas cubanos  residentes en Norteamérica con la CIA para asesinar a Fidel Castro, y en su escrito se analiza en gran detalle hasta qué punto las autoridades autorizaron o sabían de estos planes, incluyendo a varios presidentes.

En documentos desclasificados por el Archivo de Seguridad Nacional figuran muchas más informaciones que comprometen a las autoridades de Washington. Señalemos, a manera de muestra, que G. Robert Blakey, consultor principal del Comité Especial de la Cámara en relación con asesinatos investigados en 1978, manifestó que había revisado muchos de los expedientes secretos del FBI sobre los cubanos anticastristas desde ese año y había observado muchos casos en los que el Buró había hecho la vista gorda respecto a posibles violaciones de la ley.

Hace unos años, un investigador estadounidense Robert Wilden publicó en el canal televisivo NBC  los resultados de una pesquisa donde daba cuenta que, conforme a funcionarios de los Estados Unidos, los grupos de “exiliados” cubanos radicados en ese país habían llevado a cabo entre 1974 y 1999 cerca de 250 acciones terroristas dentro del territorio norteamericano.

Allí aparece el testimonio de Luis R. Missel, un exagente del Servicio de Seguridad Diplomática, quien estuvo siguiendo durante años la actividad de estos grupos y escribió  crónicas sobre  los ataques que luego integraron un libro titulado Blanco: Estados Unidos, la historia interna de la nueva guerra terrorista.

Missel declaró que en esa época, aunque los grupos consideraban a Cuba su principal blanco, eran sospechosos de haber realizado ataques contra 29 países, incluyendo México, Costa Rica, Argentina, Chile, Venezuela y otras naciones  de América Latina y Europa.

De acuerdo con Robert Wilden, “adicionalmente, los expedientes del FBI muestran una lista mucho más larga. La lista indica que la frecuencia de los ataques decayó a finales de los 80, para volver a aumentar en los 90, después del colapso del comunismo en Europa y Rusia”.

Missel también reveló  que poseía una base de datos del terrorismo del exilio cubano. “Los grupos cambian”, afirmó a la investigación de NBC, “pero no los jugadores. Ahora hay nuevos aventureros, una nueva generación que, habiendo escuchado las historias de guerra, quieren salir e impresionar a sus abuelos o padres.”

El investigador Wilden subraya en el material que el FBI y Missel dicen que la campaña comenzó en serio en 1976, cuando se crea el CORU y termina con la salvaje acción de Barbados, con el derribo de la nave de Cubana de Aviación.

Según un informe del FBI, “los hombres de negocios establecieron una red que reuniría dinero en forma de impuestos de todos los segmentos de la comunidad cubana que fueran capaces de contribuir y después dividir el dinero entre los grupos que ellos apoyaban”.

Otra de las indagaciones sobre este tema está contenida en el libro sobre Miami de la escritora y periodista Joan Didion, quien documentó cantidad de actos terroristas en la década de los 70 y principios de los 80.

En sus análisis da cuenta de que solamente en los 70 hubo siete agresiones contra misiones diplomáticas de distintos países en Naciones Unidas, en Nueva York: bombas contra líneas aéreas, como la TWA, o Aeroflot; hay atentados dinamiteros contra diarios, como La Prensa, de la mencionada ciudad; varios ataques  contra la revista Réplica; explosivos lanzados contra una fábrica de tabacos.

Asimismo, según destaca la periodista Didion, se produjeron acciones violentas que trajeron consigo la muerte de valiosas personas, como Carlos Muñiz Varela, en Puerto Rico, en abril de 1979, por dirigir una agencia de viajes y defender los logros de la Revolución Cubana; así como de otros señores que sustentaban la tesis del diálogo con Cuba: Luciano Nieves, Eulalio José Negrín, por mencionar algunos nombres; está el asesinato en Nueva York del diplomático cubano Félix García Rodríguez, el intento de asesinato del embajador Raúl Roa Kourí; el atentado que le voló las piernas al difunto Emilio Milián, comentarista radial, de extrema derecha, pero que asumió en ese tiempo una oposición al terrorismo político en Miami, entre otros.

Otros muchos elementos prueban fehacientemente  que la verdadera esencia terrorista está enraizada en la política de Estados Unidos contra Cuba.

¿Acaso puede ignorarse la manera impune con que congresistas de origen cubano pidieron públicamente en medios de prensa el magnicidio contra el Comandante en Jefe Fidel Castro, siendo el Jefe del Estado cubano?

¿Puede pasarse por alto la manera desfachatada con que un juez federal absolvía a terroristas capturados in fraganti por las propias autoridades estadounidenses, cargados de armas y explosivos para realizar actividades violentas contra Cuba, diciendo que eso no era un problema de Estados Unidos, sino de los cubanos?

La doble moral y el desparpajo son parte de la política contra nuestra nación. Es la clásica maniobra del delincuente que trata de asesinar a su víctima y sale corriendo con el grito de ¡ataja! Es lo que acaba de hacer la administración de Trump tras la denuncia cubana del ataque a su embajada en Washington. Su paranoica respuesta, decir que Cuba no colabora con su lucha antiterrorista. ¡Le zumba el mango!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina