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Publicado el 21 Mayo, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

La clave está en actuar unidos

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Un germen patógeno ha colocado en la palestra pública internacional la incómoda verdad defendida inmemorialmente por las fuerzas políticas de izquierda: el capitalismo es la enfermedad fundamental que vencer, porque llegado el caso, como el de ahora con la COVID-19, los “de abajo” en la pirámide socioclasista enfrentan la posibilidad real de una muerte ya sea por el nuevo coronavirus o por el desempleo asociado, con todos sus males hereditarios.

Para quienes adversan el ideal socialista la humanidad todavía puede ajustar los relojes del capitalismo. Tal vez en una época relativamente reciente –¿qué son 50 años en la historia de los procesos sociales?– el llamado Estado de bienestar de post guerra habría salido airoso de la singular batalla epidemiológica actual; sin embargo, el neoliberalismo cambió las reglas del juego y para obtener siempre mayores ganancias.

El politólogo dominicano Elvin Calcaño Ortiz, en su texto “¿Seremos sociedades mejores después de la pandemia?”, dibuja la tragedia sufrida por la gente de a pie que compró “la promesa neoliberal de que reduciendo lo público para fortalecer lo privado se alcanzaba una mejor sociedad. Lo público fue, por tanto, presentado como un obstáculo (lo limitado y “atrasado”), en tanto que lo privado fue planteado como un horizonte de posibilidades ilimitadas.”.

Ahora no pocos vaticinan un cambio sustancial. En opinión de esta articulista, eso solo será viable si lo transformamos, no por obra y gracia de un virus. Ya se advierten pugnas enconadas entre los proclives a más privatizaciones, reacios a ceder espacios de poder y ganancias, y quienes, incluso por instinto capitalista de autoconservación, abogan por estatizar buena parte de las empresas privadas básicas. Pero, en el fondo, la enfermedad seguiría siendo la misma, esa descrita hace décadas por el genial “moro” de Tréveris.

Uno de los principios fundacionales de la Revolución Cubana ha sido respetar las decisiones de cada país de construir el régimen económico, político, social que más le convenga, a pesar de las muchas injerencias imperiales en contra de nuestra soberana voluntad socialista. Lo que sí ha dejado asentado esta pandemia es que Cuba tiene un bien preciado que legar a los terrícolas: la solidaridad. Sin mirar a quién ni preguntar credos hemos abierto los brazos a la cooperación sanitaria. Y sin ser pretenciosos, ese ejemplo ha prendido en otros, que comprenden que la desunión pudiera ser el fin como especie. Tanto, que numerosas voces claman por que a nuestro personal de salud internacionalista se le otorgue el Premio Nobel de la Paz.

Lo evidente

De ahí que la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la última reunión (virtual), la 73ª Asamblea Mundial de la Salud, celebrada los días 18 y 19 de mayo, concluyera que la unidad de esfuerzos es la clave: los 194 miembros acordaron que futuras vacunas contra la COVID-19 sean un bien común de la humanidad.

Se aprobó por consenso la resolución A73. El documento, tal como indican fuentes consultadas, emergió tras la propuesta conjunta de más de 140 naciones. En él sobresale la declaración de solidaridad con todos los países afectados y el reconocimiento de la responsabilidad fundamental de los Gobiernos en la garantía de sanidad para sus respectivos pueblos.

La Mayor de las Antillas ya eso lo tiene definido desde hace más de 60 años. Mantiene las misiones internacionalistas con colaboradores del sector en varios países, incluso durante esta pandemia, ejemplo de cooperación Sur-Sur que ha ayudado a Latinoamérica y el Caribe, África y Asia a mejorar la cobertura de salubridad, incluso en zonas de difícil acceso.

Compromiso desde La Habana

El ministro de Salud Pública de la República de Cuba, José Ángel Portal Miranda, al intervenir en la cita reiteró que el archipiélago caribeño mantiene disposición a cooperar y compartir sus modestas experiencias, tanto con la OMS como con cada uno de sus miembros. El titular sentenció que estamos ante “un reto global, que no distingue fronteras, ideologías o niveles de desarrollo, ha puesto a prueba los sistemas sanitarios de todo el mundo y nuestra capacidad de respuesta ante eventos epidémicos”.

Recordó que, sin descuidar en ningún momento la responsabilidad de proteger a nuestro pueblo, no hemos abandonado la vocación solidaria de la Revolución Cubana: más de dos mil 300 colaboradores, organizados en 26 brigadas médicas del Contingente Henry Reeve, contribuyen hoy en la lucha contra esta enfermedad en 24 países.  Enfatizó que ese “gesto solidario no han podido impedirlo ni el genocida bloqueo impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba, cruelmente recrudecido, ni los intentos de la administración de ese país para desacreditar y obstaculizar la cooperación médica internacional cubana”.

Advertencias para ser tenida en cuenta

El presidente de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, durante la 73° Asamblea advirtió de que la mayor parte de la población mundial continúa siendo susceptible a contraer el coronavirus SARS CoV-2. De modo que solicitó a las naciones y a sus más altas autoridades a ser cautelosas al retomar las actividades habituales.

Algo que, al parecer, no le ha hecho ninguna gracia al presidente estadounidense, Donald Trump, quien, desde su “trono”, dio un ultimátum a la OMS si no quiere perder definitivamente los aportes financieros de la “gran potencia”. Y muchos coinciden en que cuando, con su acostumbrada arrogancia, dijo que la institución debe hacer “mejoras importantes”, lo hizo para desviar  la atención de las múltitudinarias críticas que se le han dirigido a él por los inadecuados manejos sanitarios, los cuales le han costado a los EE.UU. convertirse en la principal víctima del megacontagio, con más de un millón de infectados al cierre de estas líneas.

En contraste, el presidente chino, Xi Jinping, anunció medidas concretas para impulsar la lucha global contra la COVID-19, que incluye una asistencia internacional, en dos años, de dos mil millones de dólares para los necesitados. Y ese es el espíritu cooperativo con que todos debemos involucrarnos, porque, como atinadamente señalara el líder de la OMS, ninguna de las medidas adoptadas para frenar la transmisión ha sido suficiente por sí sola.

Por su parte, el secretario general de la ONU, António Guterres, llamó a la unidad frente al nuevo coronavirus y sostuvo que las naciones del Norte industrializado no podrán derrotarlo si al mismo tiempo no lo vencen las del Sur en desarrollo. “Proteger a los más vulnerables no es una cuestión de caridad o generosidad sino de interés propio”, aseveró, e insistió en que “o superamos esta pandemia juntos, o fallamos”.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda