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Publicado el 8 Mayo, 2020 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Otro insulto del equipo de Trump

La acusación de narcotráfico a la Isla no resiste el menor análisis

Lázaro BarredoPor LÁZARO BARREDO MEDINA

Hace unos años, el general Barry McCaffrey, siendo el zar antidrogas de la Casa Blanca, luego de desempeñarse como comandante en jefe del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos, elogió los esfuerzos de Cuba en la lucha contra el narcotráfico y desató con ello la ira de la mafia anticubana, que, de manera despectiva, y sin consideración alguna hacia este oficial, considerado un héroe de guerra por sus compatriotas,  lo tildó de “comunista” (allí eso es peor que mentarle la madre a una persona).

Esa misma reacción tienen ahora en Washington los principales personeros del equipo de Donald Trump. Nunca en las relaciones internacionales se había visto tanta falta de ética para manipular las realidades ante la opinión pública y tratar de justificar criminales acciones contra la nación cubana

Esa desvergonzada manera de insultar no puede, sin embargo, escamotear la verdad. Bastaría solamente revisar los reportes elaborados durante las últimas tres décadas por varias agencias oficiales estadounidenses para hallar valoraciones de que Cuba no produce drogas ni participa en el lavado de dinero, y donde se destaca el continúo ofrecimiento de cooperar en el enfrentamiento a los narcotraficantes.

Se encontrará, asimismo, el reconocimiento de que las severas medidas adoptadas por las autoridades de La Habana han hecho más peligroso y costoso el transporte de estupefacientes hacia Estados Unidos -que es el mayor consumidor en el mundo-, al obligar a los narcos a rehuir su actividad en las zonas adyacentes a las aguas jurisdiccionales cubanas, para lo cual la Isla tiene que dedicar importantes recursos en medio de un desenfrenado bloqueo económico, comercial y financiero que le impone el Gobierno norteamericano.

No pocos políticos y expertos estadounidenses coinciden en que la Mayor de las Antillas hace todo ese esfuerzo para protegerse de esa dañina amenaza, pero en cierta medida también resulta muy beneficiada la sociedad norteamericana ante la vigilancia de las tropas de guardafronteras cubanas en parte de la extensa área de la costa sur de Estados Unidos.

A ello se debe que durante años los políticos más objetivos han valorado como muy beneficiosa en materia de seguridad nacional la cooperación entre ambas naciones. Hay en la prensa de EE.UU. numerosos declaraciones al respecto, como la afirmación tiempos atrás de Mike Vigil, exdirector de operaciones internacionales de la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), de que “tenemos que trabajar con los cubanos en una capacidad mucho mayor…es una locura no hacerlo”.

Por eso es indignante el “balón de ensayo” que han hecho de un supuesto informe, publicado por la revista Newsweek, según el cual un “alto funcionario” del Pentágono había asegurado tener pruebas de actividades de narcotráfico en Venezuela y Cuba.

Como señaló la nota de la cancillería nuestra, “a Washington le consta que Cuba tiene una política cero de tolerancia ante el tráfico de drogas y participa de forma activa en iniciativas mundiales para combatir el consumo de narcóticos”.  Pero no es fácil, porque ya no se sabe cuántos pinochos hay en la Casa Blanca.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina