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Publicado el 19 Mayo, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

SIRIA: A la luz de un logro diplomático

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Han pasado ocho años desde que Rusia y China, ejerciendo su derecho al veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, impidieron la aprobación de una resolución que intentó convertir a Siria en otro escenario catastrófico como el de Libia. Se trató de un logro inmenso, pero a la luz de esa propia victoria hay que evaluar, entonces, cómo habría sido la situación para esa nación levantina si los Estados Unidos se hubieran salido con la suya.

No obstante ese resultado diplomático, el imperialismo yanqui sigue presionando, a tenor con la vigente Ley de Emergencia Nacional con respecto a Siria, emitida en mayo de 2014 por el entonces mandatario norteamericano, Barack Obama. Y cosa curiosa, el actual, Donald Trump, tan dado a distanciarse de su antecesor en el tema que nos ocupa no parece tener contradicción con la acusación de que el Gobierno de Bashar Al Asad causa inestabilidad en la región.

Mediante esta normativa, las autoridades de EE.UU. se adjudican el arbitrio de confiscar bienes de ciudadanos sirios, así como de prohibir la exportación de algunos productos y materiales al país árabe. Trump, codicioso como es, ha vuelto a dar el visto bueno para que se siga aplicando el coercitivo mecanismo, sin importarle que lo vayan a comparar con Obama; en definitiva, se trata de intereses supranacionales, ¿o no?

Habrá que seguirlo escuchando decir que “América” sigue siendo grande y que es la única nación sobre la faz de la Tierra que defiende la paz y la democracia. Poco le importa que sea una mentira. De cualquier manera, la historia le pasará factura. De momento, los propios elementos enviados al Levante supuestamente para luchar contra el terrorismo islámico le hacen el juego.

Este 14 de mayo, el ejército sirio logró neutralizar en Al-Badiya a un grupo genocida operativo. Tres de los terroristas capturados confesaron que “coordinaban sus acciones con los cabecillas de los terroristas del Daesh en el desierto y con las fuerzas de ocupación de los EE.UU en la zona de Tanef en la frontera entre Siria y Jordania”, informó la agencia noticiosa SANA.

Sin dudas, es esta una buena noticia. Similar sucede con lo acontecido con los vecinos de la provincia siria de Hasakeh, quienes “interceptaron un convoy del ocupante estadounidense que pretendía cruzar por sus localidades, obligándolo a retirarse”, añadió la misma fuente consultada. A través de consignas, puños alzados y gritos, la población impidió que se perpetrara otro acto de injerencia de Washington en su territorio. La decisión popular condicionó el regreso a sus bases ilegales en la región.

En reiteradas ocasiones tanto Siria como la comunidad internacional han denunciado que los norteamericanos carecen de legitimidad en esa zona del Oriente Medio. Y si, en febrero de 2012, Rusia y China se opusieron a la creación allí de una zona de exclusión, es tiempo de que, a la luz de la pandemia, la comunidad mundial le exija de nuevo a los Estados Unidos el cese inmediato de todos los desmanes, porque ya nadie se cree la engañifa de que los mueven la democracia y la paz.

Desafortunadamente, estamos inmersos en una situación planetaria de extrema complejidad que, de alguna manera, opaca o esconde los problemas álgidos que sigue enfrentando la humanidad más allá del umbral de la COVID-19. Pero, aunque oportunistamente el Gobierno estadounidense asuma este escenario casi apocalíptico, la pandemia no puede esconder los grandes logros y avances de los pueblos.

Ya en febrero de este año, a ocho de la victoria diplomática de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de la ONU, los lugareños celebraban la liberación por el Ejército Árabe sirio de decenas de poblados, localidades y zonas al oeste y al noroeste de la ciudad de Alepo, situada 365 kilómetros al norte de Damasco. En este tramo se encuentra la autopista M5, decisiva para la resolución de la guerra.

Zeina Karam, analista árabe, coloca en su justo lugar esta exitosa maniobra al asegurar que “al atravesar las principales ciudades de Siria (Damasco, Homs, Hama, Idlib y Alepo), la carretera es clave para quién controla el país. Históricamente se trata de una ruta comercial bulliciosa, fue descrita como la carretera más básica y estratégica en Oriente Medio […] puesto que el negocio que circulaba por ella estaba valorado en unos 25 millones de dólares al día”, señala.

“En otras palabras, vincula la capital política de Siria [Damasco] con la capital económica [Alepo], ahora en ruinas, pero también se conecta con la autopista M4 en el nudo de Saraqeb, lo que permite abrir el tráfico a la fortaleza costera del Gobierno de Latakia y el puerto”, coincide asimismo el experto sirio Taleb Ibrahim. Camino de su liberación va la nación levantina, a la luz de un logro diplomático.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda